lunes, 21 de septiembre de 2026

La nocturna tormenta de mierda

¿Es posible que la literatura pueda redimir a los seres humanos de la barbarie, el odio y tanta miseria humana que pueda existir? Para poder responder a esta pregunta es necesario, primero que todo, leer la novela "Nocturno de Chile" del escritor chileno Roberto Bolaño.


Narrada en primera persona y de una extensión breve, hace su aparición allá por el año 2000. Sebastián Urrutia Lacroix (narrador y protagonista), un sacerdote, crítico literario y poeta chileno; cuenta su vida desde su lecho de muerte, dándonos a conocer sus aciertos, excesos, omisiones y pecados. Esta obra es una confesión febril, no lineal y también contradictoria; que Urrutia le dirige a un "joven envejecido" que lo ha ofendido o que puede representar su misma conciencia, mientras está en sus últimos momentos de vida.

La historia avanza por medio de los recuerdos fragmentados del cura Ibacache, que es el seudónimo que utiliza Urrutia como crítico literario para la crítica nacional, reservando su nombre real para la poesía. En su juventud Urrutia entra al Seminario, y forma amistad con Farewell, crítico literario chileno de renombre y mentor del narrador. La iniciación en el mundo literario de Ibacache es cuando Farewell lo invita a su fundo en el sur, llamado "Là-bas". Allí el protagonista presencia una escena sacada de un sueño, en la cual ve a Neruda recitando a la luna. Para los que quieran saber un poco más respecto del curioso nombre del fundo (hacienda se dice fuera de Chile), éste obtiene su vocativo de uno de los libros de Huysmans que es mencionado en la historia. Dicho fundo, posteriormente, será expropiado por el gobierno de Salvador Allende, como muchos otros también, como ejemplo de aquellos actos reparatorios de la Unidad Popular; que un sector tanto llora aún. El cura Ibacache también dará cuenta en su relato de sus viajes a Europa, en un periplo que lo lleva a visitar iglesias, sacerdotes cetreros y a escuchar historias acerca Ernst Jünger y la idea de la burocracia del mal; encarnado el concepto en él mismo, como un sujeto que de alguna manera ejerce el horror y la violencia que se llevan a cabo mediante estructuras administrativas burocráticas de la dictadura militar chilena. Esto se ve muy representado en esos dos agentes del Estado que reclutan a Ibacache para que este les dé clases a la gente de la Junta Militar de Pinochet (incluido el mismo dictador); acerca del marxismo, para así "conocer mejor al enemigo". El lenguaje que ocupan los personajes de Odeim y Oido (los agentes), es el lenguaje de la burocracia del mal. Palabras y expresiones como: "becas", "honorarios", "servicio a la Patria", "discreción absoluta"; son el lenguaje de oficina, contratos y trámites que tienen su eco en las violaciones de los derechos humanos.


Por otra parte, se podría decir que las clases de marxismo son el núcleo de la novela, ya que es allí donde se concentra, en nuestro juicio, la crítica más potente que hace Bolaño en la obra diciéndonos lo ignorantes y brutos que son aquellos seres militares que ostentan el Poder. Asimismo, encontramos otro hito importante en este relato; que se encuentra vinculado con las tertulias literarias que María Canales hacía en su casa. El cura asiste a estas tertulias a sabiendas, que el personaje de Canales está casada con un agente de la DINA; y es en esa casa, en el sótano, donde se tortura y se matan a prisioneros de la dictadura. Otra novela de Bolaño que se vincula con esta escena es "Estrella distante", por cierto que esa novela, es una de las obras esenciales para apreciar el arte literario de uno de los más grandes escritores de las letras chilenas.

Es evidente que la Iglesia Católica sale mal parada en esta obra. La crítica a esta institución espiritual es clara en la figura de Sebastián Urrutia Lacroix. A lo largo de toda la novela podemos ver o intuir a una Iglesia acomodada, que colabora con el Poder dictatorial y que, por supuesto, ha olvidado su misión espiritual, viéndose cómoda en los espacios de la élite y en la complicidad del horror. Si seguimos en esta línea crítica, Bolaño no deja títere con cabeza. En este libro, los escritores de “cartón” tienen un sitial bien ganado, porque son descritos como personas frívolas y serviles a la cúpula dictatorial. Son seres acomodaticios, que se sienten a sus anchas en sus lugares de estatus, preocupados por los pequeños conflictos literarios en vez de centrarse en la realidad política y social del país. Es así como la literatura, como institución, también recibe dardos en el sentido de lo ya mencionado. Aquellos literatos, meros personajes de circo; que discuten y debaten "la gran literatura", ven en el arte literario una suerte de refugio para esa actitud mediocre y cómoda que tienen Urrutia y su círculo de amigos y los altos cargos de la dictadura militar.

La obra funciona como un ajuste de cuentas de Bolaño con el pasado, con la traición de aquellos que se quedaron callados y estuvieron llamados a dar consuelo a los que sufren. En este sentido, la culpa que el cura Ibacache, de alguna manera siente, en ese lecho de muerte; acosado por "el joven envejecido", que lo emplea para descargar el desarrollo de un relato cargado de autocrítica (según como se mire en todo caso, esto queda a criterio de cada lector), que es a su vez el reflejo del rostro despiadado de una época y de una clase intelectual miserable; que prefirió dar vuelta la mirada a aquello que no le acomodaba, eso, es algo fundamental a nuestro entender.

Concluyendo, podemos afirmar en esta reseña que el escritor de "2666" muestra su sentir sobre la doble moral de los auténticos actores de esa época; dando cuenta de la complicidad intelectual, la culpa y el silencio. El cruce entre literatura y política; una dupla que siempre da qué hablar es sorprendente lo bien que lo trabaja Bolaño en esta novela. Por último, también, “Nocturno de Chile”, nos habla de la identidad chilena y el colonialismo cultural, casi de soslayo, a lo largo de esta historia podemos ver esta idea. Acá se describe a toda esa siutiquería; de que el chileno debe imitar las últimas tendencias foráneas. A través de Urrutia, accedemos a esa crítica de la mediocridad humana, el provincialismo chileno y, repetimos, la inclinación a emular los paradigmas europeos por parte de la élite cultural nacional, es otra fuente de crítica que emana constantemente en este libro. En el fondo esta obra es la crítica fundamental de una época, cargada de una actitud servil e hipócrita; y de la principal víctima de Bolaño: la Iglesia Católica y las instituciones de poder dirigidos por el horror de criterios retorcidos, aplicando de manera brutal un sistema ideológico a la fuerza, a través de la violencia y la ignominia de una dictadura que por esa época fue una real tormenta de mierda. 

viernes, 18 de septiembre de 2026

Pasajera en trance hacia la fisura social

 El debut de Renato Garín en la literatura chilena con su novela Pasajera en trance (2026) nos pone sobre la mesa, quizás, uno de los temas que más preocupan al escritor de El patio del poder y de Los reemplazantes: esa fisura social en la clase acomodada que se manifiesta violentamente en bombazos que rompen la pasividad de un Santiago acostumbrado a rendir y producir como una máquina. Hablar de Garín es dar cuenta de un intelectual que ha dado luces claras acerca de su posición política, cuando fue diputado y ex constituyente. Pero lo que nos convoca acá se relaciona con su calidad de escritor y de observador crítico de nuestra sociedad chilena y de nuestro tiempo.

La historia que nos cuenta la primera novela de Garín es muy sencilla, pero a la vez profunda y crítica. Es la historia de amor y desamor (intensa y un tanto breve) entre Juliana Rivas Victorino, hija de una de las familias "fundadoras de Chile" residente en Zapallar y perteneciente a la élite fundacional chilena, e Ignacio de la Fuente (abogado, apodado "Mr. Doc" en su lugar de trabajo), relación que hace nacer en la mente de Ignacio viejas ideas anarquistas que incendian el vínculo de ambos personajes. Ignacio, que trabaja en el bufete de abogados del padre de Juliana, llega a sus viejas ideas ácratas, adquiridas en la Universidad de Chile gracias a la influencia del profesor José Miguel Carboni, profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, quien fue la influencia anarquista del joven abogado. Ignacio, agobiado por la soledad y por el duelo que arrastra tras la pérdida de sus padres, tenía un mundo reducido a ser un abogado especializado en la corrección y redacción de documentos jurídicos, hasta que Juliana llega a su vida. El gancho para generar la relación de los dos jóvenes fue la música de Charly García. Aquello fue el puente que los unió y también el aspecto clave que tuvo la fiscalía para dar cuenta del autor de los atentados con bombas tanto en Santiago como en Zapallar.


Juliana Rivas Victorino es una joven actriz que hace un programa de viajes para la televisión chilena, y que se transmite, también, por streaming. Al inicio de su labor televisiva, en la primera temporada del programa Juliana, muestra y comenta su viaje a Europa como una turista burguesa y desocupada. Sin embargo, en la segunda temporada de ese programa, Juliana le da un giro, gracias, en cierto modo, a Ignacio y sus ideas ácratas, que surgen desde los estantes polvorientos de la biblioteca que el joven abogado tiene en su departamento. El cuaderno de tapas naranjas es el elemento que genera a la postre el quiebre de la relación entre ambos amantes y que le da un impulso nuevo al programa de viajes, una impronta cultural que rescata raíces culturales aplastadas por el discurso oficial. Ese cuaderno contenía ideas, pensamientos y apuntes de las clases magistrales que José Miguel Carboni impartía, y de las cuales Ignacio era ayudante de cátedra en la casa de Bello. Estas ideas, que los jóvenes fueron descubriendo entre conversaciones y sexo, influenciaron esa segunda temporada del programa de Juliana, pero esta vez se le dio al espacio televisivo un enfoque cultural marcado por una relectura del imperio incaico y su rol en la época de la fundación de Chile. Fue así como esta nueva temporada fue tomando un impulso cada vez más fuerte. Pero todo cambió cuando Juliana tuvo que hablar de los incas y su vínculo con la ciudad de Santiago de Chile, y se produjo el quiebre definitivo con Ignacio, una vez que la relación se enfrió en esa pasión del inicio, gracias al famoso cuaderno de tapas naranjas. Luego de este acontecimiento, la heredera de Felipe Rivas se exilia en una playa californiana para dar vuelta la página de su fracasada relación y buscar nuevos horizontes laborales. Sin embargo, al final de la novela, ese exilio termina abruptamente y debe volver con urgencia a Chile.

En la obra de Garín, la historia está al servicio de la idea temática de que algunos miembros de la élite chilena —muy bien conectados socialmente, poseedores de todos los medios materiales para ampliar sus conocimientos y patrimonios, y muy bien educados— sean capaces de generar pánico en la población inocente (con razón o sin ella) y tengan las agallas de colocar bombas en los centros más representativos del poder económico, como es el caso de Sanhattan, en pleno corazón del capitalismo más salvaje de Chile. Esto es una muestra de que algo le pasa a la sociedad, o por lo menos a una parte de ella. El asunto es que, en los burgueses que llegan a esos extremos, lo más probable es que algo, en el plano más personal o espiritual de esas personas, esté roto por dentro. Tienen un sufrimiento en su individualidad, un sufrimiento de tipo mental, que encuentra la coherencia y el sentido en posiciones ideológicas como el anarquismo, que son una respuesta para aquella visión personal que está atravesada por resentimientos de todo tipo, y que los hace ejecutar esas acciones directas que vemos en la novela bajo el formato de los bombazos. En este sentido, uno de los casos que seguramente inspiró al autor fue el caso real de Luciano Pitronello. Este joven rebelde, de corte insurreccional, se hizo famoso en Chile por ejecutar una serie de atentados explosivos en distintas partes de Santiago. De aquello resultó que este sujeto quedara mutilado tras la ejecución de uno de esos atentados que salió mal. Este hombre, a quien el destino ya tenía identificado, perdió la vida en un confuso accidente laboral que involucró electricidad y negligencias varias, al parecer. El caso es que esta persona lo tenía todo para ser algo diferente de lo que llegó a ser; sin embargo, se cruzó en su camino la doctrina anarquista y todo cambió para él.


Como se sabe, existen, ideológicamente hablando, varios tipos de anarquismo. Tenemos anarquistas de izquierdas —de tipo insurreccional—, ecologistas y anarcocapitalistas de derechas, por mencionar los más conocidos. Pero para no ahondar en tecnicismos en esta reseña, diremos a modo de síntesis que la doctrina anarquista apela a la acción directa como un método de coerción social que raje el tejido que une a los individuos de una sociedad, en este caso la burguesa. Esto funciona en el sentido de buscar generar miedo en el conjunto acomodado de la sociedad. Esos actos que generan miedo están incubados en esas mismas sociedades burguesas, y se traducen en cómo se les van achicando los espacios de libertad a los acomodados señores de salón. Pero nadie, ningún personaje, hasta casi bien entrado el final de la historia en la novela, pudo imaginar que desde dentro del sistema hay alguien que quiere su destrucción a cualquier precio, porque hay en él algo roto, y que las doctrinas ideológicas vienen a llenar el hueco de sentido que hay en esos sujetos, adaptados al sistema (en algunos casos) pero solo superficialmente.

En síntesis, esta novela es una obra que hace un llamado para que todos nos demos cuenta de que las placas tectónicas sociales se están moviendo hacia lugares de los que quizás ni siquiera logramos percatarnos. La manera de dar aviso de estas cosas que se están gestando, con una fuerza y velocidad que a veces sorprenden, son los trompeteros de la literatura, que avisan, que llaman y claman para que nos demos cuenta de que cada vez hay más violencia en todos los planos de nuestro mundo humano, donde la moral ha perdido su sitial. Solo hay indiferencias, egoísmos, egos, sujetos hedonistas y todo tipo de felonías, donde el dinero es el verdadero dios y las personas caminan ciegas cargando lujos de insolente indolencia. ¿Qué respuesta hay ante esto por parte de sujetos como Ignacio de la Fuente? Eso es lo que cada uno de los lectores de Pasajera en trance, de Renato Garín, debe descubrir en las páginas de esta interesante novela.

domingo, 6 de septiembre de 2026

No necesito

No necesito un silencio, sólo me basta tu rostro.

No necesito una queja, me basta tu rostro. 

No necesito tu mirada, basta tu rostro.

No necesito de ti, tu rostro. 





No necesito desear más que un sólo adiós. 

No necesito perpetuar mi sangre. 

No necesito dejar mi nombre al olvido.

No necesito una fama deslavada.


No necesito necesitar.

No necesito hablar.

No necesito mirar.

No necesito lo que no se marcha. 


No necesito precisar, alejarse sí.

Es obligatorio; es el llamado de la paz, 

Que ayuda al hombre a encontrar la quietud perdida.

No necesito decir qué es vivir si el viento baila en el tejado.


Acá escasea la sal en las casa de la ciudad:

Y nos vimos obligados a partir en una profunda soledad, de una noche cargada de nedrura. Sin el faro nos vimos obligados a partir al exilio eterno del renacer. 


Los desposeídos de Úrsula

 Esta novela les va a encantar no solo por su historia, que es entretenida, sino también porque es muy reflexiva y simbólica. A mi juicio, e...