Hay algo muy preocupante en ciertas actitudes de niñas de 9 a 13 años y adolescentes. Me refiero a una forma de ser, que en estos tiempos se está dando merced del poder de las Redes Sociales, los medios de comunicación, artistas urbanos, etc.; que influyen de manera absolutamente negativa en la infancia (especialmente en las niñas) del último lustro. La hipersexualización que padecen las niñas de hoy es un asunto serio que hay que abordar. Es posible pensar que muchos adultos en la actualidad, justifiquen esta problemática que viven las niñas por estos días, y también los niños, por cierto. Ellos no advierten, por otra parte, el engranaje de consecuencias que esta problemática genera en la sociedad. Ellos, aquellos adultos inconscientes, podrían decir que “es un signo de madurez que las niñas se preocupen de su apariencia y que quieran bailar los estilos musicales que están ‘pegando’”; bien podrían manifestar también, que; “es propio de la edad, es algo común cuando uno tiene esa edad”. Sin embargo, estos no creo que tengan razón, así tan simplemente como algunos manifiestan. Uno que ya tiene cierta edad, y que está próximo a cumplir bastantes años en este mundo, y que es padre de una niña; veo con cierto espanto y horror, cómo este fenómeno de la hipersexualidad en las niñas y niños de hoy, cada vez va creciendo en los más pequeños a vista y paciencia de padres y madres cada vez más complacientes, en este sentido, con el desarrollo de sus hijos.
Este es un tema complejo y muy debatible, estoy consciente de aquello, pero se debe reflexionar acerca de qué es lo que se entiende por hipersexualización de la infancia por estos tiempos. El desarrollo sexual de los cuerpos de púberes, niños, y niñas y adolescentes en general, no tiene que ver con la hipersexualización de la sociedad –que es un fenómeno cultural y social– como tendencia del último tiempo; sino más bien con la desvalorización de la infancia en un sentido más perverso si se quiere. Hoy (especialmente las niñas) el valor de la infancia se ha trastocado y se ha reducido a una apariencia y conducta sexual de la infancia, impulsada por la cultura y el relato imperante en la sociedad actual. Hoy se excluye o se deja de lado la inocencia de la infancia para transformarla en algo que no es: “adultos hipersexualizados”. Las Redes Sociales, en su dinámica degradada de la infancia, hacen que las niñas piensen que la apariencia es sólo lo que cuenta en la vida. En este sentido, la apariencia física es el dios a adorar por las niñas, niños y adolescentes. Es decir, el ser “sexy” en una niña, por ejemplo, es una marca de prestigio que la hace ver deseable entre sus pares, y por consiguiente, y que es peor aún, entre muchos adultos que observan este fenómeno social con ojos pervertidos o enfermos. Muchos adultos actualmente imponen una sexualidad atrofiada en las niñas, y acá me quiero centrar en ellas. El mercado de la moda, con sus tendencias siempre mercantiles, ha impuesto en las niñas, prendas de vestir que perfectamente las pueden utilizar mujeres adultas solteras, con deseos de encontrar pareja, y que en ese sentido, esa vestimenta apunta al objetivo de atraer a los varones, con aquellos atuendos femeninos que muestran más de lo que tapan en las damas. Y eso está bien para ellas y ellos, pero no para niñas que apenas alcanzan a llegar a la menarquia y ya están insinuando su potencial reproductor sin que sea el momento en sus vidas para ello. Lo que se observa es una tendencia a mostrar a las niñas como adultas sexualmente “atractivas”.
Los medios de comunicación, las redes y la publicidad, otorgan gran énfasis a este fenómeno del atractivo sexual en las niñas. Como ya hemos dicho especialmente en sus vestimentas, maquillajes, videos o reels de esta índole, donde los bailes y morisquetas altamente erotizadas son la ley; reducen la dignidad de la infancia a nuestro juicio. En otras palabras, esta es una tendencia a presentar a la infancia como una “adultez” mal disfrazada y pérfida. Al mercado le interesa vender y bajo esta lógica, no tiene escrúpulos al fomentar estas conductas, tendencias o fenómenos perniciosos para la infancia y adolescencia. Por su parte, las Redes Sociales, validan esta exposición a través de la lógica de la apariencia “sexy” que es el “todo” para ciertos niños y niñas de hoy. La cultura popular, que tácitamente es una aliada del mercado, también aporta su cuota en este tema induciendo estas conductas en la infancia, cada vez a edades más tempranas.
La salud mental y la autoestima de muchos niños y niñas se ve amenazada bajo esta dinámica descrita anteriormente, pues las personas, especialmente las mujeres aprenden desde muy niñas a verse y valorarse a sí mismas desde una perspectiva externa, centradas en su valor sexual o de atracción; y esto es también responsabilidad de los padres. Éstos, a su vez, son complacientes y muchas veces no tienen la madurez para reflexionar más allá y darse cuenta de las consecuencias y riesgos de este tema en sus hijos e hijas. Por su parte, esta dinámica inconsciente que manifestamos en este artículo, provocaría problemas de salud mental serios en las niñas, niños y adolescentes. Mantener una figura “atractiva” es un imperativo de esta tendencia en la sociedad, generando trastornos alimenticios en las niñas, por ejemplo; por ese afán de mantener la figura, porque te lo dicta la tendencia, y por otro lado, está la presión que ejercen los pares entre sí; apuntando a que –especialmente las niñas– por no querer perder esa figura “sexy”, caigan en trastornos alimenticios, depresiones y baja autoestima a consecuencia de ese desencaje. En relación a lo dicho anteriormente, es factible pensar que se difuminan las barreras entre la madurez y la madurez sexual; y esto es peligroso, pues los adolescentes especialmente corren el riesgo de embarazos no deseados y de transmisiones de ETS. Es el deber de nosotros, poner en alerta a la sociedad respecto de este problema. Se espera que lo que se dice acá tenga eco y recepción en muchas personas y que se entienda bien.
Sabemos que es difícil hablar de estos temas en la mesa familiar, pero es necesario, porque en el fondo se corre el riesgo de caer en la cosificación de la infancia en aras de un materialismo descarnado, ambicioso e inconsciente. Este tema trae muchas consecuencias negativas en los niños, niñas y adolescentes, ya que esta situación puede desembocar en problemas serios: como ver a las personas como objetos sexuales y derivar esto en formas más violentas de lo sexual, que debería ser un tesoro hermoso para las personas. Hay que pensar que muchas mujeres que han sido criadas bajo esta lógica, pueden verse perjudicadas al no ser contratadas en sus distintos oficios o trabajos, porque no encajan en el “perfil” “sexy” de una empresa. Es esto una consecuencia directa de esta problemática, pues las mujeres menos “atractivas” se podrían considerar menos competentes que sus pares “atractivas”; por el sólo hecho de no encajar en el “perfil”, para conseguir puestos de liderazgo.
En síntesis, mientras que, por un lado, hay una sexualización de la infancia que no es natural; la sexualidad adulta está perdiendo el rumbo de lo que es sano y real (natural en este sentido) en el ser humano. Al desplegar una sexualidad responsable, que no sea una construcción social y cultural que reduzca a la persona y su valor a un mero objeto, en el plano físico y sexual, podría ser esto un freno a esta situación. Este sería el camino a nuestro juicio, en consecuencia, para el desarrollo y bienestar de una sociedad que crezca de manera sana, tanto física y mentalmente, y así ver a la infancia convirtiéndose en personas adultas que no sean vistas como cosas sexualizadas; que las impongan el mercado, la mala cultura o tendencia de moda; una forma de ser que va en contra de lo que es sensato y decente en el ser humano.
















