No necesito un silencio, sólo me basta tu rostro.
No necesito una queja, me basta tu rostro.
No necesito tu mirada, basta tu rostro.
No necesito de ti, tu rostro.
No necesito desear más que un sólo adiós.
No necesito perpetuar mi sangre.
No necesito dejar mi nombre al olvido.
No necesito una fama deslavada.
No necesito necesitar.
No necesito hablar.
No necesito mirar.
No necesito lo que no se marcha.
No necesito precisar, alejarse sí.
Es obligatorio; es el llamado de la paz,
Que ayuda al hombre a encontrar la quietud perdida.
No necesito decir qué es vivir si el viento baila en el tejado.
Acá escasea la sal en las casa de la ciudad:
Y nos vimos obligados a partir en una profunda soledad, de una noche cargada de nedrura. Sin el faro nos vimos obligados a partir al exilio eterno del renacer.

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