miércoles, 26 de noviembre de 2025

La sexualización de la infancia

 Hay algo muy preocupante en ciertas actitudes de niñas de 9 a 13 años y adolescentes. Me refiero a una forma de ser, que en estos tiempos se está dando merced del poder de las Redes Sociales, los medios de comunicación, artistas urbanos, etc.; que influyen de manera absolutamente negativa en la infancia (especialmente en las niñas) del último lustro. La hipersexualización que padecen las niñas de hoy es un asunto serio que hay que abordar. Es posible pensar que muchos adultos en la actualidad, justifiquen esta problemática que viven las niñas por estos días, y también los niños, por cierto. Ellos no advierten, por otra parte, el engranaje de consecuencias que esta problemática genera en la sociedad. Ellos, aquellos adultos inconscientes, podrían decir que “es un signo de madurez que las niñas se preocupen de su apariencia y que quieran bailar los estilos musicales que están ‘pegando’”; bien podrían manifestar también, que; “es propio de la edad, es algo común cuando uno tiene esa edad”. Sin embargo, estos no creo que tengan razón, así tan simplemente como algunos manifiestan. Uno que ya tiene cierta edad, y que está próximo a cumplir bastantes años en este mundo, y que es padre de una niña; veo con cierto espanto y horror, cómo este fenómeno de la hipersexualidad en las niñas y niños de hoy, cada vez va creciendo en los más pequeños a vista y paciencia de padres y madres cada vez más complacientes, en este sentido, con el desarrollo de sus hijos. 


Este es un tema complejo y muy debatible, estoy consciente de aquello, pero se debe reflexionar acerca de qué es lo que se entiende por hipersexualización de la infancia por estos tiempos. El desarrollo sexual de los cuerpos de púberes, niños, y niñas y adolescentes en general, no tiene que ver con la hipersexualización de la sociedad –que es un fenómeno cultural y social– como tendencia del último tiempo; sino más bien con la desvalorización de la infancia en un sentido más perverso si se quiere. Hoy (especialmente las niñas) el valor de la infancia se ha trastocado y se ha reducido a una apariencia y conducta sexual de la infancia, impulsada por la cultura y el relato imperante en la sociedad actual. Hoy se excluye o se deja de lado la inocencia de la infancia para transformarla en algo que no es: “adultos hipersexualizados”. Las Redes Sociales, en su dinámica degradada de la infancia, hacen que las niñas piensen que la apariencia es sólo lo que cuenta en la vida. En este sentido, la apariencia física es el dios a adorar por las niñas, niños y adolescentes. Es decir, el ser “sexy” en una niña, por ejemplo, es una marca de prestigio que la hace ver deseable entre sus pares, y por consiguiente, y que es peor aún, entre muchos adultos que observan este fenómeno social con ojos pervertidos o enfermos. Muchos adultos actualmente imponen una sexualidad atrofiada en las niñas, y acá me quiero centrar en ellas. El mercado de la moda, con sus tendencias siempre mercantiles, ha impuesto en las niñas, prendas de vestir que perfectamente las pueden utilizar mujeres adultas solteras, con deseos de encontrar pareja, y que en ese sentido, esa vestimenta apunta al objetivo de atraer a los varones, con aquellos atuendos femeninos que muestran más de lo que tapan en las damas. Y eso está bien para ellas y ellos, pero no para niñas que apenas alcanzan a llegar a la menarquia y ya están insinuando su potencial reproductor sin que sea el momento en sus vidas para ello. Lo que se observa es una tendencia a mostrar a las niñas como adultas sexualmente “atractivas”. 

Los medios de comunicación, las redes y la publicidad, otorgan gran énfasis a este fenómeno del atractivo sexual en las niñas. Como ya hemos dicho especialmente en sus vestimentas, maquillajes, videos o reels de esta índole, donde los bailes y morisquetas altamente erotizadas son la ley; reducen la dignidad de la infancia a nuestro juicio. En otras palabras, esta es una tendencia a presentar a la infancia como una “adultez” mal disfrazada y pérfida. Al mercado le interesa vender y bajo esta lógica, no tiene escrúpulos al fomentar estas conductas, tendencias o fenómenos perniciosos para la infancia y adolescencia. Por su parte, las Redes Sociales, validan esta exposición a través de la lógica de la apariencia “sexy” que es el “todo” para ciertos niños y niñas de hoy. La cultura popular, que tácitamente es una aliada del mercado, también aporta su cuota en este tema induciendo estas conductas en la infancia, cada vez a edades más tempranas. 

La salud mental y la autoestima de muchos niños y niñas se ve amenazada bajo esta dinámica descrita anteriormente, pues las personas, especialmente las mujeres aprenden desde muy niñas a verse y valorarse a sí mismas desde una perspectiva externa, centradas en su valor sexual o de atracción; y esto es también responsabilidad de los padres. Éstos, a su vez, son complacientes y muchas veces no tienen la madurez para reflexionar más allá y darse cuenta de las consecuencias y riesgos de este tema en sus hijos e hijas. Por su parte, esta dinámica inconsciente que manifestamos en este artículo, provocaría problemas de salud mental serios en las niñas, niños y adolescentes. Mantener una figura “atractiva” es un imperativo de esta tendencia en la sociedad, generando trastornos alimenticios en las niñas, por ejemplo; por ese afán de mantener la figura, porque te lo dicta la tendencia, y por otro lado, está la presión que ejercen los pares entre sí; apuntando a que –especialmente las niñas– por no querer perder esa figura “sexy”, caigan en trastornos alimenticios, depresiones y baja autoestima a consecuencia de ese desencaje. En relación a lo dicho anteriormente, es factible pensar que se difuminan las barreras entre la madurez y la madurez sexual; y esto es peligroso, pues los adolescentes especialmente corren el riesgo de embarazos no deseados y de transmisiones de ETS. Es el deber de nosotros, poner en alerta a la sociedad respecto de este problema. Se espera que lo que se dice acá tenga eco y recepción en muchas personas y que se entienda bien. 

Sabemos que es difícil hablar de estos temas en la mesa familiar, pero es necesario, porque en el fondo se corre el riesgo de caer en la cosificación de la infancia en aras de un materialismo descarnado, ambicioso e inconsciente. Este tema trae muchas consecuencias negativas en los niños, niñas y adolescentes, ya que esta situación puede desembocar en problemas serios: como ver a las personas como objetos sexuales y derivar esto en formas más violentas de lo sexual, que debería ser un tesoro hermoso para las personas. Hay que pensar que muchas mujeres que han sido criadas bajo esta lógica, pueden verse perjudicadas al no ser contratadas en sus distintos oficios o trabajos, porque no encajan en el “perfil” “sexy” de una empresa. Es esto una consecuencia directa de esta problemática, pues las mujeres menos “atractivas” se podrían considerar menos competentes que sus pares “atractivas”; por el sólo hecho de no encajar en el “perfil”, para conseguir puestos de liderazgo. 

En síntesis, mientras que, por un lado, hay una sexualización de la infancia que no es natural; la sexualidad adulta está perdiendo el rumbo de lo que es sano y real (natural en este sentido) en el ser humano. Al desplegar una sexualidad responsable, que no sea una construcción social y cultural que reduzca a la persona y su valor a un mero objeto, en el plano físico y sexual, podría ser esto un freno a esta situación. Este sería el camino a nuestro juicio, en consecuencia, para el desarrollo y bienestar de una sociedad que crezca de manera sana, tanto física y mentalmente, y así ver a la infancia convirtiéndose en personas adultas que no sean vistas como cosas sexualizadas; que las impongan el mercado, la mala cultura o tendencia de moda; una forma de ser que va en contra de lo que es sensato y decente en el ser humano. 

     


miércoles, 19 de noviembre de 2025

La advertencia ⚠️ de Robert Hugh Benson en "Señor del Mundo"

 Sentí la curiosidad de leer una novela que me la recomendó el podcast llamado “La última página”, desarrollado por Sebastián Porrini y Diego Ortega. Ellos comentaron a un autor que escribió acerca del Apocalipsis: Robert Hugh Benson, escritor inglés, quien publicó en 1907 la novela denominada “Señor del Mundo”. Esta obra literaria está ambientada en un mundo futuro en el cual el ser humano ha perdido todo el sentido de trascendencia que le otorga la fe; es decir, la fe cristiana, específicamente el Catolicismo. La trama de esta obra es en cierto modo muy sencilla, ya que nos relata el camino de ascenso de Julián Felsenburgh, el Anticristo, al poder absoluto, a la unificación de todas las naciones en una sola. Por otro lado, la obra nos cuenta también el camino de oposición, que la iglesia Católica lleva a cabo, con la figura atormentada y reflexiva del padre Percy Franklin. La caída de la Iglesia, la persecución de los cristianos y el posterior refugio de los últimos sacerdotes en Jerusalén; es el marco narrativo para esta obra que sorprende por su capacidad anticipatoria de ciertos temas, que pasaremos a deslindar a continuación.


Esta novela se puede catalogar como distópica, porque a través de su lectura nos damos cuenta que el ser humano que se dibuja allí; es de un alejamiento de lo trascendente en un sentido absoluto, y eso, no es una sociedad ideal en un sentido religioso-místico como utópicamente se puede pensar. Ese apartarse de lo sagrado o trascendente, se desprende de una deriva que el autor advierte en la actual sociedad moderna. Esta sociedad de Benson es indeseable y catastrófica para los creyentes; es de alguna forma la advertencia que nos hace el autor más de cien años atrás, acerca de un futuro posible, donde el gobierno se muestra totalitario o tiránico; que en este caso, coarta la libertad de culto. Este es un ambiente opresivo, amenazante e incluso mortal para los católicos, ya que se les persigue por su fe, y se les mata y denigra. En este sentido, la obra tiene ciertas bases reales e históricas cuando el reinado de Isabel I, reina de Inglaterra, persigue a los católicos en la época de su reinado.

Esta es la novela en que el poder político triunfa por sobre la religión. Es una obra visionaria, que nos aproxima a las consecuencias en la sociedad humana, del relativismo y la negación de Dios tanto en el plano personal como colectivo. En otras palabras, es una novela que trabaja temas como el secularismo y el materialismo, que ha sabido eliminar la resistencia religiosa en la novela. Un ejemplo de esto, es la legalización absoluta de la eutanasia. Bajo esta lógica, aquellas creencias en lo sobrenatural y en el respeto de la vida desde la concepción hasta la muerte natural; son vistas por lo partidarios del Anticristo como un obstáculo, ejemplo de ello es la vida después de la muerte y todo lo que eso conlleva en términos como los de una creencia cristiana. 

La obra deslinda ciertas críticas sociales que aluden a la fusión del capitalismo y el socialismo como mecanismo político y social de control. Además, la novela alerta acerca de los peligros de una sociedad globalizada y sin valores espirituales. El libro de Benson nos habla directamente de la pérdida de la humanidad en el hombre, del extravío de su libre albedrío o de la individualidad de cada ser humano en la vida. 

La escatología del libro es de una visión religiosa y teológica, que nos manifiesta aquello “de las últimas cosas” y del fin de los tiempos, y de la vida de ultratumba. Pero la visión de esta novela no es una escatología individual, sino general o cósmica. Ésta es la novela del destino final de la humanidad en su totalidad; nos habla de la segunda venida del Mesías y del Juicio Final de Dios, de la resurrección de los muertos; y por lo tanto, de la creación de un nuevo cielo o tierra. A su vez, se puede leer la figura de Julián Felsenburgh como el representante del abuso tecnocrático y la quintaesencia de la perfección humana (el Espíritu del Mundo en la novela), donde él es el político pacificador de un conflicto armado entre Oriente y Occidente de larga data, mostrando así, su poder a escala mundial en este sentido. Este personaje en síntesis es el representante del hombre sin Dios por excelencia, de aquel hombre que es la suma de todas las perfecciones y, por ende, este hombre nuevo, no necesita de lo espiritual para sentir que la vida tiene sentido, cuando lo trascendente en una lógica teológico no es la prioridad para el ser humano que se dibuja acá en Benson.

La lectura de esta obra lietaria, ha sido recomendada por los papas Francisco y Benedicto XVI, como una obra fundamental para comprender las consecuencias del alejamiento de nuestras vidas de la figura de Dios. La obra nos hace reflexionar acerca del poder como una herramienta de manipulación y nos dice, por cierto, que en el ser humano; y ese aumento del poder puede ser bueno, pero que, a su vez, el hombre moderno no está preparado para utilizar dicho poder con acierto, nos advierte Francisco en sus reflexiones acerca de esta obra. Esto, nos dijo el pontífice en su momento, porque la novela se puede hacer carne; cuando no existe una norma reguladora de la libertad que guíe la vida del ser humano. En la encíclica, “Laudato si” de 2015, el papa jesuita nos dice: “Se vuelve indispensable crear un sistema normativo que incluya límites infranqueables y asegure la protección de los ecosistemas, antes que las nuevas formas de poder derivadas del paradigma tecnoeconómico terminen arrasando no sólo con la política sino también con la libertad y la justicia”. El llamado que hace la obra de Robert Hugh Benson y que resonaron en la mente del papá, va más allá y circunscribe al medio ambiente como aquel paraíso que Dios nos dió y que está amenazado, incluso, por fuerzas malignas. El llamado de la obra es para todos, y en especial a todos los creyentes en Cristo y en Dios; que esta novela es una advertencia de aquellos síntomas que se están perfilando hoy; y que son la cristalización del triunfo del relativismo y de la negación de Dios en la vida del hombre, que lo hacen caer en el pecado y en el olvido de lo divino. El autor cumplió con el mensaje, hace exactamente 126 años atrás, cuando este escritor, filósofo, pensador y sacerdote católico converso, nos dijera a través de esta obra, que los tiempos se acortan y que no queda mucho para que su ficción se vuelva una realidad inevitable.         

         


Viaje al abismo moral de Conrad

Enfrentarse a esta novela es internarse en una selva enmarañada y difícil de cruzar, literalmente. El corazón de las tinieblas, escrita por ...