sábado, 6 de junio de 2026

Magnifica Humanitas: una encíclica que sorprende

1. El despertar de una encíclica sorprendente

​La carta Encíclica de su Santidad León XIV, “Magnífica Humanitas”, publicada el 15 de mayo del 2026, me ha sorprendido enormemente y de manera muy positiva. La sorpresa radica principalmente en que nunca había leído un texto de la Iglesia que transmite con tanta lucidez y una enorme preocupación por el futuro del ser humano y su relación con la tecnología; que suena muy sincera a la luz de la lectura atenta del texto, pero que nos plantea, sin adornos poéticos y con una profundidad filosófica, una preocupación enorme por el ser humano de esta época. La pregunta que hace la encíclica, citando al papa Francisco en sus primeras páginas, es crucial para poder entender el fenómeno que plantea este documento de su Santidad: el desarrollo tecnológico deshumanizado, a nuestro juicio, que inunda casi todos los ámbitos de la vida del hombre. Y esta pregunta apunta a saber quién detenta hoy el poder tecnológico y hacia qué fines lo está orientando.

​Y la advertencia que nos plantea el papa León XIV es crucial para poder llevar una relación sana con la tecnología actual, respetando la Casa Común y nuestra interdependencia con nuestro medio ambiente. Se manifiesta en la carta que ese poder tecnológico adquiere un rostro inédito en términos de ser algo privativo de las élites económicas del planeta, que no ha logrado poder conducir este desarrollo esplendoroso a un bien colectivo e individual; es decir, para ellos es difícil de gobernar y orientar hacia un bien común, para el bien de las personas, y que no se considere un fin en sí mismo. Entonces, el Papa nos plantea la interrogante de decidir cuál es la dirección que como humanidad, comunidad humana, vamos a seguir en relación a la tecnología de la IA, la robótica y, especialmente, en el ámbito bélico.


2. El rostro del poder tecnológico y el dilema de Babel

​El camino que nos plantea en esta encíclica el papa León XIV se vincula con el desarrollo de una profunda capacidad reflexiva y analítica; nos interpela. Por nuestra parte, debemos estar atentos y desarrollar una actitud receptiva ante este mensaje papal. También nos hace un llamado a la fe en un sentido ejemplificador cuando utiliza las imágenes bíblicas de la torre de Babel y de la reconstrucción de Jerusalén para plantear the problemática fundamental de nuestro siglo: esa obra concebida de magnificencia tecnológica, construida y diseñada sin la imagen de Dios, sin Su presencia, no sirve de nada o no tiene sentido si no está Él en el centro mismo de todas nuestras grandes obras.

​Este saber técnico, esta tecnología sin alma, sustentada en una uniformidad que elimina toda diversidad en lugar de propender hacia la comunión de los hermanos y hermanas (que somos todos nosotros, la humanidad eterna y no unos pocos elegidos o acomodados) y el uso de ella para un desarrollo mutuo y solidario, es algo que se puede dar, si es que ya no se está dando en algunos pocos casos (que los debe haber, no todo es blanco o negro en la vida); sin embargo, advierte el pontífice que él elige hablar en profundidad de reflexión acerca de qué camino debe tomar este desarrollo tecnológico acelerado, que no tiene a Dios y al ser humano en su memoria RAM grabada una sola ley, como aquella que Asimov le dio a sus robots en “Yo, robot”: el ser humano y Dios deben estar al centro de las grandes maravillas del ingenio humano, y no los intereses mezquinos de unos pocos, esclavizando a las grandes masas en ese proceso acelerado de crecimiento vertiginoso que es esta tecnología deshumanizada. En el fondo, los que tienen control total dominan estos avances técnicos y la detentan; en otras palabras, nos quieren llevar a una homogeneización del pensamiento por medio de este apéndice cognitivo artificial que, por ejemplo, es la IA, y que hoy en día, desde educación hasta representantes del Poder Judicial, les piden a la IA que piensen por ellos.

​El papa nos advierte que también toda obra que se construye debe ser teniendo a Dios en su centro, y que lo importante es construir conciencia de cómo utilizar la IA de buena forma para que aprovechemos sus ventajas y enseñanzas. En este sentido, a nuestro juicio, la búsqueda de la verdad, la fragilidad del otro, la capacidad de asombro y la preocupación por los demás es uno de los pilares fundamentales de esta encíclica. La crítica papal busca hacer despertar a las personas y a la sociedad, dando cuenta de que hay problemas profundos que subsanar que apuntan a la mentira, la envidia, la sistematización de la vida humana, el colapso ecológico y la concentración de riquezas y poder. Es por eso que hay que orientar todo tipo de creación, y especialmente de este tipo de tecnología de la IA y todo lo que conlleva en términos geopolíticos y sociales. Es donde acá le cabe responsabilidad a los creadores y a las empresas mundiales del rubro; éstas deben comprender que no nos deben (a nosotros, la gente común) lanzar piedras tecnológicas que nos separen. En cierto modo, es lo que nos quiere decir su Santidad, por cierto, a través del uso de la imagen de la antigua Jerusalén y la Torre de Babel. Él recupera un lenguaje común (analogía estupenda), no el de la uniformidad, sino el de una comunión simbólica respecto de lo que nos sucede en esta época con este tema que, por cierto, es una revolución abismal que aún logramos vislumbrar hacia dónde nos puede llevar. El papa nos dice que la armonía surge cuando cada uno ASUME su parte, y todo el pueblo debe reconocer que su fuerza viene del Señor.

3. Del transhumanismo al discernimiento comunitario

​Pero, también la encíclica nos plantea que hay un riesgo enorme: el de la deshumanización, es decir, construir un futuro sacando a Dios de la ecuación y reduciendo a la otra persona a un simple medio. Dice el papa León que esto es una tentación antigua y siempre nueva, que hoy, de alguna forma, adquiere un rostro técnico y deshumanizado. En este sentido, también nos plantea, de una forma en que nos demos cuenta, que edificar algo siempre debe estar centrado en el bien común; esa es la exigencia ante todo, y edificar sobre la relación que debe tener el ser humano siempre con Dios.

​Si bien esta encíclica nos dice que edificar en el bien siempre implica poder entender que existen límites y que existe la fragilidad humana, y que esto no debe ser considerado como un error que haya que corregir y castigar, sino que también nos dice el texto del papa que el progreso se mide por la dignidad de cada uno y por el bien de todos los pueblos. De este modo, edificar un mundo es aquello donde todos puedan florecer, y eso exige una responsabilidad valiente, y llama también —y esto es muy importante— a que cuidemos nuestras palabras; que cuidemos las palabras que humillan y que enfrentan, porque ellas son la semilla de los conflictos futuros. Comunica el papa, en este sentido, asimismo, que el verdadero progreso nace de una persona que tiene el corazón abierto a otro, de un ser que está dispuesto a escuchar y que tiene la voluntad de buscar lo que une más que lo que nos separa. No obstante, si no logramos llegar a este puerto, caemos en el abismo del trans-humanismo, lo que significa, esto último, la creación de un “nuevo” ser humano: ese deshumanizado, carente de la esencia divina, perfecto, sin fragilidades, sin la necesidad de Dios, por decirlo de alguna manera.

​La encíclica Magnífica Humanitas también nos habla de la “doctrina social de la Iglesia” y muestra la faceta más auténtica de este concepto, el cual nos plantea que aquello no es un manual de principios y normas que hay que aplicar, sino un camino de discernimiento comunitario. Se reflexiona acerca de la idea de la vinculación del todo o con todas las personas que conformamos la sociedad y el mundo en general; por lo tanto, la expresión, nos plantea su Santidad, que la doctrina social de la Iglesia fue empleada por Pío XII en 1950.

4. La IA y la automatización laboral: el eco de la Rerum Novarum

​Luego León XIII, nos dice el Papa León XIV, no se limitó a constatar un malestar creciente en la sociedad de aquella época, sino que ASUME situaciones como, por ejemplo, en el ámbito de misión pastoral de la Iglesia. Asimismo, la encíclica Rerum Novarum de León XIII constituye un hito en la evolución del magisterio social de la Iglesia. Este documento lo utiliza el Papa León XIV, planteando la idea de la reflexión respecto de la dignidad del trabajo y del trabajador. Es más, toma esta idea de León XIII aplicándola al contexto actual de la guía y la automatización laboral y la pérdida de puestos de trabajo a raíz de esta irrupción tecnológica que ha dejado, en cierta manera, en segundo o tercer plano al trabajador humano.

​Lo anterior significa que el Papa León XIV aboga, obviamente, para que los trabajadores tengan su derecho a un salario justo y también, esto apunta, a que la familia se pueda sustentar. En la figura familiar y el ser humano en general, el sumo pontífice reconoce en las personas un valor esencial que debe prevalecer por sobre el capital y el beneficio; defendiendo, a su vez, la propiedad privada junto con la indispensable función social del Estado, las asociaciones de trabajadores, entre otras, y propone formas de colaboración entre diversos componentes de la sociedad como alternativa a la noción de la lucha de clases, por ejemplo.


​Es por eso que en esta encíclica se reafirma la dignidad del trabajo y del trabajador, entendiéndolo a este como un derecho. Por cierto, hay que entender que las condiciones históricas descritas por León XIII han cambiado, y mucho; pero lo que hay que entender también es que el documento Magnífica Humanitas mantiene, por lo menos, tres principios fundamentales que son de una actualidad enorme: está la primacía del trabajo humano por sobre la lógica puramente productiva o incluso financiera; a su vez, la consiguiente atención a las personas y a las familias, entendidas estas como sujetos de explotación, y ese vínculo inquebrantable entre el anuncio del evangelio y la búsqueda de un orden social mucho más justo.

5. El principio de subsidiariedad y los nuevos bienes universales

​Ante lo dicho, hay que destacar que en nuestra época sigue siendo particularmente importante destacar, respecto de lo que nos dice la encíclica, cierta enseñanza social. En este sentido, la conciencia de las injusticias no solamente recaen en las responsabilidades de individuos en particular, sino que también estas son colectivas, amparadas por estructuras económicas, institucionales y de poder; y que también en esta lógica encontramos la idea de la Iglesia llamada el principio de la subsidiariedad, que en voz del Papa León XIV nos dice que esta idea nos “...invita a fortalecer el tejido asociativo y comunitario, evitando nuevas concentraciones de poder y el vínculo entre la dignidad del trabajo y la justa remuneración, y la posibilidad real para las familias de llevar una vida humana digna.” El actual pontífice advierte acerca de que exista un estado de derecho sólido como una roca, que sirva para prevenir abusos de poder y que reconoce en la democracia un instrumento, una herramienta adecuada y de mucho valor para favorecer ese ejercicio de la autoridad; pero también aquí el papa nos advierte acerca de que, si ese derecho se utiliza a través de la fuerza o por un mero interés despreciando un orden internacional que regula el actuar de las naciones, si se desprecia esto, en el fondo expone a los más fuertes abusando de los pueblos más débiles en términos opresivos, lo que socava las confianzas entre los pueblos y las naciones. Así hace notar esta noción en la declaración Dignitatis Humanae, en la que el concilio reconoce, por ejemplo, la libertad religiosa como un derecho fundamental que está, digamos, inherente a la persona humana y a su dignidad; esto debe ser garantizado por el ordenamiento jurídico y así evitar que las personas actúen en contra de su conciencia y les impidan la búsqueda de profesar la verdad en privado o en público.

​¿Es posible que las autoridades, el mercado, los multimillonarios, las multinacionales, los gobiernos, los dignatarios, es decir, todas aquellas personas con posiciones de poder, tengan una visión de la persona humana, de las relaciones interpersonales, del concepto correcto de la autoridad y del bien común, que sean capaces de orientar también decisiones económicas, políticas y culturales en pro de las personas? Responder que sí a esta pregunta es, en el fondo, tener una ilusión ingenua respecto de la actualidad; sin embargo, lo que consulto acá no sucede, porque la clase política es indolente en el fondo y, si es que acontece un cambio de conciencia, es en contadas ocasiones de la historia. Bajo esta lógica es que el Papa León XIV advierte que la doctrina social de la Iglesia es un legado que tiene una fuerte resonancia en la actualidad; es así que, en voz del mismo pontífice, “la dignidad del trabajo, la solidaridad entre los pueblos y la evaluación crítica de la democracia y la economía de mercado sigue ofreciendo criterios para juzgar las nuevas formas de explotación, exclusión y crisis de la representación política”. ¿Es posible que algunos tilden de comunista al mismísimo Papa por manifestar este tipo de preocupación por la dignidad del trabajo y, por ende, del trabajador? Incluso el mismo pontífice, asumido el 2025 en Roma, cita el “Laudato si” de Francisco. Aquí ofrece un análisis sistemático de la crisis medioambiental que azota al planeta y, por tanto, demuestra que no se trata solamente de una cuestión de tipo sectorial, sino del aspecto ecológico que tiene la crisis socioeconómica en la actualidad al mundo entero. También el pontífice no pierde tiempo en criticar el paradigma tecnocrático, el cual reduce todo a un objeto de dominio; también va en defense del trabajo humano, amenazado por esta misma lógica del descarte; pone especial atención también en la justicia intergeneracional y un llamado urgente entre la política y la economía. No se pierde en decir que lo que está sucediendo actualmente en términos geopolíticos es una guerra mundial a pedazos.

​El papa León XIV, en este contexto, también reconoce que existen nuevos tipos de bienes destinados universalmente a todos; en ese sentido, incluye algoritmos, plataformas digitales, infraestructuras tecnológicas, datos. En una era del conocimiento y la tecnología, estos bienes quedan concentrados en las manos de unos pocos, nos dice el papa León XIV, en donde las formas de intercambio son precarias y de difícil acceso; es por esto que se crea un desequilibrio que contradice el destino universal de los bienes y alimenta la brecha entre los que están excluidos de los incluidos, y en ese aspecto también están contemplados los que participan en la revolución digital y quienes permanecen al margen. Bajo este panorama es que el papa nos dice que la solidaridad es muy importante, ya que la define como el reconocimiento concreto respecto de que el destino de cada uno está ligado al destino de todos, es decir, “nadie se salva solo”.

6. Desarmar la máquina: moralidad artificial y la Babel moderna

​La encíclica papal da a entender también que existen grandes peligros ocultos detrás de toda esta tecnología que tal vez aún no se sabe utilizar bien o no se quiera utilizar bien; de ahí que suenan las palabras actuales de Romano Guardini: “el hombre moderno no está preparado para utilizar el poder con acierto”, cita el papa León XIV. El temor está concentrado en la idea de que la tecnología supere al ser humano y termine por controlarlo completamente, y someterlo a una voluntad ajena o a un propósito deshumanizado, calculador y lógico al extremo. Es por ello que el documento papal advierte acerca de que debe existir un compromiso doble: por una parte, la profundización de la investigación científica y, por otra, el ejercicio moral y espiritual en el discernimiento. El diseño responsable de la IA debe respetar la dignidad humana y servir realmente al bien común, pero los procesos actuales son poco transparentes en este sentido y se hace difícil atribuir responsabilidades y corregir ciertos errores.

​La inteligencia artificial no puede tener una moralidad humana; por lo tanto, no nos podemos limitar a invocar esa moralización de la máquina para que nos resuelva nuestros grandes dilemas. En este contexto es que utiliza la palabra desarmar, la que tanto revuelo causó en su momento. Para el Papa León XIV, este vocablo quiere decir romper la equivalencia entre el poder tecnológico y el derecho a gobernar; no es renunciar a la tecnología, sino que impedirle a esa misma tecnología el dominio sobre lo humano. En otras palabras, esto implica hacerla discutible, refutarla, habitarla incluso, dándole voces a la pluralidad de culturas humanas y de formas de vida; eso significa desarmar para el papa.

7. Esclavitud digital, guerras híbridas y colapso ecológico

​Esta encíclica, siendo el primer documento de la iglesia que leo en mi vida para ser sincero, realmente me sorprendió porque también hace un mea culpa acerca de la esclavitud; nos habla acerca de la esclavitud moderna, que está disfrazada en distintas esferas y en distintos aspectos de la vida del ser humano hoy en día. En este sentido, nos está dando una reflexión ética y humanizadora respecto del creciente poder de los sistemas digitales, donde corremos el riesgo de que nos conduzcan hacia nuevas atrocidades, nuevas formas de intolerancia, nuevas formas de odio vergonzosos; por cierto, todo lo que deploramos. Y de alguna manera, estas lógicas basadas en algoritmos presentan a las sociedades desde las perspectivas “avanzadas” y “civilizadas”. El papa León XIV también nos dice que la IA está transformando algunos aspectos de la vida y de la sociedad humana, y con graves repercusiones para la dignidad del hombre; y esto tiene que ver con la guerra, por otro lado, vemos que actualmente las formas de hacer guerras son híbridas y utilizan, por ejemplo, ataques cibernéticos, clonaciones, manipulación de la información, campañas de influencia, automatización de decisiones estratégicas. Eso es un peligro altísimo para la supervivencia de la especie humana, incluso si lo ponemos en la perspectiva de las armas nucleares.


​Hay que hacer notar, en este sentido, la metáfora de la Babel moderna, que no es solo ese paradigma tecnocrático globalizado, sino que un enfrentamiento entre imperialismos contrapuestos, entre potencias, dice el papa, para saber quién puede tener la primacía y el poder absoluto de conquistar a la otra, incluso. Y se le suma a eso la preocupación de la multiplicidad de conflictos locales, y el desarrollo de las tecnologías en el sentido bélico es una carrera armamentística que nos puede llevar a una dinámica deshumanizante que parece no conocer límites, advierte el pontífice. De modo que, ante los hechos de la actualidad, la iglesia ha optado por recurrir a las palabras del concilio Vaticano segundo sobre la importancia de la interdependencia entre los pueblos; debe crecer esta interdependencia para llegar al bien común y adquirir cada vez más una dimensión universal en este sentido, con derechos y deberes que vinculan a toda la familia humana.

​Los consejos que nos propone el Papa en cuanto al uso de las tecnologías apuntan hacia la idea de la libertad interior; un ejemplo de ello puede estar relacionado a la educación en la sobriedad digital, es decir, que las personas sepan lo bueno y lo malo de la web en este caso, o la protección de los menores y la lucha contra los modelos que prosperan a costa de toda la vulnerabilidad de los que más sufren y los más desposeídos. En este sentido, si la tecnología se utiliza para poder favorecer solamente algunos, existe el riesgo de socavar la libertad y de discriminar a los más vulnerables; de ahí que León XIV nos plantee que la libertad de la era digital no es solamente una cuestión interior e individual, sino que también es un asunto público que exige normas claras, transparencia y vías de recursos, y límites proporcionados al uso de tecnologías invasivas.

​Y las advertencias de la encíclica no van solamente en este plano, sino que también apuntan a aquellos trabajadores silenciosos que mantienen y sustentan esta tecnología, aquellos que no son el rostro visible de las grandes empresas y, en consecuencia, además, este llamado a la atención plantea una reflexión ética y humanizadora; ya que el creciente poder de estos sistemas digitales corre el riesgo a llevarnos a un colapso ecológico insospechado dado que, si uno y las autoridades no piensan al respecto del uso de todos los recursos naturales que se necesitan para hacer funcionar esta tecnología, indudablemente podríamos llegar al punto en que no demos la satisfacción para poder llevar a cabo este avance técnico. En consecuencia, esto desemboca en una disputa cada vez más álgida respecto de los recursos naturales, cada vez son más limitados en la actualidad, y en ese sentido, hay disputas de poder vinculadas a las tierras raras o a procesos de enfriamiento de los servidores.

8. El antídoto al nihilismo: ecología de la palabra y esperanza en Cristo

​Ante lo dicho anteriormente, el sumo pontífice no solamente se queda en estas observaciones, sino que nos invita a darnos cuenta que en nuestra época se vive en una notable ceguera espiritual y cultural. Nos plantea la idea de que existe un falso pragmatismo que hace la vista gorda ante las raíces de la memoria y que invita a una nueva creación falsa, desvinculada del pasado. En este aspecto, los que invitan a grandes principios morales pueden caer en un nihilismo histórico, nos dice León XIV, creyendo ingenuamente que las atrocidades del siglo XX no se podrían volver a repetir. En realidad, nos dice el sumo pontífice que estas realidades se vuelven a encarnar, pero bajo antes otras formas; así que hay que tener cuidado respecto de creer que todo se ha superado y que podemos hacer la vista gorda ante las atrocidades que ya se están gestando en nuestro siglo XXI. Estos 26 años que han transcurrido en este siglo, nos dice el Papa, se ha generado un clima de nihilismo y pragmatismo que se combinan, y que se normalizan errores graves en este sentido: fanatismos identitarios, extremismos religiosos se alían a una economía irracional y, por otro lado, la política recurre con desfachatez a la desinformación y a la ridiculización del adversario, y a la construcción sistemática de miedos y resentimientos. Ese camino no nos llevará a nada bueno.

​Bajo el panorama de esta crisis, el papa León XIV apela al llamado del trabajo mancomunado, transparente y responsable, manteniendo viva la conciencia del amplio marco en que se inscriben los avances tecnológicos y los que, incluso, las contribuciones de la IA podrían estar orientadas al mejoramiento de las condiciones de toda la humanidad. Es aquí donde la cita de John Ronald Tolkien se hace indudablemente acertada; cuando el Papa manifiesta las palabras del autor de El Señor de los Anillos, nos llama a entender lo siguiente: “no nos atañe a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está a nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir, extirpando el mal en los campos que conocemos, y dejando a los que vendrán después una tierra limpia para la labranza”. ¿Qué quiere decir esto? En el fondo, debemos saber trabajar para la paz y para los demás. Y una de las claves para trabajar la paz es cuidar las palabras que utilizamos. Por eso, el sucesor de Pedro nos llama a tener especial cuidado cuando dice: “...todos debemos, por tanto, hacer un examen de conciencia sobre las palabras que usamos, sobre los prejuicios de los que están impregnadas y sobre la agresividad, abierta o encubierta, que las motiva”.

​Cuando estemos dispuestos a hacer un examen de conciencia individual, colectivo —y sobre todo que lo hagan y les atañe, particularmente, a los que detentan el poder, ya sea este económico, político, religioso, cultural, social, etcétera; y por cierto, el llamado es a cada uno de nosotros, las personas comunes y corrientes—, que este examen sea un acto político el cual parta desde nuestras casas, con nuestras familias, con nuestros amigos, con nuestros compañeros de trabajo, pensando cada una de las cosas que vamos a decir, y que todo lo que se dice trae consecuencias. También la invitación en este aspecto, y como en todo lo que se ha planteado acá como una síntesis analítica de esta encíclica, apunta “a contemplar el rostro del Hijo, una magnífica humanidad que también ilumina la época de la ia. En Cristo comprendemos que el hombre está llamado a ser colaborador en la obra de la creación y no espectador resignado ante los procesos tecnológicos que limitan su libertad y su responsabilidad.”. A nuestro juicio, estas palabras sintetizan todo el mensaje que nos plantea su Santidad el Papa León XIV en este documento que me ha sorprendido y, por qué no decirlo, maravillado por su fuerza y la claridad del mensaje.



miércoles, 1 de abril de 2026

Las pícaras aventuras de Gil Blas

Es curioso que un autor francés del siglo XVIII como Alain-René Lesage, tenga tanto dominio de las costumbres, tradiciones e idiosincrasia de los españoles del siglo XVII. La historia de Gil Blas de Santillana, el protagonista del libro de Lesage, está ambientada entre los años 1600 a 1675. El Barroco, que es la corriente literaria en la que se enmarca esta obra, en la cual se destaca el realismo, un estilo ostentoso en el uso del lenguaje y sus estructuras; destacando su carácter libérrimo, acumulativo y detallista, para nuestro gusto, en las acciones más que en los objetos. Los contrastes en esta obra se hacen sentir de manera notable: riqueza-pobreza o honradez-deshonor, por ejemplo. Lo que también se puede observar es el concepto del "sentimiento trágico de la vida".

Esta obra que presentamos acá fue escrita y publicada por partes en un período de tiempo de 20 años. Entre 1715 y 1735, Alain-René Lesage va a dar a luz una obra única y de singular belleza. Pero para entender correctamente de qué estamos hablando, es necesario que nos detengamos en el protagonista de esta historia. La trama gira en torno a Gil Blas de Santillana, un mozo español originario de la provincia de Santillana del Mar, Cantabria, comunidad autónoma de España. Está ubicada en la costa norte del país ibérico. En la actualidad se le conoce popularmente como la "costa verde", que mencionamos como dato al margen. El joven Gil Blas (no tendrá más de 18 años cuando inicia sus andanzas) es hijo de gente humilde: el padre, una suerte de escudero; y la madre, una sirvienta común y corriente. La familia de Gil Blas le encarga la educación del niño al canónigo Gil Pérez, quien es tío materno de nuestro protagonista. Entonces, cuando está ya convertido en un joven dispuesto para el servicio o para estudiar en la Universidad de Salamanca, inicia su viaje saliendo de Oviedo, cuando es abordado por unos bandidos que lo "invitan" a quedarse con ellos luego que le robaron lo poco que llevaba en ese momento. La oferta de los ladrones fue “proponer” al joven mozo seguridad y ser parte de ellos como un miembro más de la banda de saqueadores.


En esta parte de la historia, Gil Blas ya es parte de la banda de ladrones, quienes se esconden en cuevas subterráneas que son utilizadas por gentes amigas de lo ajeno. Dichos emplazamientos habían sido hechos en la época de la ocupación musulmana en España, por los moros, como escondites estratégicos. Es en este momento de la historia cuando conoce a doña Mencía de Mosquera, quien había sido secuestrada por la banda en una salida. En la cueva, Gil Blas busca afanoso cómo salir de ella. Luego de algunos esfuerzos y de cierta persistencia, el joven español logra salir de la cueva junto a la mujer secuestrada, quien posteriormente recompensará generosamente al sobrino del canónigo Gil Pérez. Pero no es extraño que en esta etapa de la vida del protagonista la suerte le sea desfavorable, producto de cierta inocencia de Gil Blas, que no logra aún, en esa etapa de su historia, despercudirse y estar más atento a su entorno. A medida que el personaje vaya tomando mayor experiencia y roce social en su vida, aflorará la picardía propia de un personaje de la novela picaresca. Por cierto, dicho género literario tiene su auge en los siglos XVI y XVII, que coincide con el denominado Siglo de Oro de la literatura española, bebiendo también de las tradiciones culturales y sociales del Renacimiento y el Barroco.

El Barroco español, que en lo particular lo podemos asociar al siglo XVII, es una época de grandes contrastes y que la novela de Lesage lo deja ver muy claramente. Por una parte, encontramos la crisis económica y política que, en resumidas cuentas, se traduce en la pérdida de la hegemonía de España en Europa. Por otro lado, culturalmente, España tuvo un momento de esplendor —que la obra de Lesage no deja de mencionar, citando a los grandes literatos de la tierra de los toreros— llamado "Siglo de Oro". Acá destacan la literatura y el arte con nombres tan insignes como Calderón de la Barca y Lope de Vega; siendo el primero más reflexivo en sus obras y el último más vitalizante y rupturista. Ambos destacan en el teatro. Religiosamente hablando, la fe católica fue fundamental, ligada a la Contrarreforma que luchaba contra el protestantismo; dominaba el panorama espiritual, social y político, podríamos decir. En términos políticos, dominaban los denominados "validos", que se podría entender como una suerte de cargo o de posición de poder personal basada en la confianza del rey. Los "validos", en este sentido, gobernaban en nombre del monarca. No necesariamente existía una estructura jerárquica en esa época que regulase, digamos, las relaciones políticas al interior de la corte. La base del poder de ese orden está esencialmente en la nobleza y la influencia religiosa de la Iglesia católica.

De alguna manera, en la novela de Gil Blas de Santillana encontramos los famosos títulos nobiliarios, que van en cierta jerarquía, pero que no necesariamente es una estratificación determinista. Por ejemplo, tenemos el más alto cargo por debajo del rey, que vendría siendo el duque; luego lo siguen los marqueses, los condes, vizcondes y barones. Muchos de los validos acumulaban varios títulos, ya sea por herencia o porque el rey se los regalaba para darle más poder y prestigio. Ejemplo de esto fue el Conde-Duque de Olivares, que centralizó el poder e intentó mayor unión en los reinos, pero no pudo con ciertas rebeliones en Cataluña y Portugal. También esto generó, junto con presiones fiscales y ciertas guerras de la época, una sublevación que terminó proclamando al nuevo rey, Juan IV. En cuanto a los monarcas de ese período del siglo XVII, encontramos a Felipe III, Felipe IV (Juan IV en Portugal) y el matrimonio de los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, quienes unieron las coronas de Castilla y Aragón pero en un tiempo pasado; el tránsito del siglo XV al XVI. Como dato podríamos decir que Portugal estuvo unida a España —y quizás algunos no conocen esto (yo lo desconocía)—, lo que sucedió entre los años 1580 y 1640. Por otra parte, la unificación definitiva de los distintos territorios españoles se da producto de leyes de igualdad que llegaron, posteriormente, con los reyes borbones en el siglo XVIII. No olvidemos que siempre en estas cosas están las guerras.

En términos religiosos, en el siglo XVII predominaron por esa época en la Iglesia católica los siguientes papas: Clemente VIII, que tiene un pontificado que va de 1592 a 1605; también encontramos a Paulo V, Gregorio XV, Urbano VIII, Inocencio X, Alejandro VII y Clemente IX. El caso de Urbano VIII es famoso por el juicio a Galileo. También es importante mencionar que la Iglesia católica en España, en ese siglo, ostentó un inmenso poder que se reflejaba en términos materiales y espirituales. Por otro lado, la Inquisición era un tribunal religioso, pero con un poder político bien claro: vigilaba la ortodoxia y censuraba las ideas. También encontramos órdenes religiosas con mucho poder e influencia en la sociedad y en la educación en esa época.

Bueno, la imagen que ustedes ven a continuación es la del libro de la Editorial Sopena, que tiene que ver con las colecciones clásicas, que son las colecciones más queridas por los bibliófilos de habla hispana. En este sentido, esta Editorial Sopena no deja de publicar grandes clásicos. Dentro de esta cumbre de obras de tipo novela picaresca, destacan también el Lazarillo de Tormes, donde también su protagonista es de origen humilde, es decir, un pícaro. El uso del ingenio, la astucia y, a veces, la falta de moral para sobrevivir y ascender en una sociedad corrupta es uno de los sellos también que se puede observar en Gil Blas de Santillana. En resumidas cuentas, esta novela refleja la vida de un joven, Gil Blas, que sale de Santillana para estudiar en la Universidad de Salamanca como ya hemos dicho. En el camino es secuestrado por bandidos, lo que da inicio a una serie de aventuras donde se encuentra siendo un estudiante en un inicio, para pretender inicialmente ser preceptor y luego ser lacayo, médico falso y secretario de aristócratas; incluso confidente de ministros, como lo veremos al final de la novela.


Esta obra logra cierta fama debido a varios aspectos interesantes. Lesage establece una crítica social usando el escenario español para burlarse de las debilidades humanas y la hipocresía de las clases altas de esa época. Esta obra no deja de estar exenta de ciertas polémicas en relación a la autoría de la misma. Durante años existió una teoría que fue impulsada por el padre Isla, quien tradujo la obra al español, y de que el autor le había robado el manuscrito a un autor español anónimo. Esos argumentos apuntan a la idea de que un francés no puede conocer tan bien las costumbres de España y transmitirlas de manera magistral. Algunos dicen que Lesage fue un gran admirador de la cultura española y de ahí que su obra haya tenido tanta profundidad. La edición que yo tengo, de Editorial Sopena, número 46, fue fundamental en algún momento para la difusión de la literatura universal en el siglo XX, especialmente en Argentina y España. Estos libros son económicos pero con traducciones muy cuidadas. De alguna manera, esta obra influyó en grandes de la literatura como Charles Dickens y Mark Twain por su estructura de viaje de aprendizaje. No tengo pruebas fehacientes de que en mi edición de Editorial Sopena la traducción sea, digamos, realmente del padre Isla, pero estoy casi seguro de ello. Esta es la versión más célebre en español y es posible que el traductor se haya tomado algunas licencias estilísticas para españolizar más el lenguaje.

Algo más que una novela de aventuras 

Esta obra podríamos decir que no es solamente una novela de aventuras, sino que es algo mucho más importante: es una especie de manual de supervivencia social envuelto, obviamente, en un humor bastante especial. En este sentido, daremos a continuación una serie de características de la obra. Por ejemplo: el protagonista camaleón. Si comparamos a otros pícaros como el famoso Lazarillo, que siempre es visto por el lector como una víctima, Gil Blas evoluciona. Empieza siendo un joven ingenuo al que le roban en la primera posada, aprende las mañas del mundo y se vuelve, en algún momento de la obra, cínico. Al final de la historia, el protagonista se vuelve un hombre rico y respetado, pero con ciertas cicatrices morales a su haber. Para mí fue importante porque, de alguna manera, el personaje principal evoluciona moralmente y en términos psicológicos, y esto es de gran importancia, creo yo. Para mí, una gran enseñanza que me dejó esta lectura tiene que ver con los valores de la lealtad y el agradecimiento; un ejemplo de ello es don Alfonso de Leyva, que fue un gran amo para Gil Blas y que luego se transforma en un íntimo y entrañable amigo.

Por otra parte, podemos hablar de la técnica literaria utilizada por el autor francés, la que podríamos llamar relatos enmarcados. Por ejemplo, mientras Gil Blas viaja, conoce a otros personajes —capitanes de bandidos, actrices, nobles, etcétera— que detienen la acción principal para contar e introducirnos en las propias biografías de estos otros personajes. Y esto es fascinante porque, de alguna manera, es como encontrarse novelas dentro de una novela. Este libro, en este sentido, se convierte en una suerte de mosaico de historias dentro de la historia; lo que permite al autor explorar diferentes clases sociales y vicios de los personajes sin perder el hilo conductor de la historia central. También la obra de Alain-René Lesage es una profunda sátira y crítica mordaz a las diferentes profesiones u oficios, especialmente la medicina. El autor francés es implacable con los profesionales de su época. Uno de los pasajes más famosos es cuando Gil Blas trabaja para el doctor Sangredo. Es famoso el pasaje en que este doctor cree curar todas las enfermedades con dos cosas: con sangría y agua caliente o tibia. Esto nos demuestra que de alguna forma hay un humor negro; Lesage denuncia la ignorancia y la arrogancia de quienes tienen el poder sobre la vida y la muerte en esa época.

Es meritorio también mencionar una suerte de realismo social o una forma de costumbrismo, si se quiere decir. Aunque el autor era francés, el libro nos da una fotografía detallada de la España del siglo XVII, incluso podríamos decir del XVIII, si es que nos queremos poner osados. Describe las posadas, los caminos peligrosos, la vida de la corte en Madrid y las tertulias literarias donde las peleas no faltaban respecto de las obras que eran alabadas o pifiadas. En este sentido, el autor nos muestra cómo funcionaba la lógica del tráfico de influencias en esa época para conseguir un puesto; para hacer cualquier cosa de importancia no necesitabas talento, sino más bien un buen “padrino”. No deja de ser muy diferente a lo que hoy podemos encontrar en nuestras democracias modernas. Para mí, el estilo irónico y la cierta distancia es la diferencia de la picaresca española original, que de alguna forma suele ser amarga y oscura en cuanto al contenido de sus historias; en cambio, Gil Blas tiene un tono más ligero y elegante, si se quiere decir.

Lo que, en otras palabras, nos está tratando de comunicar el autor francés es que el mundo es un teatro en el cual todos fingen lo que no son; por eso escribe con una cierta sonrisa irónica y se ríe de las desgracias de su héroe, de alguna manera. Si queremos hacer un contraste con la picaresca española, podríamos mencionar ciertas características importantes: por ejemplo, el tono. En la española es pesimista y cruel, y en Gil Blas es irónico y optimista. El final: en la española suele ser que el pícaro fracasa, en cambio en el autor francés su pícaro logra éxito social. Y en cuanto al uso del lenguaje, en la española podemos apreciar que es muy complejo y barroco, en cambio en Gil Blas es fluido y claro, una suerte de estilo neoclásico, si se quiere.

Es curioso que el nombre Santillana suene distinguido en la persona del protagonista de esta historia; sin embargo, ese nombre no era casualidad, funcionaba como una suerte de carta de presentación. Si nos remontamos al origen geográfico, la localidad de Santillana del Mar, en Cantabria, queda al norte de España; esto nos transmite la idea de un linaje humilde en el protagonista. En la tradición de la novela picaresca, como Lázaro de Tormes o Guzmán de Alfarache, el apellido suele indicar el lugar de nacimiento, y nuestro protagonista nace en Santillana del Mar. Al llamarse así, el autor nos plantea que es un “don nadie". Gil Blas no viene de una familia poderosa ni tiene un apellido noble en este sentido, sino que se define por el pueblo de donde salió. Y la obra nos habla del contraste de clases, sin duda. A medida que el protagonista asciende en la escala social y llega a la corte de Madrid para codearse con duques y condes, el nombre Santillana sirve para recordarnos a nosotros, los lectores, y también al propio protagonista, esas raíces humildes que posee. Como había dicho, el nombre Santillana suena muy bien al oído, hay una especie de estética del caballero; irónicamente suena bien. En la España del siglo XVII, Santillana del Mar era una villa asociada a la hidalguía y a ciertas casonas de piedra con escudos. Lesage eligió este nombre porque suena noble, pero no lo es en el fondo; esto es lo más seguro que hizo el autor. Esto nos hace pensar en un juego de apariencias: Gil Blas de Santillana suena como el nombre de un magnífico señor, lo que ayuda al protagonista a, comillas, "colarse" en círculos sociales elevadísimos donde un nombre incluso más vulgar le hubiese cerrado muchas puertas.

En cuanto al marco histórico de la novela, en términos de tiempo, la acción que nos transmite la obra no tiene una fecha exacta de inicio grabada así en piedra; sin embargo, está ambientada principalmente durante los reinados de Felipe III y Felipe IV, lo que nos hace pensar en una cronología entre el año 1600 y 1645. Es curioso que, a medida que la vida de Gil Blas se va desarrollando, deja de ser un pícaro de caminos, una suerte de bandido, y pasa a convertirse en una figura política. Ejemplo de esto es la relación histórica que sostuvo con el duque de Lerma y el Conde-Duque de Olivares. El primero mencionado es un valido de gran importancia, es el hombre más poderoso del trono de Felipe III, quien reinó entre 1598 a 1621. Según la historiografía literaria que practicamos acá, Gil Blas se desempeñaba como su secretario. Por otra parte, tras la caída de Lerma, Gil Blas logra ganarse el favor de este valido, Olivares, bajo el reinado de Felipe IV, quien subió al trono en 1621. Dicho esto, podemos hablar también del tiempo interno de la novela, de las cosas que son la vida del personaje. Por ejemplo:  en un inicio, salió de Santillana aproximadamente con una edad de 17 años a principios del siglo XVII, estamos hablando de 1600 a 1605. En cuanto al desarrollo: sus peripecias por España, por ejemplo, en Valladolid, en Madrid y en Valencia durante varias décadas. Y el final: la historia concluye con nuestro protagonista ya maduro, con ciertas cicatrices y retirado en su castillo de Lirias, viendo pasar los años de la década de 1640.

Estoy seguro de que el autor francés desarrolló su obra bajo la lógica de un anacronismo. En este sentido, es importante percatarse que, aunque la acción ocurre en el siglo XVII, escribió el libro en el siglo XVIII. Esto crea un efecto un tanto especial o curioso: los personajes visten y viven en la España de los Austrias del siglo XVII, pero a veces hablan o tienen ideas que parecen más propias de la Francia de la Ilustración del siglo XVIII. O sea, si pensamos en un dato curioso, podríamos decir que la novela cubre unos 40 a 50 años de la vida del protagonista, lo que de alguna manera funciona o convierte a esta historia en una crónica ficticia, pero muy detallada, de la decadencia del Imperio español durante la primera mitad de los años 1600.

Otro de los aspectos técnicos de los cuales hace mano René Lesage fue la idea de utilizar los arquetipos para construir una comedia humana, donde los personajes, cada uno de ellos, representa un vicio, una virtud o una función social muy puntual de la época. Ejemplo de esto tenemos el arquetipo del pícaro encarnado en el protagonista. A diferencia del héroe pícaro clásico, este pícaro que es Gil Blas, no nace con honor ni grandes metas; su fin es evitar el hambre y ascender socialmente dentro de las circunstancias que se le presenten. Gil Blas es adaptable como un camaleón, observa el mundo con cinismo y aprende que la honestidad rara vez paga las cuentas. Se podría decir que Gil Blas es un pícaro de clase media, un poquito más refinado que otros pícaros de la literatura española. También tenemos el arquetipo del matasanos encarnado en el médico charlatán, representado magistralmente por el doctor Sangredo. Es el arquetipo de aquel profesional que oculta su ignorancia tras un lenguaje sofisticado, técnico, complejo y ciertos métodos absurdos que los hace pasar por lógicos. Este arquetipo puede simbolizar la soberbia intelectual en la obra. La medicina acá no es una ciencia exacta que sirva exclusivamente para curar, sino una suerte de negociado basado en fórmulas bastante rígidas como, por ejemplo, el agua caliente y las sangrías, que suelen matar más a los pacientes que curarlos.

Asimismo, encontramos el arquetipo del valido, que se puede entender como el poder detrás del trono. De aquí figuras como el duque de Lerma y el Conde-Duque de Olivares destacan. Este es el arquetipo político de tipo ambicioso que controla al rey. Están acostumbrados a moverse en la exuberancia, el lujo, la intriga y la corrupción. De alguna forma nos hacen ver a nosotros, los lectores, cómo el poder absoluto muta a las personas volviéndose desconfiadas y aisladas de la realidad del pueblo, cosa que no está muy lejana de nuestros tiempos. A su vez, también encontramos el arquetipo del gracioso o el fiel escudero, y este rol lo cumple el noble Escipión. Y este personaje nos hace recordar mucho al Sancho Panza cervantino, pero con la malicia de la picaresca. Termina esta lista la femme d'esprit o la mujer ingeniosa, representada por doña Aurora de Guzmán. No como las damas pasivas de la época, este personaje muestra el arquetipo de una mujer que toma las riendas de su destino, utiliza disfraces —una suerte de travestismo literario— y plantea estrategias complejas para lograr sus objetivos amorosos. Nos hace pensar que, de alguna forma, representa esa astucia femenina frente a una rigidez social muy estricta. Ahora bien, también podemos hablar de varios otros personajes que representan ciertos arquetipos: por ejemplo, el personaje de Fabricio Núñez, el gran poeta que después se mostrará satisfecho con su suerte, es de alguna forma el arquetipo del parásito; su vicio puede ser la pretensión y la envidia de alguna manera. El capitán Rolando puede ser entendido como el bandido noble y su virtud quizás puede ser la libertad fuera de la ley. A su vez encontramos el arquetipo del clérigo glotón en la figura del canónigo Sedillo y representaría un vicio de hipocresía religiosa y de una suerte de sensualidad. Y cómo olvidar al noble honrado en la figura de don Alfonso de Leyva; su virtud está relacionada a la integridad y la gratitud.

Las frases célebres 

Hay ciertas citas memorables en esta obra que son dignas de destacar sobre la educación y la pérdida de la inocencia. Por ejemplo, en el libro primero de esta edición Sopena, traducida por el padre Isla, vemos cuando Gil Blas sale de Santillana y recibe el consejo de su tío el canónigo: "Mira, Gil Blas, ya no eres niño; vas a entrar en el mundo; tus bienes son tu ingenio y tu persona: aprovéchalos bien". Esto alude a su condición socioeconómica y a sus propios talentos. Otra cita importante acerca de la medicina, y que habla un poco de la sátira del doctor Sangredo, la encontramos en el segundo libro, y aquí podemos ver la lógica letal de este arquetipo. Es una de las críticas sociales más famosas de la literatura universal, si queremos decirlo de alguna forma: "El error de la mayor parte de los hombres no es el hacer, sino el no saber cuándo deben dejar de hacer". Y esto tiene una clara alusión cuando se lee que los pacientes no sanaban con agua y sangrías: era porque obviamente algo había salido mal, el método equivocado, y había que tomar cartas en el asunto, pero... Otra memorable cita la podemos también encontrar en el libro séptimo cuando Gil Blas comienza a ascender en la corte y olvida sus orígenes. Aquí el autor reflexiona acerca de cómo el poder cambia la percepción de uno mismo y te hace olvidar lo importante: "La prosperidad tiene una propiedad muy particular: nos hace creer que somos lo que nos dicen los que nos necesitan".

Por cierto, también es importante hablar de política y de los ministros de Estado. En el octavo libro, mientras el protagonista sirve al duque de Lerma, el oriundo de Santillana descubre la cruda realidad del tráfico de influencias: "En la corte, la verdad es una moneda que no corre; el que la emplea en sus negocios se arruina". Qué terrible que en la política y en los asuntos de Estado la verdad no sea esa moneda que realmente debería correr. Pero también tenemos el lado opuesto: aquellas citas memorables que nos hablan acerca de la felicidad y el retiro en tierras lejanas para pasar días apacibles y reflexionar en torno a nuestras vidas. Esto lo podemos encontrar en el libro vigésimo segundo. Aquí hallamos a un Gil Blas ya maduro y desengañado de la ambición, que logra llegar a la conclusión filosófica de su vida: "He pasado por todos los estados, y he visto que la verdadera felicidad no consiste en el brillo de las grandezas, sino en la paz de la conciencia". ¡Qué tremenda reflexión nos regala acá el autor!. Pero el asunto no queda allí, porque en esta edición de Sopena hay un epitafio, que se encuentra en el inicio del libro; que Gil Blas, como narrador, escribe al encontrar una lápida que sirve como advertencia para el lector y dice así: "Aquí está encerrada el alma del licenciado Pedro Garcias". Esta cita da inicio a una pequeña historia sobre dos caminantes que iban juntos y, al parecer, eran dos estudiantes que se dirigían desde Peñafiel a Salamanca; uno que se ríe de la frase y otro que cava hasta encontrar un tesoro, enseñándonos que en este libro hay que saber mirar debajo de la superficie para entender realmente el simbolismo y el mensaje que nos quiere plantear Alain-René Lesage.

Por último, quisiera plantearme una pregunta que me surge después de haber pensado mucho esta lectura, y tiene que ver con la relación que existe entre el capitalismo y la obra que acá comentamos. Aunque Gil Blas de Santillana fue escrita en el siglo XVIII, pero está ambientada en el siglo XVII, podríamos decir que contiene la semilla o cierto código genético de lo que hoy llamamos capitalismo. Podríamos decir, se manifiesta acá una incipiente economía de mercado. ¿En qué sentido propongo esto? Aunque en la época en que está ambientada esta obra no existía el capitalismo industrial que hoy podemos percibir en este siglo XXI; la obra refleja de manera muy nítida la transición de ese mundo feudal que iba dando paso a otra cosa. Aquello que estaba basado en títulos y en relaciones de sangre y de amistad, a un mundo donde el dinero y la astucia son los nuevos motores sociales. Lo que me llama la atención es que existe una suerte de mercantilización de la persona, del individuo. En esta obra el protagonista se ve a sí mismo casi todo el tiempo como una forma de mercancía, si uno lo piensa con cuidado. De alguna forma, él se vende al mejor postor. Es cosa de pensar la relación con el Arzobispo de Granada, con el médico y con los ministros. O sea, si pensamos en esa lógica capitalista, el individuo como persona ya no tiene un lugar fijo en el mundo por su nacimiento, como era la característica por excelencia de la Edad Media, sino que tiene una suerte de valor de mercado que está basado en sus capacidades de servicio o en ciertas habilidades o conocimientos.

Y fíjense cómo Gil Blas, de alguna manera, es una suerte de emprendedor de su propia persona, de su propia vida. Por ejemplo, si no tiene dinero se transforma, se redirecciona, se rediseña a sí mismo; ejemplo de esto que digo tiene que ver con los cambios de vestuario, el tipo de oficio e incluso el cambio de nombre o su título de nobleza. También es interesante ver cómo esa acumulación de capital permite ascender socialmente a los personajes. Si nos fijamos bien en esta obra, la vida de Gil Blas —es decir, su viaje— en esencia es la historia de un ascenso de clase a través de la acumulación de influencia o de bienes materiales. Por ejemplo, empieza con nada, despojado por bandidos, robado; luego aprende que el capital no es sólo dinero, sino también capital social: contactos, influencia, el networking en la Corte, por decirlo con un lenguaje actual. Y fíjense ustedes cómo termina siendo propietario de tierras: el castillo de Lirias, por ejemplo, la "quinta" que le llamaban también. Este es el dueño capitalista por excelencia: pasar de ser un trabajador sin voz a ser un dueño de capital que garantiza su seguridad futura.

Y como el dinero trae siempre cosas desagradables, también existe en este sentido la corrupción como la forma de "costo de transacción", por decirlo así. El libro muestra que en la corte de Madrid nada es gratis, todo tiene un precio: los puestos públicos, los favores reales y las sentencias judiciales se compran y se venden como mercancía. Entonces, hablamos de relación capitalista aquí lisa y llanamente. Lesage va a mostrar el lado más oscuro del libre mercado donde no hay leyes claras en un sistema despiadado. De alguna manera, si uno lo piensa bien, la corte de Madrid funciona como una suerte de mercado negro donde el más eficaz puede lograr el favor del rey y, en ese sentido, puede utilizar cualquier medio para llegar a su fin. Y de alguna forma —no quisiera utilizar esta expresión pero es así— esto es la fotografía de un capitalismo salvaje donde la información privilegiada es un activo muy valioso.

Interesante es poder notar que también existe la idea de la especialización del trabajo. Es así como el protagonista desarrolla diversos empleos: lacayo, secretario, consejero, médico... O sea, él experimenta una forma bien arcaica de división del trabajo, si uno lo quiere ver así. Y cada personaje que él va conociendo cumple una función específica dentro de la, comillas, "empresa" que es el Estado español. Y la novela también es muy satírica y analiza cómo esa especialización que a veces es muy absurda —ejemplo en el caso de los médicos— es necesaria para el funcionamiento de una sociedad más compleja, aunque a veces esa especialización se transforme en una forma de parodia de sí mismo.

Por lo tanto, ante todo lo que he planteado en estas últimas líneas de escritura, lo podemos sintetizar a través de una analogía: la de un consultor o un empleado corporativo moderno o un lobista. Al igual que un profesional de hoy en día, Gil Blas, entiende que ninguna empresa o señor, en este caso en la novela, es para siempre, por lo tanto, debe saber cómo responder al cambio de suerte. También el oriundo de Cantabria sabe cuándo cambiar de rumbo, cuándo las cosas no están bien; es decir, cuando el mercado (o sea la Corte) cambia de líderes; hay que saber adaptarse. Y por último, nuestro protagonista va a entender que la lealtad es relativa y que su mayor deber es con su propia subsistencia y crecimiento profesional. Esto se me hace muy conocido y lo veo a diario en el mundo de hoy. En consecuencia, y en conclusión, podríamos decir que esta obra es una gran crítica temprana al individualismo que de alguna manera engendra el capitalismo; ese capitalismo que hoy en día está instaurado en el ADN de la sociedad.


miércoles, 18 de febrero de 2026

Indigno de ser humano: El espejo de la alienación

Indigno de ser humano es el título de la novela de Osamu Dazai, escritor japonés del siglo XX que nos convoca en esta oportunidad. A Dazai se le puede tildar de existencialista, una impronta que la novela posee profundamente. Esta obra es una representación fidedigna de dicha filosofía, en la que destacan figuras como Camus o Sartre. Publicada en 1948, en el apogeo de esta corriente, el libro es también una muestra de la alienación social del Japón de posguerra. Su protagonista, Yozo Oba, a pesar de tener una vida materialmente resuelta, es profundamente infeliz. La causa de su desdicha parece insuperable: un miedo paralizante a relacionarse con los otros, incluso con su propia familia.

La novela refleja la transición de un niño inocente y tímido hacia el hombre en que se convierte Yozo en el Japón de principios de siglo. Observamos a un joven de secundaria que, ante un padre autoritario y distante, oculta su vulnerabilidad tras una fachada de payasadas y bromas. Yozo percibe su desconexión con el mundo como un tormento constante, lo que lo conduce a una espiral de autodestrucción marcada por el alcoholismo, las drogas, el desapego familiar y relaciones sentimentales fallidas. Es aquí donde cabe una advertencia: esta es la parte más cruda de la obra. Su absoluta soledad y las malas influencias lo llevan a transitar momentos complejos, incluyendo un intento de suicidio.

¿Es posible que la incapacidad de Yozo para sentirse útil o funcional sea un reflejo de lo que muchos viven hoy? Es probable. El auge de las dependencias en el mundo occidental parece confirmar esta huida de la realidad. Quizás por ello las redes sociales se han convertido en la vitrina de las máscaras que mostramos para ocultar nuestra inadaptación y soledad.

Esta es la novela de la desesperanza y del consuelo pasajero que se trueca en desplazamiento social. Es literatura hecha grito y confesión; una denuncia de que, en el fondo, la sociedad a menudo reprime la autenticidad en favor de intereses mezquinos. Al final, la lectura me deja una certeza amarga: la soledad se corona como el manto que sentencia la vida de Yozo en ese manicomio que, para él, resulta ser el mundo.

sábado, 10 de enero de 2026

Viaje al abismo moral de Conrad

Enfrentarse a esta novela es internarse en una selva enmarañada y difícil de cruzar, literalmente. El corazón de las tinieblas, escrita por Joseph Conrad a modo de novelas por entregas y publicada íntegramente a fines del siglo XIX, fue una muestra del modernismo en un sentido psicológico y lo exótico de sus paisajes. Conrad nace en 1857, en el actual Ucrania, lo que antiguamente era considerado parte del imperio ruso. Perteneció a una familia de la baja nobleza polaca. Su padre se dedicó a la escritura y la traducción y en su breve estadía junto a su hijo, le enseñó inglés cuando éste era muy niño. Lo cual le permite lograr dominar esta lengua desarrollando traducciones de Shakespeare y otros autores clásicos. Entre 1874 y 1894, Conrad llevó a cabo una intensa vida en el mar, lo que le permitió acumular la materia necesaria para llevar a cabo su trabajo literario. Teniendo, el autor de Bajo la línea de sombra, sólo 16 años; viaja a Marsella para iniciar una carrera en la marina mercante francesa; viviendo grandes contratiempos y aventuras en mares tan idílicos como lo es el mar caribe. Luego se trasladó a Inglaterra en 1878 mudándose a ese país para ser parte de la marina mercante británica y desplegar sus habilidades en ese país. Poco tiempo después obtiene un ascenso como capitán de la marina mercante, lo que le permitió viajar por todo el mundo. Su carrera literaria se inicia a fines del siglo XIX, destacando su primera obra llamada La locura Almayer, publicada en 1895. Progresivamente tiene éxito en la literatura por esa época, lo que le permite dejar su vida de marino y dedicarse por completo a la escritura. Su consolidación literaria llegó con la obra que reseñamos acá; El corazón de las tinieblas, publicada en 1899. 


La obra en rigor es breve: no tiene más de ciento sesenta páginas y está estructurada en tres partes. La primera sección se centra en lo que se cuenta en río Támesis, en Inglaterra; y funciona esta parte como una introducción y una reflexión inicial que el narrador anónimo lleva a cabo, por lo cual este narrador se le puede denominar mise en abyme, es decir, un narrador enmarcado que introduce al protagonista que será el narrador principal: Charles Marlow. Este anónimo narrador (presente en el inicio del relato), además de establecer el ambiente de lo que se está narrando, con un tono de tipo contemplativo; en el cual se van describiendo los detalles de la historia que narrará Marlow. Así este narrador anónimo contextualiza el relato ubicando la acción en un marco temporal y espacial, que le permite al lector comprender el contexto de la historia del personaje principal. Es curioso lo que digo respecto de la función de este narrador al inicio de la novela, porque mientras introduce al narrador principal ( que es Marlow); todo lo que dice, lo manifiesta en el Támesis, un río domesticado y civilizado por el ser humano. Este río vendría siendo la contraparte del río Congo; caracterizado por ser salvaje, indómito y peligroso, para nada domesticado y civilizado. El narrador anónimo, le cede la voz a Marlow, para, ya casi al final, retomar brevemente y cerrar el marco al final de esta historia. Charles Marlow, es un testigo ocular y vivencial de lo que cuenta: expediciones colonialistas belgas, que arrasan con los elefantes por el apetito de marfil de Europa. Como agente comercial de una naviera (belga), Marlow, debe iniciar una incursión por el río Congo propio de sus labores mercantes. En ese contexto, llegó a capitanear un destartalado barco mercante en búsqueda del enigmático Kurtz; un agente comercial con un carisma, que subyuga a los aborígenes locales como a extranjeros conocidos de él. Esta es una novela donde las pasiones humanas más viles salen a relucir similares a las flores en primavera. Cuando Marlow escucha conspirar al gerente general con su tío en contra de Kurtz, nos percatamos de la naturaleza vil de algunos seres. El carismático Kurtz se encuentra en las profundidades de la selva; y los conspiradores temen al éxito y la influencia que posee este personaje en el contexto de la selva, los aborígenes y sus dinámicas de vida. 

Esta obra de Joseph Conrad es muy interesante porque dialoga intertextualmente de una manera magistral, si lo podemos decir así. Este diálogo se da entre el Corazón de la tinieblas y las grandes narraciones de occidente. En cuanto al tópico de “el descenso al Inframundo”, la obra muestra las peripecias y peligros que debe sortear Marlow en su viaje por la selva y el implacable río Congo; cómo si fuese Odiseo tratando de volver a Ítaca después de la guerra contra Troya. En esta lógica, es posible pensar que el encuentro con el enigmático Kurtz, es la culminación de este viaje. El infierno moral que nos describe esta novela es la contraparte del infierno geográfico del profundo Congo. La confrontación ética de la humanidad es el destello que se desprende de la obra más conocida de Conrad y podemos ver la semejanza que tiene con la Divina Comedia de Dante; pues el descenso de Dante es similar al de Marlow a ser un viaje que muestra la esencia moral del hombre degradada en su máximo esplendor. El río Estigio es el Congo, y el protagonista, también pasa por una suerte de purgatorio; viendo a su paso a agentes y aborígenes como almas en pena vagando por ese purgatorio selvático. 


Para entender los demás diálogos que establece esta obra con el colonialismo victoriano, es necesario que se tengan claro algunas nociones de ese periodo histórico de la humanidad. Circunscrito al siglo XIX, especialmente a partir de 1831 en adelante; este período se caracterizó por la misión de “civilizar”, por parte del hombre blanco, a aborígenes de latitudes inhóspitas como las que muestra esta obra en el África continental. En consecuencia, establecer la moral cristiana, el darwinismo social; en la cual se legitima la noción que el que domina es el más fuerte o apto; viene siendo la lógica que nos muestra esta obra, pero siempre desde las percepciones del narrador principal, Marlow. ¿Qué encontramos esencialmente en este sentido? Los métodos de control del colonialismo victoriano por excelencia fueron brutales. Estas maneras coercitivas fueron principalmente colonias de explotación, como lo que muestra esta novela, por ejemplo, en el Congo con el marfil de los paquidermos cazados en plena selva. En este sentido, la obra puesta bajo la lupa del Lector Impune, nos muestra la violencia, explotación, devastación y las más hondas oscuridades del alma humana. Este es el contexto histórico, moral y personal que proyecta la obra; que nos lleva al escenario también histórico, que tiene este libro: el colonialismo belga y sus negocios sucios. El mismo Conrad fue capitán de un barco fluvial en el Congo en 1890. En esa experiencia nuestro autor experimenta de primera mano, las brutalidades, atrocidades y la explotación masiva del caucho y del marfil en esa parte del mundo. También en esta novela los personajes que se encuentran, y que son tan importantes como el de Kurtz, estuvieron inspirados en personas reales, según tenemos entendido. El agente comercial, que transforma su búsqueda en una obsesión; es un arquetipo de esos agentes de comercio extranjeros europeos, que son extremadamente codiciosos; ejerciendo un poder ilimitado y brutal por quienes estaban sometidos a ellos. Como dato: Henry Morton Stanley pudo haber sido una inspiración real del personaje de Kurtz, por ejemplo. 

Para mí esta obra no fue tan grata su lectura, ya que constantemente se difuminaba la noción de la realidad de lo que se narraba, a medida que iba avanzando en sus páginas. La atmósfera densa y compleja de las observaciones psicológicas del protagonista, respecto de lo narrado, también aportan a esa sensación de incomprensión y extrañeza respecto de la fragilidad de la moral humana; porque se una y otra forma la novela es una profunda reflexión de la moral, pero para mí oscura y densa como la selva misma. La pregunta viene a colación ¿Toda la cultura y el saber de Europa son signos de una moralidad superior? Solamente el juego de máscaras de las convenciones sociales, mantienen a raya a las personas de ser despiadados y moralmente abyectos. La hipocresía de la sociedad incluso se muestra en un uso del lenguaje eufemístico en el desarrollo del proceso “civilizatorio”, en este caso en África. La oscuridad de la selva del Congo (escenas nocturnas), no es sólo algo literal, sino que refiere a las profundidades del subconsciente del ser humano, atormentado, hipócrita y corrupto. Esa oscuridad es universal y está presente en cada uno de los individuos, a la espera de salir de su encierro mientras se dan las condiciones para dar los zarpazos y demostrar la esencia oscura del hombre. Esto es muy similar a lo que dice Osamu Dazai, en su novela “indigno de ser humano”, con su metáfora de la vaca que espanta al tábano con su cola. ¿Es posible tener las palabras para poder dar cuenta de las experiencias de un personaje que no sabe cómo explicarse la degradación humana? Para responder a esta pregunta; se debe concentrar la mirada en Kurtz. Él simboliza, en consecuencia, en cuanto a su experiencia vital en la historia narrada, esa incapacidad de expresar la degradación humana con el lenguaje “civilizado” de Europa. La incapacidad de Marlow de decirle la verdad a la novia del carismático agente comercial, respecto de la suerte que corrió éste en tierras africanas; es también otra muestra de la lógica simbólica de la novela. En esta obra los africanos son de alguna forma unos entes sin voces y que funcionan como adorno, como parte del cuadro de esta obra teatral llamada el Corazón de las tinieblas. ¿Habrá sido esto una decisión deliberada por parte del autor para mostrar la deshumanización del colonialismo belga en este caso, con los aborígenes africanos que se describen en la obra? Un producto de su época y un grito de la crisis y el drama existencial del hombre blanco. Recomiendo su lectura, porque en el fondo es una obra que es una escala ineludible del viaje por la literatura que cualquier lector que busque un desafío lector mayor, debe leer este libro. Sin embargo, como lectores debemos tomar precauciones e ir con cautela por las páginas de este libro, porque no es tan simple su lectura ya que las reflexiones del subconsciente del narrador y las cosas que narra y viven se funden en un relato que nos desafía y nos saca de nuestras zonas de confort. 

miércoles, 26 de noviembre de 2025

La sexualización de la infancia

 Hay algo muy preocupante en ciertas actitudes de niñas de 9 a 13 años y adolescentes. Me refiero a una forma de ser, que en estos tiempos se está dando merced del poder de las Redes Sociales, los medios de comunicación, artistas urbanos, etc.; que influyen de manera absolutamente negativa en la infancia (especialmente en las niñas) del último lustro. La hipersexualización que padecen las niñas de hoy es un asunto serio que hay que abordar. Es posible pensar que muchos adultos en la actualidad, justifiquen esta problemática que viven las niñas por estos días, y también los niños, por cierto. Ellos no advierten, por otra parte, el engranaje de consecuencias que esta problemática genera en la sociedad. Ellos, aquellos adultos inconscientes, podrían decir que “es un signo de madurez que las niñas se preocupen de su apariencia y que quieran bailar los estilos musicales que están ‘pegando’”; bien podrían manifestar también, que; “es propio de la edad, es algo común cuando uno tiene esa edad”. Sin embargo, estos no creo que tengan razón, así tan simplemente como algunos manifiestan. Uno que ya tiene cierta edad, y que está próximo a cumplir bastantes años en este mundo, y que es padre de una niña; veo con cierto espanto y horror, cómo este fenómeno de la hipersexualidad en las niñas y niños de hoy, cada vez va creciendo en los más pequeños a vista y paciencia de padres y madres cada vez más complacientes, en este sentido, con el desarrollo de sus hijos. 


Este es un tema complejo y muy debatible, estoy consciente de aquello, pero se debe reflexionar acerca de qué es lo que se entiende por hipersexualización de la infancia por estos tiempos. El desarrollo sexual de los cuerpos de púberes, niños, y niñas y adolescentes en general, no tiene que ver con la hipersexualización de la sociedad –que es un fenómeno cultural y social– como tendencia del último tiempo; sino más bien con la desvalorización de la infancia en un sentido más perverso si se quiere. Hoy (especialmente las niñas) el valor de la infancia se ha trastocado y se ha reducido a una apariencia y conducta sexual de la infancia, impulsada por la cultura y el relato imperante en la sociedad actual. Hoy se excluye o se deja de lado la inocencia de la infancia para transformarla en algo que no es: “adultos hipersexualizados”. Las Redes Sociales, en su dinámica degradada de la infancia, hacen que las niñas piensen que la apariencia es sólo lo que cuenta en la vida. En este sentido, la apariencia física es el dios a adorar por las niñas, niños y adolescentes. Es decir, el ser “sexy” en una niña, por ejemplo, es una marca de prestigio que la hace ver deseable entre sus pares, y por consiguiente, y que es peor aún, entre muchos adultos que observan este fenómeno social con ojos pervertidos o enfermos. Muchos adultos actualmente imponen una sexualidad atrofiada en las niñas, y acá me quiero centrar en ellas. El mercado de la moda, con sus tendencias siempre mercantiles, ha impuesto en las niñas, prendas de vestir que perfectamente las pueden utilizar mujeres adultas solteras, con deseos de encontrar pareja, y que en ese sentido, esa vestimenta apunta al objetivo de atraer a los varones, con aquellos atuendos femeninos que muestran más de lo que tapan en las damas. Y eso está bien para ellas y ellos, pero no para niñas que apenas alcanzan a llegar a la menarquia y ya están insinuando su potencial reproductor sin que sea el momento en sus vidas para ello. Lo que se observa es una tendencia a mostrar a las niñas como adultas sexualmente “atractivas”. 

Los medios de comunicación, las redes y la publicidad, otorgan gran énfasis a este fenómeno del atractivo sexual en las niñas. Como ya hemos dicho especialmente en sus vestimentas, maquillajes, videos o reels de esta índole, donde los bailes y morisquetas altamente erotizadas son la ley; reducen la dignidad de la infancia a nuestro juicio. En otras palabras, esta es una tendencia a presentar a la infancia como una “adultez” mal disfrazada y pérfida. Al mercado le interesa vender y bajo esta lógica, no tiene escrúpulos al fomentar estas conductas, tendencias o fenómenos perniciosos para la infancia y adolescencia. Por su parte, las Redes Sociales, validan esta exposición a través de la lógica de la apariencia “sexy” que es el “todo” para ciertos niños y niñas de hoy. La cultura popular, que tácitamente es una aliada del mercado, también aporta su cuota en este tema induciendo estas conductas en la infancia, cada vez a edades más tempranas. 

La salud mental y la autoestima de muchos niños y niñas se ve amenazada bajo esta dinámica descrita anteriormente, pues las personas, especialmente las mujeres aprenden desde muy niñas a verse y valorarse a sí mismas desde una perspectiva externa, centradas en su valor sexual o de atracción; y esto es también responsabilidad de los padres. Éstos, a su vez, son complacientes y muchas veces no tienen la madurez para reflexionar más allá y darse cuenta de las consecuencias y riesgos de este tema en sus hijos e hijas. Por su parte, esta dinámica inconsciente que manifestamos en este artículo, provocaría problemas de salud mental serios en las niñas, niños y adolescentes. Mantener una figura “atractiva” es un imperativo de esta tendencia en la sociedad, generando trastornos alimenticios en las niñas, por ejemplo; por ese afán de mantener la figura, porque te lo dicta la tendencia, y por otro lado, está la presión que ejercen los pares entre sí; apuntando a que –especialmente las niñas– por no querer perder esa figura “sexy”, caigan en trastornos alimenticios, depresiones y baja autoestima a consecuencia de ese desencaje. En relación a lo dicho anteriormente, es factible pensar que se difuminan las barreras entre la madurez y la madurez sexual; y esto es peligroso, pues los adolescentes especialmente corren el riesgo de embarazos no deseados y de transmisiones de ETS. Es el deber de nosotros, poner en alerta a la sociedad respecto de este problema. Se espera que lo que se dice acá tenga eco y recepción en muchas personas y que se entienda bien. 

Sabemos que es difícil hablar de estos temas en la mesa familiar, pero es necesario, porque en el fondo se corre el riesgo de caer en la cosificación de la infancia en aras de un materialismo descarnado, ambicioso e inconsciente. Este tema trae muchas consecuencias negativas en los niños, niñas y adolescentes, ya que esta situación puede desembocar en problemas serios: como ver a las personas como objetos sexuales y derivar esto en formas más violentas de lo sexual, que debería ser un tesoro hermoso para las personas. Hay que pensar que muchas mujeres que han sido criadas bajo esta lógica, pueden verse perjudicadas al no ser contratadas en sus distintos oficios o trabajos, porque no encajan en el “perfil” “sexy” de una empresa. Es esto una consecuencia directa de esta problemática, pues las mujeres menos “atractivas” se podrían considerar menos competentes que sus pares “atractivas”; por el sólo hecho de no encajar en el “perfil”, para conseguir puestos de liderazgo. 

En síntesis, mientras que, por un lado, hay una sexualización de la infancia que no es natural; la sexualidad adulta está perdiendo el rumbo de lo que es sano y real (natural en este sentido) en el ser humano. Al desplegar una sexualidad responsable, que no sea una construcción social y cultural que reduzca a la persona y su valor a un mero objeto, en el plano físico y sexual, podría ser esto un freno a esta situación. Este sería el camino a nuestro juicio, en consecuencia, para el desarrollo y bienestar de una sociedad que crezca de manera sana, tanto física y mentalmente, y así ver a la infancia convirtiéndose en personas adultas que no sean vistas como cosas sexualizadas; que las impongan el mercado, la mala cultura o tendencia de moda; una forma de ser que va en contra de lo que es sensato y decente en el ser humano. 

     


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