Sentí la curiosidad de leer una novela que me la recomendó el podcast llamado “La última página”, desarrollado por Sebastián Porrini y Diego Ortega. Ellos comentaron a un autor que escribió acerca del Apocalipsis: Robert Hugh Benson, escritor inglés, quien publicó en 1907 la novela denominada “Señor del Mundo”. Esta obra literaria está ambientada en un mundo futuro en el cual el ser humano ha perdido todo el sentido de trascendencia que le otorga la fe; es decir, la fe cristiana, específicamente el Catolicismo. La trama de esta obra es en cierto modo muy sencilla, ya que nos relata el camino de ascenso de Julián Felsenburgh, el Anticristo, al poder absoluto, a la unificación de todas las naciones en una sola. Por otro lado, la obra nos cuenta también el camino de oposición, que la iglesia Católica lleva a cabo, con la figura atormentada y reflexiva del padre Percy Franklin. La caída de la Iglesia, la persecución de los cristianos y el posterior refugio de los últimos sacerdotes en Jerusalén; es el marco narrativo para esta obra que sorprende por su capacidad anticipatoria de ciertos temas, que pasaremos a deslindar a continuación.
Esta novela se puede catalogar como distópica, porque a través de su lectura nos damos cuenta que el ser humano que se dibuja allí; es de un alejamiento de lo trascendente en un sentido absoluto, y eso, no es una sociedad ideal en un sentido religioso-místico como utópicamente se puede pensar. Ese apartarse de lo sagrado o trascendente, se desprende de una deriva que el autor advierte en la actual sociedad moderna. Esta sociedad de Benson es indeseable y catastrófica para los creyentes; es de alguna forma la advertencia que nos hace el autor más de cien años atrás, acerca de un futuro posible, donde el gobierno se muestra totalitario o tiránico; que en este caso, coarta la libertad de culto. Este es un ambiente opresivo, amenazante e incluso mortal para los católicos, ya que se les persigue por su fe, y se les mata y denigra. En este sentido, la obra tiene ciertas bases reales e históricas cuando el reinado de Isabel I, reina de Inglaterra, persigue a los católicos en la época de su reinado.
Esta es la novela en que el poder político triunfa por sobre la religión. Es una obra visionaria, que nos aproxima a las consecuencias en la sociedad humana, del relativismo y la negación de Dios tanto en el plano personal como colectivo. En otras palabras, es una novela que trabaja temas como el secularismo y el materialismo, que ha sabido eliminar la resistencia religiosa en la novela. Un ejemplo de esto, es la legalización absoluta de la eutanasia. Bajo esta lógica, aquellas creencias en lo sobrenatural y en el respeto de la vida desde la concepción hasta la muerte natural; son vistas por lo partidarios del Anticristo como un obstáculo, ejemplo de ello es la vida después de la muerte y todo lo que eso conlleva en términos como los de una creencia cristiana.
La obra deslinda ciertas críticas sociales que aluden a la fusión del capitalismo y el socialismo como mecanismo político y social de control. Además, la novela alerta acerca de los peligros de una sociedad globalizada y sin valores espirituales. El libro de Benson nos habla directamente de la pérdida de la humanidad en el hombre, del extravío de su libre albedrío o de la individualidad de cada ser humano en la vida.
La escatología del libro es de una visión religiosa y teológica, que nos manifiesta aquello “de las últimas cosas” y del fin de los tiempos, y de la vida de ultratumba. Pero la visión de esta novela no es una escatología individual, sino general o cósmica. Ésta es la novela del destino final de la humanidad en su totalidad; nos habla de la segunda venida del Mesías y del Juicio Final de Dios, de la resurrección de los muertos; y por lo tanto, de la creación de un nuevo cielo o tierra. A su vez, se puede leer la figura de Julián Felsenburgh como el representante del abuso tecnocrático y la quintaesencia de la perfección humana (el Espíritu del Mundo en la novela), donde él es el político pacificador de un conflicto armado entre Oriente y Occidente de larga data, mostrando así, su poder a escala mundial en este sentido. Este personaje en síntesis es el representante del hombre sin Dios por excelencia, de aquel hombre que es la suma de todas las perfecciones y, por ende, este hombre nuevo, no necesita de lo espiritual para sentir que la vida tiene sentido, cuando lo trascendente en una lógica teológico no es la prioridad para el ser humano que se dibuja acá en Benson.
La lectura de esta obra lietaria, ha sido recomendada por los papas Francisco y Benedicto XVI, como una obra fundamental para comprender las consecuencias del alejamiento de nuestras vidas de la figura de Dios. La obra nos hace reflexionar acerca del poder como una herramienta de manipulación y nos dice, por cierto, que en el ser humano; y ese aumento del poder puede ser bueno, pero que, a su vez, el hombre moderno no está preparado para utilizar dicho poder con acierto, nos advierte Francisco en sus reflexiones acerca de esta obra. Esto, nos dijo el pontífice en su momento, porque la novela se puede hacer carne; cuando no existe una norma reguladora de la libertad que guíe la vida del ser humano. En la encíclica, “Laudato si” de 2015, el papa jesuita nos dice: “Se vuelve indispensable crear un sistema normativo que incluya límites infranqueables y asegure la protección de los ecosistemas, antes que las nuevas formas de poder derivadas del paradigma tecnoeconómico terminen arrasando no sólo con la política sino también con la libertad y la justicia”. El llamado que hace la obra de Robert Hugh Benson y que resonaron en la mente del papá, va más allá y circunscribe al medio ambiente como aquel paraíso que Dios nos dió y que está amenazado, incluso, por fuerzas malignas. El llamado de la obra es para todos, y en especial a todos los creyentes en Cristo y en Dios; que esta novela es una advertencia de aquellos síntomas que se están perfilando hoy; y que son la cristalización del triunfo del relativismo y de la negación de Dios en la vida del hombre, que lo hacen caer en el pecado y en el olvido de lo divino. El autor cumplió con el mensaje, hace exactamente 126 años atrás, cuando este escritor, filósofo, pensador y sacerdote católico converso, nos dijera a través de esta obra, que los tiempos se acortan y que no queda mucho para que su ficción se vuelva una realidad inevitable.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario