jueves, 16 de enero de 2025

La fortuna de un náufrago

Ocultar la verdad, pasar por alto las leyes o normas y sobrevivir ante las inclemencias del mar caribe, son los ingredientes esenciales del libro “Relato de un náufrago” de Gabriel García Márquez. Vamos por parte: primero, esta historia es verídica. Es la historia de un náufrago jovencísimo, marino raso del destructor Caldas, de la marina de guerra de Colombia. Él cae de cubierta, junto con otros compañeros marineros y mucha mercancía que se transportaba irregularmente, tras movimientos violentos generados por la previa de una tormenta en ese momento. La tragedia ocurrió a un día de navegación frente a las costas de Cartagena de Indias, Colombia, el 28 de febrero de 1955. Luis Alejandro Velasco, el náufrago, tuvo que resistir por diez días el hambre, la sed, los tiburones y un sol inclemente que lo abrazaba ferozmente durante todo el tiempo de la sobrevivencia. 

El relato marca el debut literario del joven periodista, por ese entonces, Gabriel García Márquez, quien trabajaba para el periódico “El Espectador”. El joven marinero se acerca al futuro Nobel de Literatura con la intención de vender su historia, la cual es novelada por el escritor, entregada al público lector, escrita en primera persona. La obra fue un éxito. Pero la notoriedad alcanzada por el relato en su momento, no estuvo exenta de polémica: por una parte las autoridades marítimas, que se regían bajo el gobierno de facto de Gustavo Rojas Pinilla, negaron el hecho en su momento y desconocieron todo el apoyo que le habían prestado al desventurado marinero. Por otra parte, entre el escritor colombiano y Luis Velasco hubo entreveros judiciales por los derechos de autor de la obra, al inicio de la década de los ochenta. 


La historia es sencilla para el lector, pero a la vez, es extremadamente compleja para Luis Velasco quien no sabe cómo sobrevivir en el inicio de su peripecia, y, por cierto, no encontrará nada que lo mantenga vivo, sino su determinación de no dejarse morir, aunque si hay un par de hechos que le ayudarán a sobrevivir. En el comienzo del relato se establece cómo son los compañeros de Luis y lo que hacían en tierra: ir a ver películas al cine con las novias de turno e ir a bares para pasar el tiempo, ya que el acorazado estaba en faenas de reparación en el país norteamericano, por un lapsus de unos ocho meses. Cuando los marinos del destructor Caldas debían zarpar rumbo a Cartagena de Indias, muchos de ellos habían perdido su capacidad de aguantar los mareos de la embarcación. Aquello debían prácticamente aprender nuevamente, porque el tiempo pasa y lo que no se practica queda relegado al baúl del olvido, como todo en la vida humana. 

El relato avanza rápidamente al momento de la tragedia, y ya en el capítulo tercero, se nos muestra cómo cada uno de los compañeros de Luis, que han caído al mar, van sucumbiendo ante las inclemencias de un océano embravecido. Inevitablemente, Luis, queda solo pero se libra de la muerte en una rudimentaria balsa que logra alcanzar azarosamente. La consciencia de la muerte de sus compañeros y la soledad hacen sentir al náufrago un miedo indescriptible: “Mi primera impresión, al darme cuenta de que estaba su­mergido en la oscuridad, de que ya no podía ver la palma de mi mano, fue la de que no podría dominar el terror.” No obstante al miedo, Luis, logra superar el miedo y sigue adelante a pesar de todo.


La resiliencia y la perseverancia para mantenerse con vida, (mención especial para su juventud) son dos elementos claves para entender la mente de este superviviente, ya que sin estas actitudes, el joven náufrago hubiera sucumbiendo rápidamente ante la presión y las inclemencias de la naturaleza. ¿Cuáles son los recursos que puede darle la naturaleza a un hombre en esa situación? Muy pocos, sin embargo, a veces la vida sorprende y puede entregar pequeños aportes que si logramos dejar de lado los escrúpulos, éstos nos pueden salvar la vida y mantenernos a flote, literalmente. Las gaviotas, los peces e incluso el agua de mar, otorgan esa cuota de esperanza para una persona que se encuentra al límite. También es importante, en el ser humano, la capacidad de observación del medio en que uno se encuentra. Esta capacidad ayuda a que las personas no se dejen abandonar a su suerte, y en cierta forma, nos colabora en el momento de mayor dificultad, cuando la fortuna te da un empujón. Revise el lector el capítulo que versa acerca del cambio en el color de las aguas, mientras él seguía a la deriva en el océano, en el mar del caribe. Esto fue fundamental para el joven marino, porque le dió la certeza de que tenía esperanzas, posibilidades de seguir con vida, debido a la proximidad de la costa y todo lo que esto implica en términos de sedimentos que llegan de la tierra al mar y que hacen cambiar la tonalidad de las aguas. La observación como base en el progreso humano y también en situaciones de sobrevivencia. Establecer relaciones, patrones y detalles con atención es, en el fondo, percibir y analizar. Esto es la base del progreso; es en esencia, para Luis la delgada linea entre la vida y la muerte.

Nuestra intención es reseñar este libro, sin la pretensión de hacer un resumen excelso del mismo. La idea es dar a conocer lo fundamental para que los lectores descubran en sus propias lecturas, aquello que les haga sentido del texto, y en este sentido, logren valorar el mensaje que cada obra esconde. Por lo tanto, para concluir, es necesario tener presente que en cada tragedia humana, siempre hay una cuota de fortuna (negativo o positivo), que determina el destino del hombre. Es como si los dioses tenían claro que de alguna manera, Luis Velasco, no debía morir en 1955 sino que en el año 2000 a los 66 años de edad aquejado de un cáncer. Es como si la Moira hubiese querido que García Márquez transfiera esta historia de sobrevivencia y sacrificio humano, a todos aquellos que se sientan atraídos por esta historia, para extraer una lección clara respecto de que la determinación humana es algo que incluso los dioses desconocen.

viernes, 10 de enero de 2025

El sonido y la furia en cuatro días

Leer “El sonido y la furia” de William Faulkner es sumergirse en un mar tortuoso desde el punto de vista narrativo. A la vez, también, es conocer la profundidad del alma humana. Es conocer la historia de los Estados Unidos, especialmente, de las tierras del sur de ese país, a través de la genialidad de inventar, por ejemplo, un condado ficticio, llamado “Yoknapatawpha". Este autor, premio Nobel de Literatura, se inscribe en la lista de aquellos autores que han creado sus propios escenarios narrativos, y que han hecho cánon en la historia de las letras, a la usanza de Rulfo o García Márquez. Finales del siglo XIX y principios del XX, son los marcos epocales para esta historia, la cual admite otra gran genialidad de Faulkner: sólo en cuatro días nos cuenta las miserias y la decadencia de la familia Compson. Familia, latifundista, que históricamente su fuente de ingresos fue el algodón, misma materia prima que irá con los años decayendo en los mercados y que será, de una u otra forma, parte de la caída socioeconómica de la familia Compson. En cuatro días de relato, tenemos acceso a la vida de los Compson como lectores. La técnica narrativa utilizada no es secuencial, plasmando cuatro días seguidos en la vida de estos personajes, sino que se presenta un tiempo no lineal: 


• 7 de abril de 1928

• 2 de junio de 1910

• 6 de abril de 1928

• 8 de abril de 1928

Esta estructura hace que la lectura sea un tanto desafiante junto con otras técnicas narrativas que utiliza el autor, tales como un lenguaje experimental, flujo de la consciencia y múltiples narradores. En el sentido de los narradores, destacan las voces, a juicio personal, de Benjy, Quentin y Jason. El caso de Benjy es especial y amerita la compasión absoluta e incuestionable del lector. Uno termina queriendo a este personaje. Saber cómo un ser humano con discapacidad mental, es visto como una carga y un castigo por parte de su propia familia –esta es la impresión que me deja la lectura respecto de la actitud familiar para con Benjy–, es algo que a muchos futuros lectores de esta novela, puede indignar, sobretodo cuando nos llegamos a enterar cuál es el paradero de este personaje al final de la obra. La parte que narra este personaje contiene la real furia, que ejercía la familia en su contra. Esto resulta ser de una indolencia descarada, que Benjy la siente y la tolera, tratando de alzar su voz ante el atropello (quizás esta interpretación es exagerada de mi parte), con berreos que son el seco sonido de su desesperación no escuchada. Él ha perdido su prado, que ha sido vendido para costear los estudios del hermano, que decide suicidarse a son de lo que el lector descubra. Benjy, además, pierde el fuego y su… en fin, no queremos poner en alerta con lo que el lector se pueda encontrar en esta obra. Es acá, en todo caso, la expresión de mayor humanidad de la obra, pero también la más desafiante de entender. Hay que tomar en cuenta que en Benjy estamos en presencia de un lenguaje especial, que transmite lo que ve y siente el Compson más desprotegido, en relación a la vida cotidiana junto a su familia y a los negros. 

Aquí destacan la figura de Dilsey, aquella sirvienta-cocinera de los Compson, que a su vez es una suerte de matriarca negra que ha sido la testigo silenciosa e histórica de la ruina de sus “empleadores”. La impresión que da la relación que tiene con los Compson es de una esclava con sus amos. Sin embargo, en algún momento de la historia, Jason, cuando ya tiene que rematar sus bienes, puesto que las circunstancias lo ameritan, manifiesta que los Compson se han librado de los negros, y que de alguna forma esto no se ha dado a la inversa. Los sirvientes negros en la obra representan ideas interesantes y dignas de ser repasadas. Ejemplo de ello se dan en los contrastes sociales y las costumbres religiosas que tienen los negros. A pesar de la vida sacrificada y postergada de la gente de color, estos personajes representan de alguna forma una especie de resistencia ante las injusticias que se viven en los estados sureños del Estados Unidos de esos tiempos. Luster y su abuela, Dilsey, son observadores mudos de las relaciones familiares tortuosas de los Compson. El amor, el honor, el odio, la culpa y la traición son temas fundamentales en esta obra, y son la piedra angular que sustenta esta obra, y de alguna forma los negros entienden estas ideas y las callan sin intervenir mayormente. Es complejo que el lector descubra estos aspectos esenciales, la novela se torna difícil de comprender a ratos. 


Quentin comete supuestamente incesto con su hermana Caddy; la culpa los debería carcomer, pero expresamente eso no se aprecia en la historia. Se sabe que la hermana de Quentin tiene un hijo fuera de su matrimonio. Piensen, queridos lectores, que este personaje es crucial para la familia Compson; se puede considerar el centro emocional de los suyos, y cuando queda embarazada, esto genera el inicio del fin para esta familia. Es expulsada, ya que ha traicionado los valores tradicionales de la familia, que son los de la sociedad norteamericana de la época, y, por tanto, trata de criar a su hija, Quentin (el nombre del bebé es el de su hermano muerto, ¿rebeldía?), de la mejor manera posible. Un día Caddy deja a su hija en la puerta de la casa de sus padres y nunca más aparecerá. Eso sí, se preocupa de la manutención económica de su hija y envía regularmente recursos para ello. Acá, otro punto clave que involucra a Jason. No mencionaré mayor detalle al respecto, para que el lector vea por sí mismo qué sucede aquí, en este aspecto.

Jason merece un párrafo aparte. Este personaje personifica una serie de atributos que dejan bastante que desear en cuanto a su comportamiento y las relaciones que establece, especialmente, con su sobrina Quentin. Los lectores sabrán juzgar las acciones de Jason. Sólo decir que su actitud traicionera es el reflejo del ser humano frío, ambicioso, resentido y manipulador. Ustedes sabrán entender el porqué de su resentimiento respecto a su trabajo y lo que él deseó tener como puesto laboral soñado, por ejemplo. Su resentimiento nace de la relación con su hermana Caddy, pues la culpa de la decadencia de la familia, considerándola una “zorra”. Utiliza su posición de poder para controlar a su sobrina y a su madre, especialmente en la época en que el patriarca Compson ha muerto. Su temperamento es violento y explosivo. Es capaz de cometer los actos más violentos, por lo menos esa fue la impresión que me dejó. Esa forma de ser se extiende a los sirvientes y a cualquier persona que no vaya en su misma línea. Se muestra egoísta e interesado por su propio bienestar. En definitiva este personaje da a conocer al lector que es el representante de la decadencia moral y material de su familia, dejando tras de sí, una atmósfera de desolación y desesperanza. Hay que ponerle ojo a este personaje para entender bien la dinámica familiar y la tragedia de la cual es su rostro. ¿Qué otros adjetivos podemos darle? Bueno, pienso en dos: antipático y repulsivo, como el que más.

A modo de despedida, lo único que me queda por decir, es que esta obra me sorprendió para bien. Mi padre me regaló el libro por allá en el 2017, pero no me había nacido leerla y ahí se quedó en mi biblioteca hasta la semana pasada, cuando me aventuré en sus páginas. No niego que fue compleja su lectura y que me tomó un poco más de tiempo consumirla. Un par de veces tuve que pedir asistencia a los prodigios de la modernidad para aclarar dudas. Sin embargo, ante las complejidades de su lectura, es una obra que vale la pena en todos los sentidos, porque nos invita a darnos cuenta que la miseria humana está más cerca de lo que pensamos, incluso en la misma familia. También nos invita a pensar en aquellos que son más débiles ante aquel que ostenta más poder, y, de cómo, la verdad y la libertad son valores fundamentales que se deben buscar y saber que, los que nos envidian y odian, puede limitar nuestra libertad, y también, cómo la verdad o la mentira, juegan un papel fundamental a la hora vivir una existencia plena y en paz. 

sábado, 4 de enero de 2025

Las redes sociales y sus redes

A propósito del poema “Hueso” de Óscar Hanh, he reflexionado que bajo todos los puntos de vista y en última instancia, estamos condenados a la vanidad, estupidez y la hipocresía más absoluta que existe, y no lo digo por decir; lo manifiesto porque cada día que pasa, se presenta con mayor potencia esta idea en la sociedad. Este Pathos vanidoso, hipócrita y hedonista es como si fuese una especie de dolor punzante, de droga paralizante, pero es un dolor real, por lo menos para nosotros; esto nos causa una gran punzada dolorosa. La preocupación aparece y se somatiza. Aparece en alguna parte del cuerpo, está allí todo el tiempo, molestando, entorpeciendo el correcto discurrir de los días y de la vida normal; aquella que es pensada y que se detiene un tiempo para masticar la realidad. Me refiero a algo que excede al sentido común, el buen criterio y que roza la imbecilidad: la vanidad (y muchas otras sub manifestaciones que tiene) y las ansias de figurar como sea en las famosas redes sociales. Esto se muestra de diferentes maneras y aborda diferentes temas. ¿Qué me hizo pensar en estas cosas? Lo menciono arriba: fue gracias al poema “Hueso” del poeta chileno Óscar Hanh que llegó a mí nuevamente. Ya he perdido la cuenta de las veces que lo he leído. Pero esta vez generó una honda reflexión respecto de esta y otras cosas. 


La vanidad humana está en todas partes y se manifiesta de múltiples formas. La cultura humana es portentosa y abarca todo el planeta. La irrupción de la tecnología digital y las redes sociales, han dado tribuna para que todos expongan su ser de la mejor manera que puedan, aunque dudamos que los multimillonarios creadores de las redes sociales hayan tenido una intención altruista cuando dieron vida a estos pequeños medios de comunicación personales. También dudamos que alguna vez se utilicen, por la inmensa mayoría de las personas de este planeta, adecuadamente las benditas redes sociales. Fomentar conocimiento y cultura conducente deberían ser los ideales de la sociedad, sin embargo, es todo lo contrario en estos escaparates comunicativos: banalidad, sexualizar todo aquello que se pueda vender y comprar y, por supuesto, una infinidad de estupideces. Pensemos en aquella niña (sí, vamos a tomar el caso de las mujeres, por ser el más paradigmático en relación al tema que abordamos), que a sus tiernos diez años está en aquella zona intermedia que va entre la infancia y la pubertad, lo que es la puerta de la adolescencia. Pensemos y tomemos conciencia que a esa edad la mayoría de las niñas comienzan a centrar su atención en su aspecto físico, en el maquillaje que usarán para ir a un evento de la escuela, la vestimenta a ocupar en alguna junta con sus amigas, etc. Pensemos también que a esa niña la acompaña un teléfono inteligente; estos aparatos espectaculares que tienen como cuatro cámaras (cada una mejor que la otra) para captar fotos y videos de la vida íntima de cada ser humano. Esta idea a nuestro gusto es muy maquiavélica, puesto que de alguna forma hace de cada uno, un criminal, que roba de su propia intimidad, para luego venderle esa privacidad de la vida personal a otra persona que a su vez hace lo mismo que los demás. Eso es muy criminal: al final terminas, como dueño de una red social, lucrando con la vida ajena. Pero esto es un botón para la muestra, ya que el asunto da para mucho. 


“Detrás de toda gran fortuna hay un crimen”. Esta cita se le atribuye a Balzac y aparece en la obra de Mario Puzo, “El Padrino”. El lector se preguntará, sin duda, si esta cita tiene que ver con lo que estamos hablando, y claro que sí. Acá el crimen está en el daño cultural y social que han hecho las RRSS. Es evidente que estas plataformas comunicacionales reportan millonarias ganancias diarias a quienes son sus dueños. El combustible de estas máquinas de hacer dinero es el ego, la validación social mediante una cultura de la ostentación de aquella persona que muestra su vida en estos escaparates digitales. El código de comunicación no es el signo lingüístico, sino que la imagen en movimiento. El video corto muestra lo que realmente nos está pasando: la pérdida de nuestra humanidad, de nuestra esencia. Entiéndase que acá hablamos acerca de las ansias de trascendencia integral, en un sentido humanístico. También se puede entender así este fenómeno. Y esto pasa específicamente por el extravío casi irreversible de la palabra. Es la palabra y su uso no pueril y dedicado a la reflexión más profunda de uno mismo y la realidad circundante, lo que nos permite llegar a esa trascendencia. Pero este no es el tema del que ahora quiero ocuparme por completo. La idea de la pérdida del lenguaje es aquello que puede entenderse como una manifestación más dentro de este gran fenómeno de la RRSS, que tiene que ver con la decadencia social y cultural, por lo menos en esta parte del mundo se está dando así. 

En las tan valoradas redes sociales, las personas usuarias de estas plataformas comunicativas, que esencialmente son niños que van desde los ocho años en adelante y, por cierto, adolescentes (¡sí que los hay!) y algunos otros que ya están bien pasaditos para los bailecitos y las selfies de sus cuerpos, enseñando traseros, senos y curvas varias, pierden su condición más humana: la reflexión. Es cosa de analizar un tanto las redes, para saber cuál es el “contenido” que predomina. Hoy se da el fenómeno que plantea Gregorio Luri (2017), aquel sociólogo español, que plantea que estamos viviendo una inversión de roles etarios: los pubers quieren ser adultos (sobretodo las niñas con altos niveles de sexualización de sus contenidos que comparten en redes) lo más rápido posible, y aquel, de los adultos de treinta años y un poco más, que quieren alargar lo más posible una adolescencia ya ida, sin tener encima de sus hombros la carga de las responsabilidades, etc. Esto es lo que se denomina, quizás de manera peyorativa, el síndrome de “Peter Pan”. ¿Realmente estamos en ese momento de la humanidad en el cual los nuevos “adultos” han perdido la brújula respecto de aquellas etapas de la vida que se van quemando, y que naturalmente, van quedando atrás en la vida? Este es un fenómeno social al cual se le debe poner atención, ya que es un indicador claro del extravío mental que generan las redes sociales, incluso en adultos, que por lógica deberían mostrar seriedad y responsabilidad, y sin embargo, sólo desean diversión y aceptación de los otros en las RRSS. Hoy, cuando estamos escribiendo este artículo, nos hemos enterado en la prensa nacional, que un padre hace que su pequeña hija de cinco años sin casco, maneje una moto de alta velocidad en una carretera a alta velocidad, mientras el hombre la grababa muy relajado viajando de copiloto. La irresponsabilidad y estupidez es infinita en algunos; acá un botón para la muestra. En el video que el hombre sube a sus redes, el lema del registro es: “mi hijita será tranquilita”. ¿Por qué hace esto este hombre? Respuesta: validación social en redes y una actitud infantil exacerbada, en la cual las ansias de figurar en estas plataformas son más fuerte que el sentido común, el buen criterio y la responsabilidad parental. Lo que uno puede ver acá es (aparte de la imbecilidad) que las personas pierden la barrera entre lo real y lo imaginario. Esto es lo que le sucede a aquellos adolescentes de treinta años y a los auténticos quinceañeros. Aquellos (adultos o adolescentes) que viven en un mundo paralelo, que se potencian en un medio social en el cual, cada vez hay con mayor fuerza, más aparatos celulares y conexión a la web, son las reales víctimas de este cuento. Según Del Petre, A. y Redon Pantoja, S. (2020): “el 42% de la población mundial tiene acceso a internet. El 78% de los adolescentes en Chile tiene un perfil creado en redes o juegos.” Las relaciones de proyección y participación que generan las redes no son las adecuadas a nuestro modo de ver el asunto. Las redes serán otra forma de ser, de existir en una realidad paralela; pero qué realidad más triste y falsa, en la cual estás esclavizado a validar tu yo por todas partes para tener cabida en ese mundo. Te autodefines perpetuamente donde estás obligado a ser una o más identidades para poder habitar en la red, cómo bien lo establecen Del Petre, A. Y Redon Pantoja, S. (2020). Los valores y prioridades de la red, en primera instancia están determinados por algoritmos de IA, que conducen los valores y prioridades de los usuarios en la red, incluso son determinantes en procesos eleccionarios, en democracias tan sólidas como la estadounidense. ¿Qué tanto más le podría hacer a niños, adolescentes y “adultos” infantilizados? Éstos se deben a su audiencia real o imaginaria y también se deben a la percepción que ellos mismos tienen de sí y de sus públicos y viceversa. Sin estos elementos estos usuarios pierden su centro, el sentido de sus vidas. La performatividad en la red social es una fuerza potente, que genera que el “yo” sea un efecto del lenguaje preponderante, del discurso y de la cultura que impere en la red. Esto sucede todo el tiempo y ya fue advertido de alguna forma por Nietzsche y por Foucault, guardando las distancias temporales lógicas de estos pensadores, respecto del tema que tratamos acá. Así sucede según lo plantea Judith Butler (como se citó en Del Petre, A. y Redon Pantoja, S., 2020) al manifestar que el yo se conforma en base a estas ideas. En otras palabras, en la web y las redes hay muchos “yo” dando vuelta que buscan la validación a toda costa. Mantener todo el aparataje de las RRSS. como el perfil actualizado, fotografías y videos nuevos, publicaciones, agregar páginas y comentarios sobre publicaciones de otros, y la sensación del anonimato, son actos que constituyen un cambio de realidad: son actos performativos de alguna forma que conforman la subjetividad del usuario (Cover 2014). La identidad colectiva e individual se define bajo esta lógica, es decir, bajo la premisa de una validación, consenso y aceptación en los otros. ¿Pero a qué costo? ¿Será que vivimos la época donde el individuo pensante, deje de manifestar lo que piensa para no ofender a su contraparte cretina, según como alguna vez lo manifestó Dostoyevski? Lo que hace nutrir a este yo hedonista, vanidoso y adolescente es en el fondo una construcción simbólica de ese yo ridículo e ignorante que abunda por doquier en las redes. Lo que decimos acá, no significa estar en contra de lo banal o superfluo (que en algunas ocasiones es muy útil en términos psicológicos para las personas), sino más bien damos una voz de alerta respecto del exceso de estupidez que abunda en las redes sociales. Pero uno de los aspectos más tristes, y que se conectan a nuestro juicio con el mensaje que nos deja Óscar Hanh en su poema “hueso”, es en el fondo, esa sensación de esclavitud a la imagen que se disolverá en algún momento, porque todo lo consume el tiempo. Esa dependencia enfermiza de mantener un yo falso, cual top model, que no puede dejar de ser bella, es en última instancia una: “hiperexposición a los otros, que se explica desde un nivel de implicación, estimulado por un cierto efecto Hawthorne: la mejora del desempeño, en este caso el de compartir mejores fotos, vídeos más elaborados, contribuir más a una comunidad o ser un partícipe más activo, se nutre de la hiperestimulación seductora e inmediatamente gratificante de obtener feedback de cada microacción que realizamos.”, según lo plantean Del Petre, A. y Redon Pantoja, S. (2020). En el fondo lo que se vive en estos términos es que los usuarios de las redes sociales se encuentran siempre en una vitrina virtual, en la cual siempre deben responder a un modelo de sociedad, simplificada y hedonista, donde las evidencias de tu existir (videos y fotos), son la prueba de tu éxito social, que en el fondo es la única manera de ser reconocido y ser visible en ese mundo (Portillo, 2016). Esto genera en el sujeto-usuario una suerte de estatus a mantener todo el tiempo. Pero si no se opera bajo la lógica de sobreexposición que hemos mencionado, realmente el usuario tendrá “miedo a perderse de algo”, porque en el fondo deben estar esclavizado a esa aprehensión generalizada respeto a la idea de que los demás están teniendo experiencias gratificantes de las que esos sujetos están ausentes. Es esto lo que genera el deseo de estar constantemente conectado con lo que los otros están haciendo. Sin esto, uno podría pensar, que esos usuarios sometidos y esclavizados no son nada. 

A modo de conclusión, hay que comprender lo importante que son las redes sociales, sobretodo para las generaciones más jóvenes. Es por eso que se debe poner en alerta su mal uso y, también, hacer reflexionar a la sociedad en su conjunto respecto de que estamos atravesando por una de las más grandes crisis que haya vivido la humanidad y, que ésta, se relaciona directamente con un nihilismo postmoderno, que tiene sumida a la población entera del mundo, en eso que Baudelaire llamaba el Spleen de París; la sensación más hastiante y agobiante del mundo. Todo gracias a las gloriosas redes sociales. Pero el gran público no sabe cómo manifestar este sentir. Tal vez, aquello que hemos manifestado, a lo largo de todo este artículo, respecto de las Redes Sociales y sus usuarios, y de las maneras de relacionarse y utilizarlas que tienen los jóvenes en ellas, puede ser una manifestación diferente de ese Spleen Baudelaireriano. Uno nunca sabe. Quizás Hanh, en este sentido, tenía razón cuando decía: “La carne es pusilánime/Recurre al bisturí a ungüentos y a otras máscaras/que tan sólo maquillan el rostro de la muerte”. Estos versos nos dejan un sabor especial en el paladar, en el cual se realza la idea respecto de la vanidad (como tantos otros temas que hemos abordado acá) como uno de los ejes centrales de las famosas RRSS, a nuestro gusto. Es imperativo que se haga una revisión de los intereses que se desvirtúan en las redes sociales y que confunden a los usuarios, los cuales no logran distinguir entre lo importante y conducente versus lo pasajero, lo desechable y lo banal, que se estilan como el pan de cada día en estas plataformas “comunicativas”.

viernes, 27 de diciembre de 2024

Balance 2024: entre risas y llanto

Este fin de año, el escritor chileno Rafael Gumucio, ha entregado una sabrosa entrevista al medio X-Ante. Al final del escrito les dejaré el enlace de la entrevista para que la tengan a la vista. Las palabras del escritor chileno me han motivado a presentarles el siguiente poema en prosa inspirado en esta entrevista:

Balance 2024

Lo que nos alegró este 2024 a los chilenos:

El presidente es fértil y la pone (“con todo respeto” dice JC.)

Subirá su popularidad cuando nazca su hijo, porque será varón, y no hembra problemática.

Marcará más que Piñera.

Se le recomienda que su hijo tenga nombre de arcángel, para que sea occidentalista.

Lo que nos amargó:

La muerte se posó en Medio Oriente, ocupando al peón de Hamas. Israel respondió absurdamente. Cae el peón ruso de Aashar Al-Assad. Esta es la primera alegría del año, quizás. 

Pero en Chile creció y llegó a ser adolescente, la delincuencia y el sentir de la frustración.

Este año es nada más ni nada menos que desquiciado y loco.

Lo grave: Hermosilla y Monsalve. Cubillos practica el sexo oral ideológico; una variante de las siete derechas que hoy coexisten, incluso la derecha-comunista y cobarde. 

La favorita resultó la Polizzi, que pasó de política prometedora a desarrollar una brillante carrera en OnlyFans, o sea, hizo un convenio entre el cuerpo y el dinero. Pero hay una verdad profunda en este emprendimiento de la Polizzi: la revolución feminista no puede con el “viejo mundo”. Celebra la nueva forma de prostitución y las mismas mujeres son sus propias promotoras.

Todo vuelve con otros nombres.

Trump hace reír pero indigna. Camila Vallejo es un cabaret con el color de su rouge. 

Kaiser quiere ser el Milei chileno. Tomás Vodanovic tendrá más músculos que cojones. La Evelyn está navegando sola, rodeada de pirañas y con el viento en contra. 

Pero el más imbancable es Jadue, mostrándose siempre antipático, soberbio, mala persona, deshonesto y equivocado. Su peinado no lo acompaña y eso, es lo peor de todo. Mal ahí.

Trump se pondrá más peligroso que mono con navaja, porque busca aplicar su ideología.

Si Pedro Pascal tuviese una buena película podría llegar al Óscar, pero le falta una buena película al hombre. 

Está loca la cosa este 2024, y eso que quedan unos par de días para que termine. 


En definitiva el 2024 ha sido esquizofrénico y lleno de amenazas de distinta índole. El escritor nos hace un escueto balance de este año que ya se nos va. Creo que el humor en sus respuestas nos acercan con mayor curiosidad a su figura, para entender la postura de uno de los literatos y pensadores, que tiene tribuna en este país. Por tanto, debería regalarnos más joyitas como esta, para que el público lector disfrute más intensamente de sus ocurrencias e ironías, pero también de sus potentes reflexiones. Creo que le dio en el clavo con que el feminismo no puede con el orden del viejo mundo. Por lo menos es generoso en la entrevista, y nos deja ver el carácter hipócrita del movimiento, porque a final de cuentas, han demostrado sólo palabras y nada de hechos concretos. No veo por ninguna parte un cambio sustancial respecto de los patrones culturales predominantes del patriarcado, por lo menos en el plano nacional. Es evidente que casos como el Monsalve deberían haber movilizado la indignación del mundo feminista chileno, pero no hubo, a la postre manifestaciones potentes de rechazo y condena ante el caso mismo y respeto de todo lo que redeó en términos políticos esta situación para el gobierno de Boric: el gobierno autodenominado feminista. En fin… hay harto que decir pero nos exederíamos demasiado, siendo el eje de este texto otra cosa.  

Por lo menos tenemos un literato que alza la voz y acusa una verdad incómoda que hoy muchas no quieren ver o sencillamente, miran al lado esperando que todo en este país se lo lleve el tiempo y el olvido. 

Es probable que el olvido haga su trabajo junto con el tiempo para que todo lo que hoy molesta y escandaliza se vaya. Pero también es cierto que ya estamos entrando a una zona de acostumbramiento de esta realidad idiota e hipócrita en esta, nuestra sociedad chilena, que esta nación y sus habitantes nos vienen mostrando y deleitando hace ya no poco tiempo y que realmente es alucinante.

 Acá todo queda relegado debajo de la alfombra, hasta que una nueva basura ocupa las miradas de la opinión pública y el ciclo sempiterno vuelve nuevamente a sus inicios, en este circo llamado Chile. Por lo menos tenemos un intelectual que no olvida temas importantes como lo es la reforma de pensiones y toda la chimuchina de las AFP, pero qué digo: ya esto deja de ser chistoso. No necesitamos seriedad en este país; necesitamos más estupidez y sin sentido para disfrutar de hilarantes entrevistas como esta: 

https://www.ex-ante.cl/rafael-gumucio-el-2024-parecia-ser-tranquilo-hasta-que-se-transformo-en-un-ano-desquiciado-y-de-locura-mundial/





viernes, 20 de diciembre de 2024

Dragón Ball y un legado que perdura

Por estos días he terminado de ver todas las sagas de Dragón Ball. Este animé, que primero fue un manga, ha tenido un impacto cultural profundo en la sociedad occidental, especialmente en la generación X, millenial, e incluso en algunos Z. Akira Toriyama, su creador, revolucionó el mundo de este tipo de expresiones narrativas, por allá en los años ochenta. Artes marciales, aventuras y también el humor están presentes en los distintos capítulos que esta serie nos presenta en cada saga; en donde las habilidades de Son Gokú (el protagonista), su carisma y su compromiso de superar sus propios límites, marcan algunos de los valores o principios que no deja esta serie animada. 


Muchos podrían pensar acerca de cuál podría ser el legado o el aporte que han dejado estos “monos animados” a la sociedad. En cuanto a esto, reflexionemos respecto de este punto, haciendo un análisis más o menos riguroso de cada una de las sagas y los momentos más memorables que este animé nos presenta, cómo también su impacto cultural en nuestra sociedad.

En primer lugar, debemos hablar del pequeño Son Gokú, cuando éste llega al planeta Tierra, enviado por los sayayines; una raza de guerreros extraterrestres humanoides con fuerza sobrehumana, que son capaces de destruir planetas enteros con sus sorprendentes poderes. Estos guerreros, comandados por el rey Vegeta (padre del famoso príncipe saiyajin, que será la contraparte de Gokú a lo largo de todas las sagas. ¡Ya hablaremos de él! ), tienen como misión conquistar planetas y venderlos y entregar los réditos al emperador del Universo, Freezer, otro gran personaje de esta serie. Para cumplir este cometido, los sayayines envían a distintos guerreros de diferentes niveles de fuerza, cuando estos son apenas unos bebés de pecho, a los planetas que quieren someter. Es en este contexto donde el abuelo Gohan descubre a Gokú, solo, a los pies de la montaña Paoz. Este hombre comienza a criar al pequeño bajo las enseñanzas de las Artes Marciales y de los valores humanos. Al principio, el niño se mostraba arisco y malhumorado, con un carácter muy fuerte y autoritario con su abuelo adoptivo. Esto es el sello de los sayayines como una raza guerrera y sometedora. En uno de los paseos que habitualmente Gokú desarrollaba con su abuelo por montañas y campos, el niño se resbala de los brazos del hombre, y cae por un precipicio, golpeándose fuertemente en la cabeza. Su abuelo adoptivo lo atiende de la mejor manera hasta que el niño se recupera rápidamente. El cambio fue sorprendente en el pequeño: se transformó en un niño afable y bonachón. Es en estos momentos en que el infante sayayin sabe de la existencia de las esferas del dragón gracias a que su abuelo le habla de ellas. La persona que reúna cada una de las siete mágicas esferas, puede pedir cualquier deseo que se le ocurra. Esto, lo saben todos los fans, y también saben que el dragón Shen Long aparece y cumple el anhelo de quien lo convoca. Pero todo parte, en términos argumentales respecto del canon de Dragón Ball, cuando Son Gokú conoce a Bulma. Este personaje femenino resultará fundamental a lo largo de todas las sagas o partes que este animé tendrá. Es ella un personaje que pretende siempre buscar una solución tecnológica a los problemas que se presenten, por ejemplo, inventa el radar del dragón, objeto con el cual pueden buscar las esferas, y que sin él no podrían haberlo hecho nunca. Es ella, que ya cuando son adultos con Gokú, logra doblegar amorosamente al orgulloso y altanero Vegeta, príncipe de los sayayines, quien en sus inicios en la historia, se muestra como un enemigo poderoso y temible por su carácter despiadado y su indolencia extrema; no por nada fue lacayo de Freezer. Logrará Bulma formar una familia con él y también logrará hacer que Vegeta en cada momento en que está a punto de perder una batalla, que le costará eventualmente la vida, piense en ella y en su hijo Trunks (sabremos después que Bulma tendrá una hija, justo cuando comienza Dragón Ball Super, llamada Bra). Es Bulma un personaje tan carismático e inteligente, que incluso va a manipular con comida deliciosa al dios de la destrucción del universo 7, Beerus Sama, el cual tiene como debilidad los exquisitos platillos terrestres y las prolongadas siestas que toma, para que esta divinidad de alguna manera cumpla los deseos de la bella e inteligente Bulma.


Son Gokú desde muy niño vive importantes aventuras y luchas. En el transcurso de esas correrías es donde conoce a más amigos; así aparece Krilim, el maestro Roshi, Yamcha, Picoro Daimaku (Piccolo Jr.), Ten Shin Ham, etc. Es el Maestro Roshi uno de los personajes más emblemáticos, criticables y cómicos de este animé. Es el primer Maestro que tendrá Gokú a lo largo de toda su vida. Es él quien le enseña la gran técnica del Kamehameha; un ataque que se lanza acumulando la energía que se reúne en las palmas de las manos para luego lanzarla directamente a los rivales en las peleas. Los entrenamientos que el maestro Roshi o Kame Senin, siempre fueron muy rigurosos. Sin embargo, no tenían tal apariencia, ya que más bien eran trabajos domésticos del campo, y no obstante, estos entrenamientos lograban su objetivo: hacer más fuertes y hábiles a Gokú y sus amigos en las artes marciales. Este animé no está exento de polémica, ya que la actual cultural de la cancelación que está imperando en el primer cuarto de siglo XXI, ha hecho de un personaje que a todas luces es un viejo verde o un depravado (hablamos de Roshi), dado su excesiva compulsión hacia las mujeres, sobretodo si son jóvenes y hermosas, un sujeto cancelado socialmente por el motivo ya mencionado. Bajo está lógica no existiría un personaje así, en ningún tipo de caricatura o proyecto animado. Lo más probable es que en los años ochenta y noventa cuando el animé llegó a esta parte del mundo, el discurso subido de tono en cuanto cosificación de la mujer como objeto sexual y de explotación laboral, era algo normal y aceptado como natural. Hoy en día no es así. Hoy, todo es objeto de ser visto como el resultado de una ofensa. Es probable que el maestro Roshi hubiese sido puesto en el banquillo de los acusados, por el sólo hecho de dar vuelta su mirada para ver la figura de una mujer guapa. Es cierto: Roshi es un degenerado sin remedio, pero en la saga de Jiren, entrena su debilidad absoluta: las mujeres bellas y jóvenes, gracias a la ayuda de Puar. Este personaje es casi de tercera categoría, con una participación muy acotada a situaciones más bien infantiles, en cuanto a la trama se refiere. Puar (la mascota de Yamcha, que es un gato volador y parlanchín), tiene la habilidad especial de transformarse en cualquier objeto o ser. La prueba para purgar las pasiones de Roshi, y así ser digno de participar en el Torneo de la Fuerza organizado por Zeno Sama, el dios supremo de toda la cosmovisión del animé, es encerrarse en un pequeño cuarto con gato del guerrero Z, transformado en una apetitosa jovencita. A los ojos del maestro de Krilin y Gokú, esta es una prueba de total seriedad. En definitiva, Kame Senin, es un personaje con múltiples facetas. Sus variadas técnicas marciales son ya legendarias entre los fanáticos. El Mafuba, Kamehameha, entre otras son las expresiones de las mejores y más entretenidas maniobras marciales que muchos guerreros Z utilizan en momentos de apuro. La variedad de técnicas es también amplia como el número de personajes de esta historia. Desde bolas de energías de ki, hasta una luz cegadora potente, podemos encontrar en este divertido animé. Pero la cosa no queda acá; solamente en luces y sonidos de explosiones y fuerza y músculos, sino que Dragón Ball nos entrega valores insuperables, que solamente el ojo un poco más clínico y experto, puede percibir en el centelleante mundo de las luchas de esta serie animada. 

 La superación como clave del progreso 

Este animé y seguramente también el manga, son el reflejo de algo más grande que simples peleas, rocas gigantes que se destrozan cuando son azotados contra ellas enemigos poderosos; es más que movimientos de artes marciales o situaciones cómicas, que por cierto, las tiene. Dragón Ball es ante todo un decálogo de valores y elementos de la cultura oriental y occidental: una mezcla que ha dado buenos réditos para la serie, que se proyecta en cada una de las sagas. La primera parte del animé, cuando Gokú se debe enfrentar a la Patrulla Roja: organización de tipo terrorista que nos hace recordar a la URSS con su estética y procedimientos de sometimiento social, es un punto en la historia en la cual la amistad, lealtad y la inocencia del pequeño Son Gokú, agradan al público. Por cierto, Gokú derrota a toda la Patrulla Roja, en donde encontramos una perseverancia inclaudicable del protagonista de terminar con la organización y liberar a todos los sometidos por ella. La lealtad de siempre ir en ayuda en las batallas y defender la Tierra de eventuales destrucciones, lo observamos cuando se presenta a un Gokú ya crecido (también cuando era pequeño, en momentos en que busca las esferas del dragón para revivir a Bora de la tribu Karinga, quienes custodian la sagrada torre de Karim), de unos veinte años aproximadamente, recién convertido en padre, que entiende que la defensa de su hogar va más allá de los suyos, sino que abarca todo el planeta en su preocupación. En términos de lealtad y amistad hay que destacar que el protagonista, incluso, apadrina a ciertos rivales que, en una primera instancia, se muestran como enemigos letales. Este es el caso de Vegeta. Cuando el príncipe de sayayines llega a la tierra junto a Napa. Se muestra cruel y despiadado. Intenta a toda costa eliminar a Gukú, hacerse de las esferas del dragón y traicionar a Freezer. Pero el orgulloso príncipe a medida que transcurre la historia, se da cuenta que los terrícolas son capaces de dar la vida por sus amigos. Es en este contexto, cuando Krilim muere (por primera vez) y como consecuencia, Son Gokú desata toda su furia contra el emperador del universo, Freezer. En estos momentos en el cual Kakaroto (el nombre por el cual Vegeta siempre ha identificado a Gokú) supera sus propios límites y se convierte en el Súper Saiyajin, tras el cruel asesinato de su amigo de infancia, y derrota al cruel personaje de Freezer, que a la luz de los años se ha transformado en un personaje de culto. 

Cuando el planeta de los Namekusei está a punto de explotar, todos los sobrevivientes y muertos por el antagonista de esa saga (Freezer), son revividos y trasladados a la Tierra por gracia de las esferas de Namekusei. Cuando ya todos están a salvo en el planeta tierra, Vegeta siente por primera vez el cariño y la preocupación por su persona, de parte de una mujer. Bulma acoge en su casa a todos los Namekusei sobrevivientes del desastre junto con Vegeta, el cual ya ha cambiado en algo su actitud arisca y orgullosa, y acepta la invitación de la mujer para que se dé una ducha, se cambie de ropa, coma algo y viva con ellos. La invitación de chica adinerada de la sería, viene con una advertencia: Vegeta no se puede “enamorar" de ella. Es aquí donde el personaje de Vegeta comienza a evolucionar, aunque su forma de ser en esencia se mantiene: un ser de mal humor y antisocial. Más adelante en el animé, veremos que Vegeta, formará familia con Bulma, tendrán un hijo, Trunks. Es en la saga de Majin-Boo donde el segundo sayayin más fuerte se entregará por completo, sin antes dejarse manipular por el mago Bobbidi. Cuando Gokú increpó a Vegeta, respecto del porqué se dejó manipular por el nefasto mago, el orgulloso príncipe sayayin, le manifiesta que sólo quería volver a ser el sayayin despiadado y orgulloso que siempre había pensado que sería y que fue alguna vez. Él no se había dado cuenta en qué momento formó una familia, ni cuando se transformó en uno más de aquellas “sabandijas” amigos de Kakaroto. Vegeta logra superarse, no sólo en fuerza, sino moralmente, porque él cree que sacrificándose en una gran explosión de energía eliminará al poderoso Majin-Boo. Y esto lo hará por primera vez por otros. En ese momento se despide mentalmente de Bulma (que siempre la tiene en sus pensamientos en los momentos más críticos), Trunks y, por cierto, de Kakaroto. Recordemos que la deidad del Supremo Kaiosama es quien pone en alerta a los guerreros Z respecto a esta situación en el Torneo de Artes Marciales. En este evento, Vegeta, destruye galerías repletas de público, pero más adelante, el príncipe de los sayayines, solicita que revivan a toda la gente que por su culpa han muerto por su mano. Es claro que Toriyama siempre mantuvo sus convicciones respecto de transmitir la redención de personajes entrañables como Vegeta. Pero, ¿Por qué un personaje como este es tan querido por la audiencia? Sencillamente porque representa lo que son las personas de alguna forma. El ser humano puede llegar a ser orgulloso, mal genio, gruñón, etc. Son estas cualidades, aunque sean negativas, imprimen un carisma especial a Vegeta, como también las tiene Son Gokú, pero en un sentido totalmente diferente al del orgulloso príncipe.


En general los guerreros Z destilan en sus vidas valores que actualmente la sociedad está careciendo. Piccolo Jr., que en sus inicios, cuando fue niño y adolescente, se muestró como un villano, ya que su padre, el original Piccolo Daimaku, en el momento en que es derrotado por un infante Gokú, da vida a Piccolo Jr. a través de un huevo que expulsa por su boca antes de morir. Piccolo padre, le encarga a su hijo el mal y la venganza contra Gokú. Sin embargo, Piccolo Jr. crece y con el paso del tiempo piensa en derrotar al padre de Gohan y convertirse en el ser más poderoso de la tierra. Evidentemente en este escrito no vamos a dar grandes detalles de ciertos orígenes de personajes como Piccolo Jr.. Eso lo vamos a dejar a ustedes. Vean el animé y si pueden lean el manga. Posteriormente ya avanzada la trama, Piccolo Jr. se muestra inteligente, poderoso y con alto sentido de la justicia, y por cierto, es más que un aliado de Son Gokú, se transforma en su amigo, uno de los más cercanos (vean las últimas películas de Dragón Ball y sabrán de qué hablo). Es este personaje otra muestra de la superación moral de la cual hablaba anteriormente. Es evidente que son personajes dinámicos en el sentido ético, y eso, lo trata de proyectar el autor en la trama de cada una de las sagas. Un ejemplo del concepto que aplicamos de “sentido ético”; es el mensaje que deja el final de la saga de Jiren. Resulta que el Androide n°17 gana el Torneo de la Fuerza, pues es el último en mantenerse en lo que quedaba de plataforma. Éste era uno de los requisitos para ganar el Torneo. Sabemos que el deseo que planea pedir el Androide n°17, mientras lucha encarnizadamente en pleno Torneo, era un viaje en crucero, todo pagado, junto con su familia a un lugar paradisiaco. También sabemos que, en el momento en el cual el Gran Sacerdote le comunica al androide que debe pedir su deseo, éste cambia a última hora lo que va a pedir, y decide que todos aquellos universos que quedaron eliminados en el torneo, vuelvan a la vida, ya que la gran sentencia establecida por Zeno Sama, fue eliminar, es decir, borrar de la existencia a todo aquellos universos que sus luchadores hayan perdido ante otros guerreros. La Androide n°18 corre rápidamente hasta donde está su hermano gemelo, y lo increpa levemente por el cambio de parecer en su deseo, a lo cual interviene el Gran Sacerdote, diciendo a todos los presentes: “Ese deseo fue una elección sabía. Si el deseo hubiera sido egoísta, los Zenos habrían destruido todo el multiverso sin dudarlo”. La sorpresa y admiración de Daishinkan por el deseo altruista de 17, no deja indiferente a nadie. Los Zenos Sama tanto del presente como del futuro, ponen a prueba la moralidad de los participantes. De esta manera se entiende que Akira Toriyama le da mucha importancia al “sentido ético” del actuar de sus personajes, destacando siempre la enseñanza de valores que se encuentran tanto explícita como implícitamente en las tramas de las diferentes sagas. 


Nuestra intención al hacer un pequeño análisis de la moral de Dragón Ball, no es panfletario, sino más bien es la real convicción de evidenciar que estos dibujos animados o mangas o animés, es algo más que fuerza, poder, artes marciales y explosiones tipo nucleares. Es en el fondo la proyección del esfuerzo, por parte del autor, de dejar un legado más profundo en aquello que es visto sólo como una mera entretención de adultos y niños, por la espectacularidad de una trama envolvente. Al parecer el animé como el manga han logrado pasar con éxito la prueba del tiempo, porque ya han pasado casi cuarenta años desde su aparición en occidente, y aún, sigue el enamoramiento en aquellos niños de los ochenta, y actuales adultos, cómo también ha ido cautivando a nuevas generaciones con un mensaje que pretende dar a conocer valores y principios que los protagonistas de esta historia no pretenden hacer olvidar al público a nadie que mire con otros ojos a esta apasionante historia.



martes, 26 de noviembre de 2024

La vida que lo contempla



Cómo sabemos que existe un Buda o que existió un Buda y ahora está representado en una figura de porcelana o de cera o de barro o de arcilla; da lo mismo, a él le da lo mismo, él sabe que nada más tiene que liberarse de todo. Y el polvo está ahí: acumulándose, acumulándose, tras el tiempo que barre todo, todo que lo despoja, todo lo que contempla es todo. Cómo sabemos que existió un Buda, cómo sabemos que existió un Cristo, representado en una cruz, en una cruz que cuelga en una pieza;  en un dormitorio, y en ese sentido, esa Cruz es de plástico, plástico tal vez chino; es lo más probable, pero plástico. En cambio el Buda está hecho de arcilla o de otro plástico que imita la arcilla, da lo mismo; y entre el Buda y el Cristo colgando, en esa cruz de plástico, hay una virgen; una virgen de un material indescifrable, un material comerciable. Hay una virgen que le falta el halo, una virgen que lo único que sabe hacer es mirar hacia abajo, cómo su hijo yace muerto en la cruz. Ella, o mira hacia arriba cómo su hijo yace a la diestra de Dios Todopoderoso, o mira hacia atrás. Y están los familiares en la fotografía, la que acumula polvo en el polvo. Se acumula en ella, da lo mismo. Pero también está el tablero de ajedrez, el dibujo y la pintura de acuarela, la témpera que ha agitado la mano plasmando un sentir y se lo han regalado a su padre, y arriba, más arriba en la pared, colgado, hay un collage, un collage de distintas cosas; donde aparecen personas y personajes, héroes y heroínas donde hay enseñanza del arte, donde hay lectura, donde hay votos blancos, donde dice dona, que te amo. Y ahí está el inglés mirando y mirando, perplejo, petrificado en el tiempo, petrificado en la visión, petrificado en la estatura, petrificado en toda la vida, y en ese sentido, no hay más que dar vuelta la mirada y encontrarse nuevamente con ese Buda. Ese Buda que lo rodea Caín y Abel, ese Buda que está a su lado derecho. Y también está Pío Baroja con la Ciudad de la niebla y también está Joseph Conrad, está Julio Cortázar y César Pabs y Henry Miller, Jorge Luis Borges y también Roa Bustos. Para qué hablar más, para qué decir más; quizás ya no hayan palabras que contengan Paz, ya no hayan palabras que desaten guerras o la guerra desata las palabras, da lo mismo porque todo se ha trocado en una suerte de abanico; como si fuese una lotería, como si fuese el filtro de un sifón que se atasca de materias fecales o de materia orgánica, que todavía no se puede descomponer y que roe y roe la vida de alguien que lo contempla.

sábado, 27 de abril de 2024

Mariana Enríquez bajando al infierno

   Me han dado ganas de hablar de una novela de drogadictos y putos bisexuales (tal vez sea el género indicado para referirse a putos tipo homosexuales que no son necesariamente yeguas, y eso, lo hace más simpáticos para este lector), que estoy leyendo por estos días. Hasta ahora se cumple el apelativo de realismo sucio a "Bajar es lo peor" de Mariana Enríquez. La novela funciona: uno le toma cierta simpatía a personajes como a Facundo (hermoso, el que más, quizás indolente, seguro, herido y no carnalmente), Narval, Carolina y, por ahí, a Armendáriz. Las vidas de cada uno de ellos, de una u otra forma, están rotas y, tal vez, irremediablemente ya no se pueda reparar nada en sus existencias. Cocaína, heroína, marihuana y alcohol son el cuadro donde se desarrollan los hechos y en unos cuantos bares y calles de la ciudad de Buenos Aires.
    La obra de Enríquez transita por un realismo tétrico que se manifiesta a través de las "alucinaciones" de Narval, casi al final de la obra. Es en este momento de la historia, donde la autora nos hace creer en este juego en el cual plasma lo siniestro y lo grotesco en la problemática de las drogas y de los excesos de Narval y Facundo, etc. todo este sufrimiento y horror está atravesado por dolores del pasado y vidas quebradas; desde familias rotas e infancias duras. Narval es el más perdido en el asunto drogas: sus alucinadas con seres casi sobrenaturales, llegan hasta la paranoia. En algún momento, Facundo es emplazado por Narval, para que el joven puto, afirme que los monstruos de su amigo con ventaja son reales. Si hay o no confirmación por parte de Facu, es algo que los futuros lectores de Enríquez tendrán que descubrir ellos mismos. La grotesca vivienda de Val (como le decía Facundo a su amigo en ocasiones ) y las condiciones sanitarias que se describen en "Bajar es lo peor", nos perfilan que todo ese mundo descrito en la novela es grotesco y muy sucio e incluso bizarro. Sin embargo, en esta historia hay amor. Los dos protagonistas evidentemente que llegan a sentir un profundo sentimiento entre sí, más allá de sus vidas sexualmente abiertas a los otros, ya sea por dinero o por voluntad propia; efectivamente sienten que pueden encontrar el cariño y el amor, el cual a veces se transforma en negación del amigo con ventaja, hay que decirlo, sería una cierta chispa de curiosidad que se generó en este lector para saber si esa relación podía funcionar. Gran parte de la obra desarrolla el conflicto sentimental entre Facundo Narval y su amigo; y hay momentos en que esto llega a cansar un poco: " —¿Por qué ni siquiera pensaste que me podía molestar que estuvieras con Val?—dijo." Esto lo encontramos en el capítulo veinte; más adelante encontramos la reafirmación del conflicto sentimental en un diálogo entre Carolina y Facundo:
    "—Pero... vos me dijiste que no estabas enamorado de él.
    —No lo estoy.
    —¿Entonces?
    —Entonces... podría molestarme igual..."
    Todo este rollo en la cabeza de Facundo, para mí es un tanto agotador, aunque puedo reconocer que para otros lectores este tema sentimental confuso, sea lo que ellos están buscando en este tipo de obras.
    El trauma del pasado es otro aspecto que está en la obra. Facundo llega a somatizar dolores en su cuerpo, cada vez que tiene que hablar de Lautaro o escucha de él: ex guarda espalda del muchacho cuando éste laboraba en la época de esplendor en donde la Diabla, el bar-cabaret, en el cual Facundo levantaba clientes y otras cosas. Pero en esta novela, no solamente al parecer los protagonistas tienen traumas del pasado, sino que también hay otros personajes, que cargan con esos dolores del alma; aunque solamente la autora nos deje ver la punta del iceberg de esos sufrimientos. Seguro, nos podemos imaginar la vacía y rutinaria vida de Luis Armendáriz, cuando éste le dice a Facundo que si le pasa algo al joven prostituto, él se mataría. También podemos apreciar una realidad parecida en el personaje de la Diabla: travesti venido a menos, administrador de un cabaret gay de mala muerte, que al parecer, vive bajo la modorra constante de la ebriedad alcohólica, que trata de aplacar el recuerdo melancólico de un pasado mejor y mejorar un presente decadente, que cada día tiene que enfrentar sin mayores ánimos que volver a beber y a drogarse y ser el anfitrión de una nueva jornada laboral en su local. Para mí este personaje es un ícono de la melancolía vedette, tipo años dorados de la tía Carlina, quizás me equivoque. 
    En cuanto al estilo de esta obra, podría clasificarla en lo que se domina la ficción gótica. Creo que ya lo dije: el departamento de Narval nos deja la impresión de un lugar lúgubre y decadente. Ese lado oscuro y tenebroso, por tanto, nocivo del ser humano, se ve bien reflejado en estos espacios sórdidos y en la sexualidad vacía y fría en los que se mueven los personajes de esta novela. Estos espacios también los encontramos en la mente de los personajes principales. Los demonios y fantasmas que acosan la mente de Val, los traumas familiares de Facu atravesados por la muerte prematura de su padre y esa vida mimada que le ha dado su familia a Carolina, establecen esta idea que dejo ver en estos momentos. "Vivir era solo una forma lenta y dolorosa de morir." Acá podemos apreciar la idea basal acerca de qué es la vida y la muerte para estos personajes en esta novela. A su vez, la obra reflexiona sobre la decadencia y destrucción que la sociedad –Latinoamérica– vive a fines de la década de los noventa. (A modo de dato, la obra fue publicada en el noventa y cinco.)Las drogas y el desamor, que son el marco narrativo de esta novela, nos hacen pensar que la mirada aguda de Mariana es certera al manifestar, a través de sus personajes, cuando estos declaran que "sólo quedaba la oscuridad y la desesperanza.", como una forma de grito mudo que nadie logra escuchar. Esto es el alarido de víctimas de una sociedad indolente y descarnada que no tiene eco en nadie y que no se compadece ante el sufrimiento ajeno. A Narval le costaba distinguir entre la realidad y la ficción. Tenía un problema terrible de alucinaciones provocada por las diversas drogas que consumía, y lo más paradójico en este sentido, es que el atormentado personaje necesitaba heroína para controlar, en cierto sentido, estos arranques de paranoia alucinógena. 
   Volviendo al tema del amor, que a penas esbocé anteriormente; es necesario recordar que la relación entre Facundo y Narval, aunque era apasionada y habían gestos de enamoramiento mutuo, sin embargo, ese amor era tormentoso y destructivo. "El amor era una fuerza poderosa, capaz de destruirlo todo a su paso." Y así fue para los dos protagonistas, destructivo a la postre, aunque no se podría decir que un ataque cardíaco causado por una sobredosis de picos de heroína, sea un peligro mortal pero realmente la droga pudo más que el amor. Seguramente muchos hacen esto y siguen jugando a la ruleta rusa, allá ellos. Bueno, en fin, no quiero seguir dando la lata así que dejo hasta acá este comentario literario. A modo de cierre; sólo decir que esta novela se hace entretenida de leer debido a lo dinámico del relato, que la autora trabaja con imágenes crudas y cargadas de pasión y horror en algunos otros casos, lo hace más emocionante. Si le interesan aquellas obras que ahonden en el sufrimiento humano merced al consumo de drogas, infancias rotas y vidas al límites, esta es una lectura que lo puede acercar a ese mundo dándole un barniz de la cruda y sucia realidad de jóvenes extraviados en un Buenos Aires de principio de los noventa. 

jueves, 14 de septiembre de 2023

Tuareg: honor, desierto y venganza.

  

 La novela del español Alberto Vásquez -Figueroa, “Tuareg”, ya publicada en la ya extinta década de los ochentas, nos abre las puertas al mundo de los Tuareg: tribu amazigh (bereber), nómada del desierto del Sáhara, quienes cultivan un estilo de vida sencillo, enfocado en la cría de animales, al ir y venir entre seis países del norte de África, por donde se extiende su población, siendo fieles también a las enseñanzas de El Corán, el libro sagrado para la religión musulmana. Los núcleos familiares de los tuareg lo conforman varias personas: el hombre es el jefe familiar, el cual tiene varias esposas, como también algunos esclavos -como se presenta en la novela- y rebaños de animales tales como camellos y cabras. Ahora bien, ante lo que significa la vida como un nómade en la era moderna, uno podría pensar que el poseer esclavos supone un maltrato, sin embargo, en este caso no es así; ya que el noble inmouchar, Gacel Sayah, considera a sus esclavos como parte de su familia, como si fueran sus propios hijos, preocupándose por el bienestar de ellos. El protagonista de esta historia es un hombre noble, en el sentido real de la palabra, el cual entiende la ley de hospitalidad del Corán como sagrada; y sus tradiciones (como la de orar), están profundamente arraigadas a su religión, y él la respeta y las cumple sin vacilar. Hará cumplir esta ley, que es su palabra empeñada (como lo demanda la tradición musulmana) hasta las últimas consecuencias. Gacel Sayah, nuestro héroe o villano, dependiendo desde dónde se le mire, sacrifica todo su mundo por cumplir su palabra. En este sentido, es un hombre que honra el honor que tiene la sentencia pronunciada y empeñada; aquella que se sustenta en su Dios, en su fe y en sus tradiciones. Y todo ese fervor, por así decir, se traduce en cuanto a obediencia y sumisión ante Dios. Es por esto que no dudan llevar a cabo hasta las últimas consecuencias su deber, el cual se relaciona con la promesa de resguardo y protección para con sus huéspedes, que ha jurado cumplir ante sus inesperados visitantes, que un buen día entraron en su jaima y solicitan su ayuda.
    La humillación que significa para el tuareg, que militares -que son personas extrañas para el estilo de vida de alguien que vive del desierto- entren a su jaima, y que le arrebaten a sus huéspedes, es, a los ojos de Gacel, imperdonable e intolerable para un inmouchar respetuoso de las tradiciones. Estos militares que buscaban fervientemente a unos supuestos traidores de la patria, son personajes planos y sólo ejecutan órdenes. Los huéspedes son secuestrados o tomados preso, dependiendo desde dónde se mire, por estos militares; quienes dan muerte a sangre fría al más joven de los refugiados por el señor del desierto. Esto es el punto de partida para esta historia y para la implacable venganza del rudo y obcecado inmouchar. Gacel se embarca en una lucha por rescatar a sus huéspedes, atravesando el desierto y sus zonas más peligrosas por completo, en una búsqueda implacable para recuperar su honor herido y posteriormente a su familia. En esta lucha cruenta por su dignidad de tuareg, el respeto a sus tradiciones y, finalmente, el cumplimiento empecinado de sus deberes honoríficos. En este contexto, su porfía lo llevarán a poner de rodillas al mismísimo poder político de una nación africana que se encuentra en plena búsqueda de su destino sociopolítico. Gacel, que amenaza con destruir al mismísimo presidente, pone en jaque a ese poder. Sin embargo, éste, aunque ha subestimado las habilidades de un hombre que es uno con su ambiente, moviéndose cómodamente en el desierto; implacable utilizando esta sabiduría para la defensa y la supervivencia y el ataque, no cederá hasta el final.
    Abdul-el-Kebir, aquel antiguo líder político, que es la piedra central del argumento de esta novela, le hace ver a Gacel, una vez ya rescatado y en fuga, que el mundo ha cambiado y que sus costumbres y su forma de vida clásica, ya están prontas a desaparecer. Sin embargo, el orgulloso tuareg le demostrará a Abdul-el-Kebir, que para escapar del infierno que ha significado su huida por implacable Sáhara, a causa de la persecución que sufre de manos de sus enemigos políticos, le harán reconocer y entender que las habilidades del inmouchar para leer las señales del desierto y sobrevivir en él, son fundamentales, y, por tanto, el líder rebelde no deberá cuestionar sus indicaciones si es que quiere vivir. No obstante a las inclemencias vividas en el escape junto con Gacel, las fuerzas del famélico líder apenas le ayudan a mantenerse con vida, y lo único que puede hacer es someterse al habilidoso tuareg para sobrevivir.
    Para finalizar y a modo de conclusión e invitación, se recomienda la lectura de esta obra, para comprender el poder que tiene la voluntad humana, que se sustenta en la sabiduría que da la naturaleza y el respeto que se tiene por las tradiciones que otorgan la fe. La acción en la obra, a cada momento va ascendiendo en un espiral de sucesos que nos mantienen entretenidos y expectantes a cada decisión y acción que Gacel lleva a cabo, para cumplir su cometido final. Una obra ágil y entretenida, con diálogos interesantes respecto del paso del tiempo y de cómo mutan las sociedades y el hombre, pero también es esta obra una ventana a la vida de hombres que se encuentran en el tránsito final en sus maneras de vivir en contacto con el medio natural, en un siglo XX que dejará atrás aquellas formas de vida que son acuarelas deslavadas de otras épocas. Este libro nos hace espectadores de las últimas formas de vida de las tribus nómadas del desierto del Sáhara y nos transporta a un viaje emocionante y peligroso desde inicio a fin.

sábado, 21 de enero de 2023

Comentario literario: "Apariciones" de Ariel Dorfman

Hace unos días comencé una nueva lectura: "Apariciones", del escritor chileno Ariel Dorfman. En esta novela podemos apreciar, de manera sencilla y clara, a lo largo de toda la obra, que siempre hay una tensión, mejor dicho, un problema que los protagonistas deben superar. Ese problema es en el fondo el hecho sobrenatural de las apariciones del rostro de un indígena patagónico en las fotos familiares que se toman del adolescente y posterior adulto joven: Fitzroy Foster; ciudadano norteamericano heredero de un linaje de afrenta vil, lo cual será la causa de la pérdida de su identidad en las fotografías. Ese inconveniente o condena, también pasa por saber qué quiere el visitante, que luego de largas pesquisas pasa a tener un nombre: Henri. El joven Foster ha llevado una vida agobiada por este fenómeno, desde que cumplió los catorce años, y desde su primera experiencia onanista a esa edad, lo que gatilló su calvario posterior. En cada fotografía que se le toma, aparece el rostro de Henri en vez del joven Fitzroy. Este hecho que, a simple vista podría ser tomado por un fenómeno sobrenatural -y que lo es en cierta forma-, resulta ser el punto de partida de una investigación que los protagonistas (Foster y su amada Camilla Wood, su eterna enamorada y cable a tierra) emprenderán para comprender y eliminar - esa era la idea en un inicio- de sus vidas este hecho paranormal, extraño e insólito. Más que una historia de fantasmas, esta novela se adentra en los pasajes más oscuros que nos ha dado la Europa de la época del colonialismo; que se cristaliza en las apariciones fotográficas, que de una u otra forma traen a colación directamente la persecución, caza, mutilación, destrucción del hábitat social de indígenas de todas partes del mundo, y por cierto del cono sur de sudamerica, la muerte física y cultural de cada pueblo originario que fue exterminado directa o indirectamente por la mano del europeo abusador. En ese aspecto la novela trabaja sobre un buen marco narrativo.

Merced al genocidio europeo en América, nunca más tendremos entre nosotros a los Selkman ni a tantas otras tribus por culpa de esa "afición" de cazar,  que muchos llevaron a cabo, patrocinados por las potencias de la época. Exponer a personas como si fuesen animales exóticos en grandes salones europeos de fines del siglo XIX y principios del XX, en galerías de París o Bruselas, fue realmente lamentable para la historia de nuestra especie y sigue siendo hasta el día de hoy una mancha difícilde quitar. La destrucción humana por un afán casi deportivo o en aras del conocimiento; la ignominia y el verdadero salvajismo civilizado del viejo continente y sus persecutores, y por otra parte, un llamado a la conciencia social y moral, que plantea el autor a manos de los pensamientos y sentimientos del Joven Foster, que transita desde el odio al amor fraternal con su persistente visitante, son los elementos que el autor utiliza, en parte, para ganar la simpatía del lector, sin embargo, no le resulta del todo esta fórmula a Dorfman, ya que los tránsitos anímicos del protagonista, no quedan bien resultos y resultan un tanto fingidos y dan un poco tedio; la explicación de estos quiebres emocionales por la voz atormentada de Fitzroy, son explicados muy sucintamente y no quedan muy claros. El mecanismo de construcción de la historia que sí me gustó mucho más, fue el uso académico de los datos para construir versímilmente esta historia desde la perspectiva indígena y sus captores, reflejando en la investigación que lleva a cabo Cam (brillante académica) resultados importantes para encontrar la solución al problema del visitante. Este aporte de Cam fue, en realidad, un toque detectivesco que le dio al libro un matiz más divertido. 

Algunas cosas que no resultaron del todo fueron: agentes del Pentágono norteamericano, liderados por un científico que es una suerte de rival de Cam en esa área científica-académica. Estos agentes persiguen incansablemente a los protagonistas para conservar la seguridad nacional de Estados Unidos, supuestamente se encuentra en peligro por lo que le sucede a un joven de veinticinco años y que, sin embargo, no logran convencer del todo, ya sea por falta de profundidad en los fines que buscaba el Pentágono o por alguna otra razón que no lo enganchar conmigo fácilmente. También está el final de la obra, y la decisión fundamental que debe afrontar Fitzroy, y dejar su zona de confort y encarar por él mismo el problema y no descansar casi todo el tiempo en Cam. Así llegamos al momento de la travesía por mar que busca llegar a tiempo a un ritual espiritual en la Patagonia, que llevará a cabo una comunidad residual kaweshkar, quienes tratan de encontrar una salida a la situación de Foster, sin embargo, todo es interrumpido. Más no les puedo decir. Hay ciertos matices un tanto cursis en la relación de Roy y Cam en ciertos pasajes de la historia, que ejercen un aporte ambivalente al carácter raquítico de Fitzroy Foster, que hacen que el personaje principal se vea un tanto ridículo y calzonudo. Pero en términos generales es una obra que se recomienda leer una sola vez y que, a pesar, de algunos ripios funciona porque mantiene al lector siempre en la tensión de saber si Foster logra o no desechar para siempre a su visitante o si en realidad tienen que aprender a convivir con él, lo cual a estas alturas del partido parece ser el sueño utópico de la tolerancia entre los hombres. 

domingo, 12 de junio de 2022

Silencio


Quince años de relación: una hija (creciendo) y viviendo en la casa del "suegro". ¿Qué más se le puede pedir a la vida? Mi trabajo está a la vuelta de la esquina. No necesito movilización para ganar dinero, los clientes llegan solos. A veces, mi señora me mira con extrañeza, porque las ventas son muy buenas. 
El otro día fue el mandanga a tu casa: atendieron a la puerta y contestó que chaqueta en mano, un beso rápido en la frente y que saliste apurado y no volviste hasta la noche, dijo la cabrona con ojos sentellantes. Está lista, dijo la vieja. Es primeriza y quiere que todo pase en la oscuridad y con la música alta, para que nada se escuche, porque le da vergüenza, dijo con cara de pícara. En ese negocio suyo, la discreción es regla. Le dije que no había problema, que hace más de un año no estaba con un tierno retoño y que estaba a punto de cortar las huinchas. Esa noche fue extraña: su olor me recordaba algo familiar, pero todas a su edad huelen igual. No dejaba de pensar en eso. Meses y aún Julietita no me habla, no sé qué pasa. 

Viaje al abismo moral de Conrad

Enfrentarse a esta novela es internarse en una selva enmarañada y difícil de cruzar, literalmente. El corazón de las tinieblas, escrita por ...