Es curioso que un autor francés del siglo XVIII como Alain-René Lesage, tenga tanto dominio de las costumbres, tradiciones e idiosincrasia de los españoles del siglo XVII. La historia de Gil Blas de Santillana, el protagonista del libro de Lesage, está ambientada entre los años 1600 a 1675. El Barroco, que es la corriente literaria en la que se enmarca esta obra, en la cual se destaca el realismo, un estilo ostentoso en el uso del lenguaje y sus estructuras; destacando su carácter libérrimo, acumulativo y detallista, para nuestro gusto, en las acciones más que en los objetos. Los contrastes en esta obra se hacen sentir de manera notable: riqueza-pobreza o honradez-deshonor, por ejemplo. Lo que también se puede observar es el concepto del "sentimiento trágico de la vida".
Esta obra que presentamos acá fue escrita y publicada por partes en un período de tiempo de 20 años. Entre 1715 y 1735, Alain-René Lesage va a dar a luz una obra única y de singular belleza. Pero para entender correctamente de qué estamos hablando, es necesario que nos detengamos en el protagonista de esta historia. La trama gira en torno a Gil Blas de Santillana, un mozo español originario de la provincia de Santillana del Mar, Cantabria, comunidad autónoma de España. Está ubicada en la costa norte del país ibérico. En la actualidad se le conoce popularmente como la "costa verde", que mencionamos como dato al margen. El joven Gil Blas (no tendrá más de 18 años cuando inicia sus andanzas) es hijo de gente humilde: el padre, una suerte de escudero; y la madre, una sirvienta común y corriente. La familia de Gil Blas le encarga la educación del niño al canónigo Gil Pérez, quien es tío materno de nuestro protagonista. Entonces, cuando está ya convertido en un joven dispuesto para el servicio o para estudiar en la Universidad de Salamanca, inicia su viaje saliendo de Oviedo, cuando es abordado por unos bandidos que lo "invitan" a quedarse con ellos luego que le robaron lo poco que llevaba en ese momento. La oferta de los ladrones fue “proponer” al joven mozo seguridad y ser parte de ellos como un miembro más de la banda de saqueadores.
En esta parte de la historia, Gil Blas ya es parte de la banda de ladrones, quienes se esconden en cuevas subterráneas que son utilizadas por gentes amigas de lo ajeno. Dichos emplazamientos habían sido hechos en la época de la ocupación musulmana en España, por los moros, como escondites estratégicos. Es en este momento de la historia cuando conoce a doña Mencía de Mosquera, quien había sido secuestrada por la banda en una salida. En la cueva, Gil Blas busca afanoso cómo salir de ella. Luego de algunos esfuerzos y de cierta persistencia, el joven español logra salir de la cueva junto a la mujer secuestrada, quien posteriormente recompensará generosamente al sobrino del canónigo Gil Pérez. Pero no es extraño que en esta etapa de la vida del protagonista la suerte le sea desfavorable, producto de cierta inocencia de Gil Blas, que no logra aún, en esa etapa de su historia, despercudirse y estar más atento a su entorno. A medida que el personaje vaya tomando mayor experiencia y roce social en su vida, aflorará la picardía propia de un personaje de la novela picaresca. Por cierto, dicho género literario tiene su auge en los siglos XVI y XVII, que coincide con el denominado Siglo de Oro de la literatura española, bebiendo también de las tradiciones culturales y sociales del Renacimiento y el Barroco.
El Barroco español, que en lo particular lo podemos asociar al siglo XVII, es una época de grandes contrastes y que la novela de Lesage lo deja ver muy claramente. Por una parte, encontramos la crisis económica y política que, en resumidas cuentas, se traduce en la pérdida de la hegemonía de España en Europa. Por otro lado, culturalmente, España tuvo un momento de esplendor —que la obra de Lesage no deja de mencionar, citando a los grandes literatos de la tierra de los toreros— llamado "Siglo de Oro". Acá destacan la literatura y el arte con nombres tan insignes como Calderón de la Barca y Lope de Vega; siendo el primero más reflexivo en sus obras y el último más vitalizante y rupturista. Ambos destacan en el teatro. Religiosamente hablando, la fe católica fue fundamental, ligada a la Contrarreforma que luchaba contra el protestantismo; dominaba el panorama espiritual, social y político, podríamos decir. En términos políticos, dominaban los denominados "validos", que se podría entender como una suerte de cargo o de posición de poder personal basada en la confianza del rey. Los "validos", en este sentido, gobernaban en nombre del monarca. No necesariamente existía una estructura jerárquica en esa época que regulase, digamos, las relaciones políticas al interior de la corte. La base del poder de ese orden está esencialmente en la nobleza y la influencia religiosa de la Iglesia católica.
De alguna manera, en la novela de Gil Blas de Santillana encontramos los famosos títulos nobiliarios, que van en cierta jerarquía, pero que no necesariamente es una estratificación determinista. Por ejemplo, tenemos el más alto cargo por debajo del rey, que vendría siendo el duque; luego lo siguen los marqueses, los condes, vizcondes y barones. Muchos de los validos acumulaban varios títulos, ya sea por herencia o porque el rey se los regalaba para darle más poder y prestigio. Ejemplo de esto fue el Conde-Duque de Olivares, que centralizó el poder e intentó mayor unión en los reinos, pero no pudo con ciertas rebeliones en Cataluña y Portugal. También esto generó, junto con presiones fiscales y ciertas guerras de la época, una sublevación que terminó proclamando al nuevo rey, Juan IV. En cuanto a los monarcas de ese período del siglo XVII, encontramos a Felipe III, Felipe IV (Juan IV en Portugal) y el matrimonio de los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, quienes unieron las coronas de Castilla y Aragón pero en un tiempo pasado; el tránsito del siglo XV al XVI. Como dato podríamos decir que Portugal estuvo unida a España —y quizás algunos no conocen esto (yo lo desconocía)—, lo que sucedió entre los años 1580 y 1640. Por otra parte, la unificación definitiva de los distintos territorios españoles se da producto de leyes de igualdad que llegaron, posteriormente, con los reyes borbones en el siglo XVIII. No olvidemos que siempre en estas cosas están las guerras.
En términos religiosos, en el siglo XVII predominaron por esa época en la Iglesia católica los siguientes papas: Clemente VIII, que tiene un pontificado que va de 1592 a 1605; también encontramos a Paulo V, Gregorio XV, Urbano VIII, Inocencio X, Alejandro VII y Clemente IX. El caso de Urbano VIII es famoso por el juicio a Galileo. También es importante mencionar que la Iglesia católica en España, en ese siglo, ostentó un inmenso poder que se reflejaba en términos materiales y espirituales. Por otro lado, la Inquisición era un tribunal religioso, pero con un poder político bien claro: vigilaba la ortodoxia y censuraba las ideas. También encontramos órdenes religiosas con mucho poder e influencia en la sociedad y en la educación en esa época.
Bueno, la imagen que ustedes ven a continuación es la del libro de la Editorial Sopena, que tiene que ver con las colecciones clásicas, que son las colecciones más queridas por los bibliófilos de habla hispana. En este sentido, esta Editorial Sopena no deja de publicar grandes clásicos. Dentro de esta cumbre de obras de tipo novela picaresca, destacan también el Lazarillo de Tormes, donde también su protagonista es de origen humilde, es decir, un pícaro. El uso del ingenio, la astucia y, a veces, la falta de moral para sobrevivir y ascender en una sociedad corrupta es uno de los sellos también que se puede observar en Gil Blas de Santillana. En resumidas cuentas, esta novela refleja la vida de un joven, Gil Blas, que sale de Santillana para estudiar en la Universidad de Salamanca como ya hemos dicho. En el camino es secuestrado por bandidos, lo que da inicio a una serie de aventuras donde se encuentra siendo un estudiante en un inicio, para pretender inicialmente ser preceptor y luego ser lacayo, médico falso y secretario de aristócratas; incluso confidente de ministros, como lo veremos al final de la novela.
Esta obra logra cierta fama debido a varios aspectos interesantes. Lesage establece una crítica social usando el escenario español para burlarse de las debilidades humanas y la hipocresía de las clases altas de esa época. Esta obra no deja de estar exenta de ciertas polémicas en relación a la autoría de la misma. Durante años existió una teoría que fue impulsada por el padre Isla, quien tradujo la obra al español, y de que el autor le había robado el manuscrito a un autor español anónimo. Esos argumentos apuntan a la idea de que un francés no puede conocer tan bien las costumbres de España y transmitirlas de manera magistral. Algunos dicen que Lesage fue un gran admirador de la cultura española y de ahí que su obra haya tenido tanta profundidad. La edición que yo tengo, de Editorial Sopena, número 46, fue fundamental en algún momento para la difusión de la literatura universal en el siglo XX, especialmente en Argentina y España. Estos libros son económicos pero con traducciones muy cuidadas. De alguna manera, esta obra influyó en grandes de la literatura como Charles Dickens y Mark Twain por su estructura de viaje de aprendizaje. No tengo pruebas fehacientes de que en mi edición de Editorial Sopena la traducción sea, digamos, realmente del padre Isla, pero estoy casi seguro de ello. Esta es la versión más célebre en español y es posible que el traductor se haya tomado algunas licencias estilísticas para españolizar más el lenguaje.
Algo más que una novela de aventuras
Esta obra podríamos decir que no es solamente una novela de aventuras, sino que es algo mucho más importante: es una especie de manual de supervivencia social envuelto, obviamente, en un humor bastante especial. En este sentido, daremos a continuación una serie de características de la obra. Por ejemplo: el protagonista camaleón. Si comparamos a otros pícaros como el famoso Lazarillo, que siempre es visto por el lector como una víctima, Gil Blas evoluciona. Empieza siendo un joven ingenuo al que le roban en la primera posada, aprende las mañas del mundo y se vuelve, en algún momento de la obra, cínico. Al final de la historia, el protagonista se vuelve un hombre rico y respetado, pero con ciertas cicatrices morales a su haber. Para mí fue importante porque, de alguna manera, el personaje principal evoluciona moralmente y en términos psicológicos, y esto es de gran importancia, creo yo. Para mí, una gran enseñanza que me dejó esta lectura tiene que ver con los valores de la lealtad y el agradecimiento; un ejemplo de ello es don Alfonso de Leyva, que fue un gran amo para Gil Blas y que luego se transforma en un íntimo y entrañable amigo.
Por otra parte, podemos hablar de la técnica literaria utilizada por el autor francés, la que podríamos llamar relatos enmarcados. Por ejemplo, mientras Gil Blas viaja, conoce a otros personajes —capitanes de bandidos, actrices, nobles, etcétera— que detienen la acción principal para contar e introducirnos en las propias biografías de estos otros personajes. Y esto es fascinante porque, de alguna manera, es como encontrarse novelas dentro de una novela. Este libro, en este sentido, se convierte en una suerte de mosaico de historias dentro de la historia; lo que permite al autor explorar diferentes clases sociales y vicios de los personajes sin perder el hilo conductor de la historia central. También la obra de Alain-René Lesage es una profunda sátira y crítica mordaz a las diferentes profesiones u oficios, especialmente la medicina. El autor francés es implacable con los profesionales de su época. Uno de los pasajes más famosos es cuando Gil Blas trabaja para el doctor Sangredo. Es famoso el pasaje en que este doctor cree curar todas las enfermedades con dos cosas: con sangría y agua caliente o tibia. Esto nos demuestra que de alguna forma hay un humor negro; Lesage denuncia la ignorancia y la arrogancia de quienes tienen el poder sobre la vida y la muerte en esa época.
Es meritorio también mencionar una suerte de realismo social o una forma de costumbrismo, si se quiere decir. Aunque el autor era francés, el libro nos da una fotografía detallada de la España del siglo XVII, incluso podríamos decir del XVIII, si es que nos queremos poner osados. Describe las posadas, los caminos peligrosos, la vida de la corte en Madrid y las tertulias literarias donde las peleas no faltaban respecto de las obras que eran alabadas o pifiadas. En este sentido, el autor nos muestra cómo funcionaba la lógica del tráfico de influencias en esa época para conseguir un puesto; para hacer cualquier cosa de importancia no necesitabas talento, sino más bien un buen “padrino”. No deja de ser muy diferente a lo que hoy podemos encontrar en nuestras democracias modernas. Para mí, el estilo irónico y la cierta distancia es la diferencia de la picaresca española original, que de alguna forma suele ser amarga y oscura en cuanto al contenido de sus historias; en cambio, Gil Blas tiene un tono más ligero y elegante, si se quiere decir.
Lo que, en otras palabras, nos está tratando de comunicar el autor francés es que el mundo es un teatro en el cual todos fingen lo que no son; por eso escribe con una cierta sonrisa irónica y se ríe de las desgracias de su héroe, de alguna manera. Si queremos hacer un contraste con la picaresca española, podríamos mencionar ciertas características importantes: por ejemplo, el tono. En la española es pesimista y cruel, y en Gil Blas es irónico y optimista. El final: en la española suele ser que el pícaro fracasa, en cambio en el autor francés su pícaro logra éxito social. Y en cuanto al uso del lenguaje, en la española podemos apreciar que es muy complejo y barroco, en cambio en Gil Blas es fluido y claro, una suerte de estilo neoclásico, si se quiere.
Es curioso que el nombre Santillana suene distinguido en la persona del protagonista de esta historia; sin embargo, ese nombre no era casualidad, funcionaba como una suerte de carta de presentación. Si nos remontamos al origen geográfico, la localidad de Santillana del Mar, en Cantabria, queda al norte de España; esto nos transmite la idea de un linaje humilde en el protagonista. En la tradición de la novela picaresca, como Lázaro de Tormes o Guzmán de Alfarache, el apellido suele indicar el lugar de nacimiento, y nuestro protagonista nace en Santillana del Mar. Al llamarse así, el autor nos plantea que es un “don nadie". Gil Blas no viene de una familia poderosa ni tiene un apellido noble en este sentido, sino que se define por el pueblo de donde salió. Y la obra nos habla del contraste de clases, sin duda. A medida que el protagonista asciende en la escala social y llega a la corte de Madrid para codearse con duques y condes, el nombre Santillana sirve para recordarnos a nosotros, los lectores, y también al propio protagonista, esas raíces humildes que posee. Como había dicho, el nombre Santillana suena muy bien al oído, hay una especie de estética del caballero; irónicamente suena bien. En la España del siglo XVII, Santillana del Mar era una villa asociada a la hidalguía y a ciertas casonas de piedra con escudos. Lesage eligió este nombre porque suena noble, pero no lo es en el fondo; esto es lo más seguro que hizo el autor. Esto nos hace pensar en un juego de apariencias: Gil Blas de Santillana suena como el nombre de un magnífico señor, lo que ayuda al protagonista a, comillas, "colarse" en círculos sociales elevadísimos donde un nombre incluso más vulgar le hubiese cerrado muchas puertas.
En cuanto al marco histórico de la novela, en términos de tiempo, la acción que nos transmite la obra no tiene una fecha exacta de inicio grabada así en piedra; sin embargo, está ambientada principalmente durante los reinados de Felipe III y Felipe IV, lo que nos hace pensar en una cronología entre el año 1600 y 1645. Es curioso que, a medida que la vida de Gil Blas se va desarrollando, deja de ser un pícaro de caminos, una suerte de bandido, y pasa a convertirse en una figura política. Ejemplo de esto es la relación histórica que sostuvo con el duque de Lerma y el Conde-Duque de Olivares. El primero mencionado es un valido de gran importancia, es el hombre más poderoso del trono de Felipe III, quien reinó entre 1598 a 1621. Según la historiografía literaria que practicamos acá, Gil Blas se desempeñaba como su secretario. Por otra parte, tras la caída de Lerma, Gil Blas logra ganarse el favor de este valido, Olivares, bajo el reinado de Felipe IV, quien subió al trono en 1621. Dicho esto, podemos hablar también del tiempo interno de la novela, de las cosas que son la vida del personaje. Por ejemplo: en un inicio, salió de Santillana aproximadamente con una edad de 17 años a principios del siglo XVII, estamos hablando de 1600 a 1605. En cuanto al desarrollo: sus peripecias por España, por ejemplo, en Valladolid, en Madrid y en Valencia durante varias décadas. Y el final: la historia concluye con nuestro protagonista ya maduro, con ciertas cicatrices y retirado en su castillo de Lirias, viendo pasar los años de la década de 1640.
Estoy seguro de que el autor francés desarrolló su obra bajo la lógica de un anacronismo. En este sentido, es importante percatarse que, aunque la acción ocurre en el siglo XVII, escribió el libro en el siglo XVIII. Esto crea un efecto un tanto especial o curioso: los personajes visten y viven en la España de los Austrias del siglo XVII, pero a veces hablan o tienen ideas que parecen más propias de la Francia de la Ilustración del siglo XVIII. O sea, si pensamos en un dato curioso, podríamos decir que la novela cubre unos 40 a 50 años de la vida del protagonista, lo que de alguna manera funciona o convierte a esta historia en una crónica ficticia, pero muy detallada, de la decadencia del Imperio español durante la primera mitad de los años 1600.
Otro de los aspectos técnicos de los cuales hace mano René Lesage fue la idea de utilizar los arquetipos para construir una comedia humana, donde los personajes, cada uno de ellos, representa un vicio, una virtud o una función social muy puntual de la época. Ejemplo de esto tenemos el arquetipo del pícaro encarnado en el protagonista. A diferencia del héroe pícaro clásico, este pícaro que es Gil Blas, no nace con honor ni grandes metas; su fin es evitar el hambre y ascender socialmente dentro de las circunstancias que se le presenten. Gil Blas es adaptable como un camaleón, observa el mundo con cinismo y aprende que la honestidad rara vez paga las cuentas. Se podría decir que Gil Blas es un pícaro de clase media, un poquito más refinado que otros pícaros de la literatura española. También tenemos el arquetipo del matasanos encarnado en el médico charlatán, representado magistralmente por el doctor Sangredo. Es el arquetipo de aquel profesional que oculta su ignorancia tras un lenguaje sofisticado, técnico, complejo y ciertos métodos absurdos que los hace pasar por lógicos. Este arquetipo puede simbolizar la soberbia intelectual en la obra. La medicina acá no es una ciencia exacta que sirva exclusivamente para curar, sino una suerte de negociado basado en fórmulas bastante rígidas como, por ejemplo, el agua caliente y las sangrías, que suelen matar más a los pacientes que curarlos.
Asimismo, encontramos el arquetipo del valido, que se puede entender como el poder detrás del trono. De aquí figuras como el duque de Lerma y el Conde-Duque de Olivares destacan. Este es el arquetipo político de tipo ambicioso que controla al rey. Están acostumbrados a moverse en la exuberancia, el lujo, la intriga y la corrupción. De alguna forma nos hacen ver a nosotros, los lectores, cómo el poder absoluto muta a las personas volviéndose desconfiadas y aisladas de la realidad del pueblo, cosa que no está muy lejana de nuestros tiempos. A su vez, también encontramos el arquetipo del gracioso o el fiel escudero, y este rol lo cumple el noble Escipión. Y este personaje nos hace recordar mucho al Sancho Panza cervantino, pero con la malicia de la picaresca. Termina esta lista la femme d'esprit o la mujer ingeniosa, representada por doña Aurora de Guzmán. No como las damas pasivas de la época, este personaje muestra el arquetipo de una mujer que toma las riendas de su destino, utiliza disfraces —una suerte de travestismo literario— y plantea estrategias complejas para lograr sus objetivos amorosos. Nos hace pensar que, de alguna forma, representa esa astucia femenina frente a una rigidez social muy estricta. Ahora bien, también podemos hablar de varios otros personajes que representan ciertos arquetipos: por ejemplo, el personaje de Fabricio Núñez, el gran poeta que después se mostrará satisfecho con su suerte, es de alguna forma el arquetipo del parásito; su vicio puede ser la pretensión y la envidia de alguna manera. El capitán Rolando puede ser entendido como el bandido noble y su virtud quizás puede ser la libertad fuera de la ley. A su vez encontramos el arquetipo del clérigo glotón en la figura del canónigo Sedillo y representaría un vicio de hipocresía religiosa y de una suerte de sensualidad. Y cómo olvidar al noble honrado en la figura de don Alfonso de Leyva; su virtud está relacionada a la integridad y la gratitud.
Las frases célebres
Hay ciertas citas memorables en esta obra que son dignas de destacar sobre la educación y la pérdida de la inocencia. Por ejemplo, en el libro primero de esta edición Sopena, traducida por el padre Isla, vemos cuando Gil Blas sale de Santillana y recibe el consejo de su tío el canónigo: "Mira, Gil Blas, ya no eres niño; vas a entrar en el mundo; tus bienes son tu ingenio y tu persona: aprovéchalos bien". Esto alude a su condición socioeconómica y a sus propios talentos. Otra cita importante acerca de la medicina, y que habla un poco de la sátira del doctor Sangredo, la encontramos en el segundo libro, y aquí podemos ver la lógica letal de este arquetipo. Es una de las críticas sociales más famosas de la literatura universal, si queremos decirlo de alguna forma: "El error de la mayor parte de los hombres no es el hacer, sino el no saber cuándo deben dejar de hacer". Y esto tiene una clara alusión cuando se lee que los pacientes no sanaban con agua y sangrías: era porque obviamente algo había salido mal, el método equivocado, y había que tomar cartas en el asunto, pero... Otra memorable cita la podemos también encontrar en el libro séptimo cuando Gil Blas comienza a ascender en la corte y olvida sus orígenes. Aquí el autor reflexiona acerca de cómo el poder cambia la percepción de uno mismo y te hace olvidar lo importante: "La prosperidad tiene una propiedad muy particular: nos hace creer que somos lo que nos dicen los que nos necesitan".
Por cierto, también es importante hablar de política y de los ministros de Estado. En el octavo libro, mientras el protagonista sirve al duque de Lerma, el oriundo de Santillana descubre la cruda realidad del tráfico de influencias: "En la corte, la verdad es una moneda que no corre; el que la emplea en sus negocios se arruina". Qué terrible que en la política y en los asuntos de Estado la verdad no sea esa moneda que realmente debería correr. Pero también tenemos el lado opuesto: aquellas citas memorables que nos hablan acerca de la felicidad y el retiro en tierras lejanas para pasar días apacibles y reflexionar en torno a nuestras vidas. Esto lo podemos encontrar en el libro vigésimo segundo. Aquí hallamos a un Gil Blas ya maduro y desengañado de la ambición, que logra llegar a la conclusión filosófica de su vida: "He pasado por todos los estados, y he visto que la verdadera felicidad no consiste en el brillo de las grandezas, sino en la paz de la conciencia". ¡Qué tremenda reflexión nos regala acá el autor!. Pero el asunto no queda allí, porque en esta edición de Sopena hay un epitafio, que se encuentra en el inicio del libro; que Gil Blas, como narrador, escribe al encontrar una lápida que sirve como advertencia para el lector y dice así: "Aquí está encerrada el alma del licenciado Pedro Garcias". Esta cita da inicio a una pequeña historia sobre dos caminantes que iban juntos y, al parecer, eran dos estudiantes que se dirigían desde Peñafiel a Salamanca; uno que se ríe de la frase y otro que cava hasta encontrar un tesoro, enseñándonos que en este libro hay que saber mirar debajo de la superficie para entender realmente el simbolismo y el mensaje que nos quiere plantear Alain-René Lesage.
Por último, quisiera plantearme una pregunta que me surge después de haber pensado mucho esta lectura, y tiene que ver con la relación que existe entre el capitalismo y la obra que acá comentamos. Aunque Gil Blas de Santillana fue escrita en el siglo XVIII, pero está ambientada en el siglo XVII, podríamos decir que contiene la semilla o cierto código genético de lo que hoy llamamos capitalismo. Podríamos decir, se manifiesta acá una incipiente economía de mercado. ¿En qué sentido propongo esto? Aunque en la época en que está ambientada esta obra no existía el capitalismo industrial que hoy podemos percibir en este siglo XXI; la obra refleja de manera muy nítida la transición de ese mundo feudal que iba dando paso a otra cosa. Aquello que estaba basado en títulos y en relaciones de sangre y de amistad, a un mundo donde el dinero y la astucia son los nuevos motores sociales. Lo que me llama la atención es que existe una suerte de mercantilización de la persona, del individuo. En esta obra el protagonista se ve a sí mismo casi todo el tiempo como una forma de mercancía, si uno lo piensa con cuidado. De alguna forma, él se vende al mejor postor. Es cosa de pensar la relación con el Arzobispo de Granada, con el médico y con los ministros. O sea, si pensamos en esa lógica capitalista, el individuo como persona ya no tiene un lugar fijo en el mundo por su nacimiento, como era la característica por excelencia de la Edad Media, sino que tiene una suerte de valor de mercado que está basado en sus capacidades de servicio o en ciertas habilidades o conocimientos.
Y fíjense cómo Gil Blas, de alguna manera, es una suerte de emprendedor de su propia persona, de su propia vida. Por ejemplo, si no tiene dinero se transforma, se redirecciona, se rediseña a sí mismo; ejemplo de esto que digo tiene que ver con los cambios de vestuario, el tipo de oficio e incluso el cambio de nombre o su título de nobleza. También es interesante ver cómo esa acumulación de capital permite ascender socialmente a los personajes. Si nos fijamos bien en esta obra, la vida de Gil Blas —es decir, su viaje— en esencia es la historia de un ascenso de clase a través de la acumulación de influencia o de bienes materiales. Por ejemplo, empieza con nada, despojado por bandidos, robado; luego aprende que el capital no es sólo dinero, sino también capital social: contactos, influencia, el networking en la Corte, por decirlo con un lenguaje actual. Y fíjense ustedes cómo termina siendo propietario de tierras: el castillo de Lirias, por ejemplo, la "quinta" que le llamaban también. Este es el dueño capitalista por excelencia: pasar de ser un trabajador sin voz a ser un dueño de capital que garantiza su seguridad futura.
Y como el dinero trae siempre cosas desagradables, también existe en este sentido la corrupción como la forma de "costo de transacción", por decirlo así. El libro muestra que en la corte de Madrid nada es gratis, todo tiene un precio: los puestos públicos, los favores reales y las sentencias judiciales se compran y se venden como mercancía. Entonces, hablamos de relación capitalista aquí lisa y llanamente. Lesage va a mostrar el lado más oscuro del libre mercado donde no hay leyes claras en un sistema despiadado. De alguna manera, si uno lo piensa bien, la corte de Madrid funciona como una suerte de mercado negro donde el más eficaz puede lograr el favor del rey y, en ese sentido, puede utilizar cualquier medio para llegar a su fin. Y de alguna forma —no quisiera utilizar esta expresión pero es así— esto es la fotografía de un capitalismo salvaje donde la información privilegiada es un activo muy valioso.
Interesante es poder notar que también existe la idea de la especialización del trabajo. Es así como el protagonista desarrolla diversos empleos: lacayo, secretario, consejero, médico... O sea, él experimenta una forma bien arcaica de división del trabajo, si uno lo quiere ver así. Y cada personaje que él va conociendo cumple una función específica dentro de la, comillas, "empresa" que es el Estado español. Y la novela también es muy satírica y analiza cómo esa especialización que a veces es muy absurda —ejemplo en el caso de los médicos— es necesaria para el funcionamiento de una sociedad más compleja, aunque a veces esa especialización se transforme en una forma de parodia de sí mismo.
Por lo tanto, ante todo lo que he planteado en estas últimas líneas de escritura, lo podemos sintetizar a través de una analogía: la de un consultor o un empleado corporativo moderno o un lobista. Al igual que un profesional de hoy en día, Gil Blas, entiende que ninguna empresa o señor, en este caso en la novela, es para siempre, por lo tanto, debe saber cómo responder al cambio de suerte. También el oriundo de Cantabria sabe cuándo cambiar de rumbo, cuándo las cosas no están bien; es decir, cuando el mercado (o sea la Corte) cambia de líderes; hay que saber adaptarse. Y por último, nuestro protagonista va a entender que la lealtad es relativa y que su mayor deber es con su propia subsistencia y crecimiento profesional. Esto se me hace muy conocido y lo veo a diario en el mundo de hoy. En consecuencia, y en conclusión, podríamos decir que esta obra es una gran crítica temprana al individualismo que de alguna manera engendra el capitalismo; ese capitalismo que hoy en día está instaurado en el ADN de la sociedad.
