1. El despertar de una encíclica sorprendente
La carta Encíclica de su Santidad León XIV, “Magnífica Humanitas”, publicada el 15 de mayo del 2026, me ha sorprendido enormemente y de manera muy positiva. La sorpresa radica principalmente en que nunca había leído un texto de la Iglesia que transmite con tanta lucidez y una enorme preocupación por el futuro del ser humano y su relación con la tecnología; que suena muy sincera a la luz de la lectura atenta del texto, pero que nos plantea, sin adornos poéticos y con una profundidad filosófica, una preocupación enorme por el ser humano de esta época. La pregunta que hace la encíclica, citando al papa Francisco en sus primeras páginas, es crucial para poder entender el fenómeno que plantea este documento de su Santidad: el desarrollo tecnológico deshumanizado, a nuestro juicio, que inunda casi todos los ámbitos de la vida del hombre. Y esta pregunta apunta a saber quién detenta hoy el poder tecnológico y hacia qué fines lo está orientando.
Y la advertencia que nos plantea el papa León XIV es crucial para poder llevar una relación sana con la tecnología actual, respetando la Casa Común y nuestra interdependencia con nuestro medio ambiente. Se manifiesta en la carta que ese poder tecnológico adquiere un rostro inédito en términos de ser algo privativo de las élites económicas del planeta, que no ha logrado poder conducir este desarrollo esplendoroso a un bien colectivo e individual; es decir, para ellos es difícil de gobernar y orientar hacia un bien común, para el bien de las personas, y que no se considere un fin en sí mismo. Entonces, el Papa nos plantea la interrogante de decidir cuál es la dirección que como humanidad, comunidad humana, vamos a seguir en relación a la tecnología de la IA, la robótica y, especialmente, en el ámbito bélico.
2. El rostro del poder tecnológico y el dilema de Babel
El camino que nos plantea en esta encíclica el papa León XIV se vincula con el desarrollo de una profunda capacidad reflexiva y analítica; nos interpela. Por nuestra parte, debemos estar atentos y desarrollar una actitud receptiva ante este mensaje papal. También nos hace un llamado a la fe en un sentido ejemplificador cuando utiliza las imágenes bíblicas de la torre de Babel y de la reconstrucción de Jerusalén para plantear the problemática fundamental de nuestro siglo: esa obra concebida de magnificencia tecnológica, construida y diseñada sin la imagen de Dios, sin Su presencia, no sirve de nada o no tiene sentido si no está Él en el centro mismo de todas nuestras grandes obras.
Este saber técnico, esta tecnología sin alma, sustentada en una uniformidad que elimina toda diversidad en lugar de propender hacia la comunión de los hermanos y hermanas (que somos todos nosotros, la humanidad eterna y no unos pocos elegidos o acomodados) y el uso de ella para un desarrollo mutuo y solidario, es algo que se puede dar, si es que ya no se está dando en algunos pocos casos (que los debe haber, no todo es blanco o negro en la vida); sin embargo, advierte el pontífice que él elige hablar en profundidad de reflexión acerca de qué camino debe tomar este desarrollo tecnológico acelerado, que no tiene a Dios y al ser humano en su memoria RAM grabada una sola ley, como aquella que Asimov le dio a sus robots en “Yo, robot”: el ser humano y Dios deben estar al centro de las grandes maravillas del ingenio humano, y no los intereses mezquinos de unos pocos, esclavizando a las grandes masas en ese proceso acelerado de crecimiento vertiginoso que es esta tecnología deshumanizada. En el fondo, los que tienen control total dominan estos avances técnicos y la detentan; en otras palabras, nos quieren llevar a una homogeneización del pensamiento por medio de este apéndice cognitivo artificial que, por ejemplo, es la IA, y que hoy en día, desde educación hasta representantes del Poder Judicial, les piden a la IA que piensen por ellos.
El papa nos advierte que también toda obra que se construye debe ser teniendo a Dios en su centro, y que lo importante es construir conciencia de cómo utilizar la IA de buena forma para que aprovechemos sus ventajas y enseñanzas. En este sentido, a nuestro juicio, la búsqueda de la verdad, la fragilidad del otro, la capacidad de asombro y la preocupación por los demás es uno de los pilares fundamentales de esta encíclica. La crítica papal busca hacer despertar a las personas y a la sociedad, dando cuenta de que hay problemas profundos que subsanar que apuntan a la mentira, la envidia, la sistematización de la vida humana, el colapso ecológico y la concentración de riquezas y poder. Es por eso que hay que orientar todo tipo de creación, y especialmente de este tipo de tecnología de la IA y todo lo que conlleva en términos geopolíticos y sociales. Es donde acá le cabe responsabilidad a los creadores y a las empresas mundiales del rubro; éstas deben comprender que no nos deben (a nosotros, la gente común) lanzar piedras tecnológicas que nos separen. En cierto modo, es lo que nos quiere decir su Santidad, por cierto, a través del uso de la imagen de la antigua Jerusalén y la Torre de Babel. Él recupera un lenguaje común (analogía estupenda), no el de la uniformidad, sino el de una comunión simbólica respecto de lo que nos sucede en esta época con este tema que, por cierto, es una revolución abismal que aún logramos vislumbrar hacia dónde nos puede llevar. El papa nos dice que la armonía surge cuando cada uno ASUME su parte, y todo el pueblo debe reconocer que su fuerza viene del Señor.
3. Del transhumanismo al discernimiento comunitario
Pero, también la encíclica nos plantea que hay un riesgo enorme: el de la deshumanización, es decir, construir un futuro sacando a Dios de la ecuación y reduciendo a la otra persona a un simple medio. Dice el papa León que esto es una tentación antigua y siempre nueva, que hoy, de alguna forma, adquiere un rostro técnico y deshumanizado. En este sentido, también nos plantea, de una forma en que nos demos cuenta, que edificar algo siempre debe estar centrado en el bien común; esa es la exigencia ante todo, y edificar sobre la relación que debe tener el ser humano siempre con Dios.
Si bien esta encíclica nos dice que edificar en el bien siempre implica poder entender que existen límites y que existe la fragilidad humana, y que esto no debe ser considerado como un error que haya que corregir y castigar, sino que también nos dice el texto del papa que el progreso se mide por la dignidad de cada uno y por el bien de todos los pueblos. De este modo, edificar un mundo es aquello donde todos puedan florecer, y eso exige una responsabilidad valiente, y llama también —y esto es muy importante— a que cuidemos nuestras palabras; que cuidemos las palabras que humillan y que enfrentan, porque ellas son la semilla de los conflictos futuros. Comunica el papa, en este sentido, asimismo, que el verdadero progreso nace de una persona que tiene el corazón abierto a otro, de un ser que está dispuesto a escuchar y que tiene la voluntad de buscar lo que une más que lo que nos separa. No obstante, si no logramos llegar a este puerto, caemos en el abismo del trans-humanismo, lo que significa, esto último, la creación de un “nuevo” ser humano: ese deshumanizado, carente de la esencia divina, perfecto, sin fragilidades, sin la necesidad de Dios, por decirlo de alguna manera.
La encíclica Magnífica Humanitas también nos habla de la “doctrina social de la Iglesia” y muestra la faceta más auténtica de este concepto, el cual nos plantea que aquello no es un manual de principios y normas que hay que aplicar, sino un camino de discernimiento comunitario. Se reflexiona acerca de la idea de la vinculación del todo o con todas las personas que conformamos la sociedad y el mundo en general; por lo tanto, la expresión, nos plantea su Santidad, que la doctrina social de la Iglesia fue empleada por Pío XII en 1950.
4. La IA y la automatización laboral: el eco de la Rerum Novarum
Luego León XIII, nos dice el Papa León XIV, no se limitó a constatar un malestar creciente en la sociedad de aquella época, sino que ASUME situaciones como, por ejemplo, en el ámbito de misión pastoral de la Iglesia. Asimismo, la encíclica Rerum Novarum de León XIII constituye un hito en la evolución del magisterio social de la Iglesia. Este documento lo utiliza el Papa León XIV, planteando la idea de la reflexión respecto de la dignidad del trabajo y del trabajador. Es más, toma esta idea de León XIII aplicándola al contexto actual de la guía y la automatización laboral y la pérdida de puestos de trabajo a raíz de esta irrupción tecnológica que ha dejado, en cierta manera, en segundo o tercer plano al trabajador humano.
Lo anterior significa que el Papa León XIV aboga, obviamente, para que los trabajadores tengan su derecho a un salario justo y también, esto apunta, a que la familia se pueda sustentar. En la figura familiar y el ser humano en general, el sumo pontífice reconoce en las personas un valor esencial que debe prevalecer por sobre el capital y el beneficio; defendiendo, a su vez, la propiedad privada junto con la indispensable función social del Estado, las asociaciones de trabajadores, entre otras, y propone formas de colaboración entre diversos componentes de la sociedad como alternativa a la noción de la lucha de clases, por ejemplo.
Es por eso que en esta encíclica se reafirma la dignidad del trabajo y del trabajador, entendiéndolo a este como un derecho. Por cierto, hay que entender que las condiciones históricas descritas por León XIII han cambiado, y mucho; pero lo que hay que entender también es que el documento Magnífica Humanitas mantiene, por lo menos, tres principios fundamentales que son de una actualidad enorme: está la primacía del trabajo humano por sobre la lógica puramente productiva o incluso financiera; a su vez, la consiguiente atención a las personas y a las familias, entendidas estas como sujetos de explotación, y ese vínculo inquebrantable entre el anuncio del evangelio y la búsqueda de un orden social mucho más justo.
5. El principio de subsidiariedad y los nuevos bienes universales
Ante lo dicho, hay que destacar que en nuestra época sigue siendo particularmente importante destacar, respecto de lo que nos dice la encíclica, cierta enseñanza social. En este sentido, la conciencia de las injusticias no solamente recaen en las responsabilidades de individuos en particular, sino que también estas son colectivas, amparadas por estructuras económicas, institucionales y de poder; y que también en esta lógica encontramos la idea de la Iglesia llamada el principio de la subsidiariedad, que en voz del Papa León XIV nos dice que esta idea nos “...invita a fortalecer el tejido asociativo y comunitario, evitando nuevas concentraciones de poder y el vínculo entre la dignidad del trabajo y la justa remuneración, y la posibilidad real para las familias de llevar una vida humana digna.” El actual pontífice advierte acerca de que exista un estado de derecho sólido como una roca, que sirva para prevenir abusos de poder y que reconoce en la democracia un instrumento, una herramienta adecuada y de mucho valor para favorecer ese ejercicio de la autoridad; pero también aquí el papa nos advierte acerca de que, si ese derecho se utiliza a través de la fuerza o por un mero interés despreciando un orden internacional que regula el actuar de las naciones, si se desprecia esto, en el fondo expone a los más fuertes abusando de los pueblos más débiles en términos opresivos, lo que socava las confianzas entre los pueblos y las naciones. Así hace notar esta noción en la declaración Dignitatis Humanae, en la que el concilio reconoce, por ejemplo, la libertad religiosa como un derecho fundamental que está, digamos, inherente a la persona humana y a su dignidad; esto debe ser garantizado por el ordenamiento jurídico y así evitar que las personas actúen en contra de su conciencia y les impidan la búsqueda de profesar la verdad en privado o en público.
¿Es posible que las autoridades, el mercado, los multimillonarios, las multinacionales, los gobiernos, los dignatarios, es decir, todas aquellas personas con posiciones de poder, tengan una visión de la persona humana, de las relaciones interpersonales, del concepto correcto de la autoridad y del bien común, que sean capaces de orientar también decisiones económicas, políticas y culturales en pro de las personas? Responder que sí a esta pregunta es, en el fondo, tener una ilusión ingenua respecto de la actualidad; sin embargo, lo que consulto acá no sucede, porque la clase política es indolente en el fondo y, si es que acontece un cambio de conciencia, es en contadas ocasiones de la historia. Bajo esta lógica es que el Papa León XIV advierte que la doctrina social de la Iglesia es un legado que tiene una fuerte resonancia en la actualidad; es así que, en voz del mismo pontífice, “la dignidad del trabajo, la solidaridad entre los pueblos y la evaluación crítica de la democracia y la economía de mercado sigue ofreciendo criterios para juzgar las nuevas formas de explotación, exclusión y crisis de la representación política”. ¿Es posible que algunos tilden de comunista al mismísimo Papa por manifestar este tipo de preocupación por la dignidad del trabajo y, por ende, del trabajador? Incluso el mismo pontífice, asumido el 2025 en Roma, cita el “Laudato si” de Francisco. Aquí ofrece un análisis sistemático de la crisis medioambiental que azota al planeta y, por tanto, demuestra que no se trata solamente de una cuestión de tipo sectorial, sino del aspecto ecológico que tiene la crisis socioeconómica en la actualidad al mundo entero. También el pontífice no pierde tiempo en criticar el paradigma tecnocrático, el cual reduce todo a un objeto de dominio; también va en defense del trabajo humano, amenazado por esta misma lógica del descarte; pone especial atención también en la justicia intergeneracional y un llamado urgente entre la política y la economía. No se pierde en decir que lo que está sucediendo actualmente en términos geopolíticos es una guerra mundial a pedazos.
El papa León XIV, en este contexto, también reconoce que existen nuevos tipos de bienes destinados universalmente a todos; en ese sentido, incluye algoritmos, plataformas digitales, infraestructuras tecnológicas, datos. En una era del conocimiento y la tecnología, estos bienes quedan concentrados en las manos de unos pocos, nos dice el papa León XIV, en donde las formas de intercambio son precarias y de difícil acceso; es por esto que se crea un desequilibrio que contradice el destino universal de los bienes y alimenta la brecha entre los que están excluidos de los incluidos, y en ese aspecto también están contemplados los que participan en la revolución digital y quienes permanecen al margen. Bajo este panorama es que el papa nos dice que la solidaridad es muy importante, ya que la define como el reconocimiento concreto respecto de que el destino de cada uno está ligado al destino de todos, es decir, “nadie se salva solo”.
6. Desarmar la máquina: moralidad artificial y la Babel moderna
La encíclica papal da a entender también que existen grandes peligros ocultos detrás de toda esta tecnología que tal vez aún no se sabe utilizar bien o no se quiera utilizar bien; de ahí que suenan las palabras actuales de Romano Guardini: “el hombre moderno no está preparado para utilizar el poder con acierto”, cita el papa León XIV. El temor está concentrado en la idea de que la tecnología supere al ser humano y termine por controlarlo completamente, y someterlo a una voluntad ajena o a un propósito deshumanizado, calculador y lógico al extremo. Es por ello que el documento papal advierte acerca de que debe existir un compromiso doble: por una parte, la profundización de la investigación científica y, por otra, el ejercicio moral y espiritual en el discernimiento. El diseño responsable de la IA debe respetar la dignidad humana y servir realmente al bien común, pero los procesos actuales son poco transparentes en este sentido y se hace difícil atribuir responsabilidades y corregir ciertos errores.
La inteligencia artificial no puede tener una moralidad humana; por lo tanto, no nos podemos limitar a invocar esa moralización de la máquina para que nos resuelva nuestros grandes dilemas. En este contexto es que utiliza la palabra desarmar, la que tanto revuelo causó en su momento. Para el Papa León XIV, este vocablo quiere decir romper la equivalencia entre el poder tecnológico y el derecho a gobernar; no es renunciar a la tecnología, sino que impedirle a esa misma tecnología el dominio sobre lo humano. En otras palabras, esto implica hacerla discutible, refutarla, habitarla incluso, dándole voces a la pluralidad de culturas humanas y de formas de vida; eso significa desarmar para el papa.
7. Esclavitud digital, guerras híbridas y colapso ecológico
Esta encíclica, siendo el primer documento de la iglesia que leo en mi vida para ser sincero, realmente me sorprendió porque también hace un mea culpa acerca de la esclavitud; nos habla acerca de la esclavitud moderna, que está disfrazada en distintas esferas y en distintos aspectos de la vida del ser humano hoy en día. En este sentido, nos está dando una reflexión ética y humanizadora respecto del creciente poder de los sistemas digitales, donde corremos el riesgo de que nos conduzcan hacia nuevas atrocidades, nuevas formas de intolerancia, nuevas formas de odio vergonzosos; por cierto, todo lo que deploramos. Y de alguna manera, estas lógicas basadas en algoritmos presentan a las sociedades desde las perspectivas “avanzadas” y “civilizadas”. El papa León XIV también nos dice que la IA está transformando algunos aspectos de la vida y de la sociedad humana, y con graves repercusiones para la dignidad del hombre; y esto tiene que ver con la guerra, por otro lado, vemos que actualmente las formas de hacer guerras son híbridas y utilizan, por ejemplo, ataques cibernéticos, clonaciones, manipulación de la información, campañas de influencia, automatización de decisiones estratégicas. Eso es un peligro altísimo para la supervivencia de la especie humana, incluso si lo ponemos en la perspectiva de las armas nucleares.
Hay que hacer notar, en este sentido, la metáfora de la Babel moderna, que no es solo ese paradigma tecnocrático globalizado, sino que un enfrentamiento entre imperialismos contrapuestos, entre potencias, dice el papa, para saber quién puede tener la primacía y el poder absoluto de conquistar a la otra, incluso. Y se le suma a eso la preocupación de la multiplicidad de conflictos locales, y el desarrollo de las tecnologías en el sentido bélico es una carrera armamentística que nos puede llevar a una dinámica deshumanizante que parece no conocer límites, advierte el pontífice. De modo que, ante los hechos de la actualidad, la iglesia ha optado por recurrir a las palabras del concilio Vaticano segundo sobre la importancia de la interdependencia entre los pueblos; debe crecer esta interdependencia para llegar al bien común y adquirir cada vez más una dimensión universal en este sentido, con derechos y deberes que vinculan a toda la familia humana.
Los consejos que nos propone el Papa en cuanto al uso de las tecnologías apuntan hacia la idea de la libertad interior; un ejemplo de ello puede estar relacionado a la educación en la sobriedad digital, es decir, que las personas sepan lo bueno y lo malo de la web en este caso, o la protección de los menores y la lucha contra los modelos que prosperan a costa de toda la vulnerabilidad de los que más sufren y los más desposeídos. En este sentido, si la tecnología se utiliza para poder favorecer solamente algunos, existe el riesgo de socavar la libertad y de discriminar a los más vulnerables; de ahí que León XIV nos plantee que la libertad de la era digital no es solamente una cuestión interior e individual, sino que también es un asunto público que exige normas claras, transparencia y vías de recursos, y límites proporcionados al uso de tecnologías invasivas.
Y las advertencias de la encíclica no van solamente en este plano, sino que también apuntan a aquellos trabajadores silenciosos que mantienen y sustentan esta tecnología, aquellos que no son el rostro visible de las grandes empresas y, en consecuencia, además, este llamado a la atención plantea una reflexión ética y humanizadora; ya que el creciente poder de estos sistemas digitales corre el riesgo a llevarnos a un colapso ecológico insospechado dado que, si uno y las autoridades no piensan al respecto del uso de todos los recursos naturales que se necesitan para hacer funcionar esta tecnología, indudablemente podríamos llegar al punto en que no demos la satisfacción para poder llevar a cabo este avance técnico. En consecuencia, esto desemboca en una disputa cada vez más álgida respecto de los recursos naturales, cada vez son más limitados en la actualidad, y en ese sentido, hay disputas de poder vinculadas a las tierras raras o a procesos de enfriamiento de los servidores.
8. El antídoto al nihilismo: ecología de la palabra y esperanza en Cristo
Ante lo dicho anteriormente, el sumo pontífice no solamente se queda en estas observaciones, sino que nos invita a darnos cuenta que en nuestra época se vive en una notable ceguera espiritual y cultural. Nos plantea la idea de que existe un falso pragmatismo que hace la vista gorda ante las raíces de la memoria y que invita a una nueva creación falsa, desvinculada del pasado. En este aspecto, los que invitan a grandes principios morales pueden caer en un nihilismo histórico, nos dice León XIV, creyendo ingenuamente que las atrocidades del siglo XX no se podrían volver a repetir. En realidad, nos dice el sumo pontífice que estas realidades se vuelven a encarnar, pero bajo antes otras formas; así que hay que tener cuidado respecto de creer que todo se ha superado y que podemos hacer la vista gorda ante las atrocidades que ya se están gestando en nuestro siglo XXI. Estos 26 años que han transcurrido en este siglo, nos dice el Papa, se ha generado un clima de nihilismo y pragmatismo que se combinan, y que se normalizan errores graves en este sentido: fanatismos identitarios, extremismos religiosos se alían a una economía irracional y, por otro lado, la política recurre con desfachatez a la desinformación y a la ridiculización del adversario, y a la construcción sistemática de miedos y resentimientos. Ese camino no nos llevará a nada bueno.
Bajo el panorama de esta crisis, el papa León XIV apela al llamado del trabajo mancomunado, transparente y responsable, manteniendo viva la conciencia del amplio marco en que se inscriben los avances tecnológicos y los que, incluso, las contribuciones de la IA podrían estar orientadas al mejoramiento de las condiciones de toda la humanidad. Es aquí donde la cita de John Ronald Tolkien se hace indudablemente acertada; cuando el Papa manifiesta las palabras del autor de El Señor de los Anillos, nos llama a entender lo siguiente: “no nos atañe a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está a nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir, extirpando el mal en los campos que conocemos, y dejando a los que vendrán después una tierra limpia para la labranza”. ¿Qué quiere decir esto? En el fondo, debemos saber trabajar para la paz y para los demás. Y una de las claves para trabajar la paz es cuidar las palabras que utilizamos. Por eso, el sucesor de Pedro nos llama a tener especial cuidado cuando dice: “...todos debemos, por tanto, hacer un examen de conciencia sobre las palabras que usamos, sobre los prejuicios de los que están impregnadas y sobre la agresividad, abierta o encubierta, que las motiva”.
Cuando estemos dispuestos a hacer un examen de conciencia individual, colectivo —y sobre todo que lo hagan y les atañe, particularmente, a los que detentan el poder, ya sea este económico, político, religioso, cultural, social, etcétera; y por cierto, el llamado es a cada uno de nosotros, las personas comunes y corrientes—, que este examen sea un acto político el cual parta desde nuestras casas, con nuestras familias, con nuestros amigos, con nuestros compañeros de trabajo, pensando cada una de las cosas que vamos a decir, y que todo lo que se dice trae consecuencias. También la invitación en este aspecto, y como en todo lo que se ha planteado acá como una síntesis analítica de esta encíclica, apunta “a contemplar el rostro del Hijo, una magnífica humanidad que también ilumina la época de la ia. En Cristo comprendemos que el hombre está llamado a ser colaborador en la obra de la creación y no espectador resignado ante los procesos tecnológicos que limitan su libertad y su responsabilidad.”. A nuestro juicio, estas palabras sintetizan todo el mensaje que nos plantea su Santidad el Papa León XIV en este documento que me ha sorprendido y, por qué no decirlo, maravillado por su fuerza y la claridad del mensaje.


